Puntos cruciales de la Pneumatología Bíblica

   
 


 

 

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PUNTOS CRUCIALES DE LA
 
PNEUMATOLOGÍA BÍBLICA[1]
 
 
Definición
La palabra Pneumatología se deriva de dos palabras griegas que son pneuma y logosPneuma significa aliento, viento, aire, o sea que la palabra con que en español designamos de varias maneras, en griego se dice de una sola manera, pneuma, ya sea para el espíritu, o ya sea para mencionar un viento físico, se dice igualmente pneuma. En el idioma hebreo se dice rujá, pero significan exactamente lo mismo. Eso se puede comprobar directamente en la Biblia, en el capítulo 3 del evangelio según San Juan, en aquel pasaje cuando el Señor está hablando con Nicodemo, y en el curso de esa conversación, el Señor le dice a Nicodemo:
7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquél que es nacido del Espíritu” (Juan 3:7-8).
El viento sopla de donde quiere; ahí está la clave. Allí en nuestra Biblia vemos un numerito que nos manda a la nota que aparece al pie de página que dice que tanto el viento como el espíritu en griego significa la misma palabra, y esa palabra es pneuma; de manera que Pneumatología es la materia que trata acerca del Espíritu; pero en este caso no se trata del espíritu humano, sino del Espíritu de Dios, relacio­nado también con el espíritu humano. Entonces la Pneumatología es , pues, la materia que trata lo relativo al Espíritu de Dios, fundamental­mente. Se ocupa en especial de la tercera Persona de la Trinidad, de Su divinidad, de Su personalidad, de Sus funciones particulares, de Sus frutos, de Sus dones y manifestaciones, de Sus nombres, etcétera; es decir, todo lo relativo al Espíritu Santo cabe dentro de esta materia que estamos tratando, la Pneumatología. En esta forma vemos esta primera parte en la manera más global posible, mencionando cada parte, para luego volver sobre esos puntos y desglosarlos.


La Divinidad del Espíritu Santo

En la Biblia encontramos algunos versos que hablan de la divinidad del Espíritu Santo. Por ejemplo el verso en Juan 4:24 dice:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”.
Es de notar que la Palabra misma dice que Dios es Espíritu, es decir que la naturaleza divina es espiritual, y por lo tanto, el Espíritu de Dios es divino, porque Dios mismo es Espíritu. Otro pasaje interesante lo encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles 5:1-4:
1Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 2y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.
Noten que el verso 3 dice que la mentira de Ananías fue al Espíritu Santo y que la mentira al Espíritu Santo no es una mentira a los hombres, sino que es una mentira a Dios; por lo tanto, está identifican­do al Espíritu Santo con Dios, porque al mentirle al Espíritu Santo es mentirle a Dios. Entonces vemos claramente en el contexto del Libro de los Hechos relacionado con el apóstol Pedro, que el Espíritu Santo era Dios mismo. En el famoso contexto bíblico del pasaje de Mateo 28:19, el Señor Jesucristo mismo equipara en un mismo nivel, en una misma jerarquía al Espíritu Santo junto con el Padre y con el Hijo.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
Allí el Señor pone al Espíritu Santo en un mismo plano cuando dice, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en un mismo nivel, porque sería un absurdo que nosotros dijéramos: en el nombre de la piedra, en el nombre del ladrillo, en el nombre del cemento y en el nombre del árbol, pues el árbol pertenece a otra categoría. No se pueden tener en un mismo nivel, siendo que el árbol es un elemento de un conjunto distinto; pero en cambio el Señor Jesús se está poniendo en un mismo conjunto (usando ese ejemplo matemático), donde se incluye al Padre y al Espíritu Santo.


Personalidad del Espíritu Santo

Toda persona se caracteriza por tener conciencia de sí mismo, por tener razón y por tener voluntad. Esto es lo que significa un ser; no un ser cualquiera, sino un ser personal, un ser que es persona. El Espíritu Santo aparece en la Biblia con características personales, porque una persona tiene conciencia de sí mismo, habla de sí mismo, utiliza el pronombre en primera persona. De acuerdo a las características encontradas en la Biblia vemos que el Espíritu Santo sí es una persona, sí tiene personalidad; esto lo decimos a propósito de los llamados a sí mismos “Testigos de Jehová”, pues ellos niegan que el Espíritu Santo es una persona divina, y en sus escritos y algunos de sus libros escriben Espíritu Santo con minúscula. Personalmente he encontrado que la palabra diablo aparece con mayúscula, y el Espíritu Santo con minús­cula, como si respetaran más el nombre del diablo que el del Espíritu Santo, pero eso se debe a que ellos tienen la noción de que es una fuerza, que no es Dios, pero Dios es Espíritu y el Espíritu de Dios tiene que ser divino. En muchos versos bíblicos se registra que el Espíritu Santo es personal.
“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2).
Aquellos apóstoles, porque en los primeros tiempos aún no eran apóstoles, eran profetas y maestros y estaban Bernabé, Simón, Niger, Lucio, Manaén y Saulo, estaban ministrando al Señor y reciben un llamado directo del Espíritu Santo, donde el Espíritu Santo está usando el pronombre en primera persona; Él está hablando como una persona, pues una fuerza no hablaría diciendo apartadme, yo los he llamado, y eso significa que el Espíritu Santo es personal, y por lo tanto, no podemos negar la calidad de personalidad que tiene el Espíritu Santo.
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30).
Si en la Palabra de Dios dice que no se contriste al Espíritu Santo, quiere decir que El se puede contristar, y si El se contrista, eso significa que tiene emociones personales, que es una persona porque solamente una persona se puede contristar. Si la Palabra de Dios dice: No contristéis al Espíritu Santo, quiere decir que El se puede contristar; la Palabra no iba a decir que no lo contristemos, si El no se contristara, y si El se contrista es porque El tiene emociones personales y solamente una persona se puede contristar.


Cuando estudiamos la Teología Propia, allí se trató de la unidad y la Trinidad de Dios. Se debe tener en cuenta que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno en Su esencia, en Su naturaleza. La naturaleza, la esencia divina es una sola; es la misma esencia la del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; por eso Dios es Espíritu por esencia, pero en persona Dios es Trino, y hay una diferencia entre esencia y persona. La esencia divina es amor, pero en el amor de Cristo Dios se ama, es amado; la esencia es el amor mismo, pero Dios el Padre es el que ama al Hijo; el Hijo es el amado por el Padre, y quién le corresponde el amor del Padre; y el Espíritu Santo es el amor del Padre con el Hijo, pero es Dios mismo; es un solo Dios y tres personas.

En esencia Dios es uno, pero en la esencia divina existen tres personas que participan de la misma esencia: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero cada uno usa el pronombre en la primera persona. El Padre usa la primera persona respecto al Hijo, cuando dice: “Yo te engendré hoy”; y cuando el Padre dice Yo, quiere decir que es una persona, porque sólo una persona puede decir yo, pero esa persona que dice yo es el Padre; pero cuando dice: Yo te engendré hoy, ese te es al Hijo, la segunda persona. Dice también: “Tú , oh Padre, en mí”, ese es la persona del Hijo, y ese es la persona del Padre. También dice que “os enviaré otro Consolador”, y ahora viene el Espíritu Santo, y El también habla en primera persona. No solamente habla como Padre, porque es que el Padre es una persona y el Espíritu Santo es otra persona y se distingue el Padre del Espíritu Santo, en que el Padre no procede de nadie, en cambio, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La Biblia dice: “El Espíritu Santo, el cual procede del Padre”; es decir, que hay una característica de la personalidad del Espíritu Santo y es que El subsiste a manera de proceder. Se puede decir con propiedad que el Espíritu Santo procede del Padre; es decir, la procedencia es una característica distintiva de la tercera persona de la Trinidad, pero eso no se puede decir del Padre.


Del Padre no se puede decir que El procede. ¿De quién procede el Padre? No; de El procede el Espíritu Santo y el Hijo. El Padre es ingénito, El no es engendrado, pero el Verbo es unigénito, es engendra­do del Padre; así que aunque Dios es uno solo en esencia, en esa esencia hay tres personas: Una que es el Padre, que es ingénito, que engendra al Hijo, que exhala al Espíritu; otra que es el Hijo, que es el unigénito del Padre, y otra que es el Espíritu Santo, que procede del padre y del Hijo. Cada uno subsiste de una manera distinta en la misma esencia; así que la esencia del Ser divino es una sola, pero en esa esencia subsisten tres personas, y cada una tiene su particularidad física que no la puede cambiar con el otro.

El Padre siempre será ingénito, nunca engendrado, siempre es el que engendra, siempre es el que exhala; en cambio la característica propia del Espíritu Santo, es que es procedente del Padre y del Hijo, y el Verbo es unigénito. No se puede decir que el Padre procede; por lo tanto la divinidad existe en el Padre de una manera distinta que lo distingue del Hijo, que sí es engendrado, y del Espíritu Santo que sí procede del uno y del otro. Las tres personas se distinguen, no en esencia, sino en persona. Que el Espíritu Santo es una persona, se comprueba porque El mismo utiliza el primer pronombre personal; el dice: Yo. Cuando dice: “los he llamado”, aquí no aparece yo porque en español en ese caso no usamos los pronombres, porque están tácitos; pero si fuera en inglés habría que ponerlo: I am. No se puede decir am solamente, hay que poner el I; en español sí podemos decir soy. ¿Por qué? Porque la manera como está conjugado el verbo ya tácitamente implica el pronombre, pero ese pronombre tiene que estar ahí.
En el griego el pronombre yo es ego, de ahí la palabra egoísta, porque ego es el pronombre yo, y cuando aquí dice la Biblia apartad­me, esa terminación me es una terminación relativa al primer pronom­bre personal; o sea que el Espíritu Santo tiene conciencia de ser una persona, porque dice, apartadme. Allí el Espíritu Santo habla y dice, a la obra a que los he llamado, es decir, el Espíritu Santo dijo, yo los he llamado; en español no es necesario decir Yo, pero el pronombre allí está tácito y es el pronombre de una persona, de donde los he llamado significa Yo los he llamado; eso significa que el Espíritu Santo está usando un lenguaje que dice: Soy, soy una persona. A veces la Trini­dad usa un lenguaje plural, y dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; descendamos y confundamos ahora sus lenguas físicamente ante la torre de Babel; quién va por nosotros, pregunta Dios cuando Isaías está orando en el capítulo 6; entonces aparece el plural en el lenguaje de Dios. Dios a veces habla en plural y a veces habla en singular. ¿Por qué? Porque en un sentido, en el sentido de esencia y naturaleza divina es singular, porque la esencia divina es una sola, pero en el sentido de personalidad El es Trino, y por eso es que habla de nosotros, quién irá por nosotros; el Padre y Yo vendremos, dice en plural, vendremos y haremos morada con El, dice el Señor Jesús. No dice vendré, o sea que hay pluralidad de personas en la divinidad.


La pluralidad no es esencia, la esencia es una sola, pero las perso­nas son tres: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir que tanto el Padre, como el Hijo y el Espíritu Santo tienen distinta personalidad, pero la misma esencia; entonces este versículo que hemos visto aquí donde el Espíritu Santo habla diciendo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”, muestra que El está absorto en una persona, El es persona, y por eso estamos hablando de la personalidad del Espíritu Santo.

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30).
Ese versículo nos enseña que el Espíritu Santo se contrista. Hay otro tercer pasaje que aparece en los evangelios, no sólo en uno, que habla de no blasfemar contra el Espíritu Santo.
“A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado” (Lucas 12:10).
Incluso hay versículos que hablan de si alguno blasfema al Padre, le será perdonado y que si blasfema al Hijo, le será perdonado, pero si blasfema al Espíritu Santo no le será perdonado; entonces, ¿eso qué quiere decir? Que ofender al Espíritu Santo es gravísimo, porque el que trata con nosotros directamente no es el Padre, es el Espíritu Santo, porque el Padre se revela a través del Hijo, pero el Padre y el Hijo tratan con el hombre a través del Espíritu Santo, de manera que si una persona ofende al Padre, pero no ha ofendido al Espíritu Santo, el Espíritu Santo puede redargüirlo, darle la gracia, convencerlo de pecado y de juicio, guiarle al arrepentimiento y esa persona se convier­te; pero si el Espíritu Santo mismo es ofendido, entonces, ¿ahora quién le va a convencer de pecado? Esto muestra también la personalidad del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo no puede ser blasfemado; si es blasfemado, no hay perdón.
 
Atributos divinos que se le reconocen a la persona del Espíritu Santo
Este punto crucial se relaciona con el primero, solamente que no dice de una manera directa que el Espíritu Santo es Dios, pero los atributos que se le reconocen al Espíritu Santo son propios de la divinidad. Al Espíritu Santo se le reconoce que es omnipresente, omnisciente, omnipotente. Estos atributos se le reconocen porque son propios, únicos, de la divinidad.


Omnipotencia. La esencia de la divinidad se caracteriza porque es omnipotente, porque es omnisciente, que todo lo sabe, y porque es omnipresente, que está en todas partes, y el Espíritu Santo tiene estos atributos. La Biblia se los reconoce. Por ejemplo, dice: “Y si el Espíritu de aquel que levantó a los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). ¿Qué está diciendo ahí? Que el Espíritu Santo resucitó a Jesucristo; o sea que eso no lo puede hacer nadie, sino Dios; eso es un atributo de omnipotencia, resucitar a un muerto; por eso se dice que es omnipotente. Resucitó al Señor.

Omnisciencia. Otro atributo es el de omnisciencia, que todo lo sabe. 10Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:10-11). Aquí se habla de que el Espíritu Santo todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios, es decir, que si lo profundo de Dios lo escudriña el Espíritu Santo, cuánto más lo profundo de nuestro espíritu, pues nosotros somos cartas abiertas para el Espíritu Santo, en donde vemos que este versículo nos habla de la omnisciencia del Espíritu Santo.
OmnipresenciaEs otro atributo divino del Espíritu Santo.7¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? 8Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. 9Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, 10aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra“ (Salmo 139:7-10). Este Salmo nos habla de la omnipresencia del Espíritu Santo, como otra característica propia de la divinidad en el Espíritu Santo.
Eternidad.  El Espíritu Santo participa también de esta otra característica. La Biblia dice que Cristo se expresó al Padre por medio del Espíritu eterno. “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14). Aquí se reconoce la eternidad del Espíritu Santo, la cual es otro atributo propio de la divinidad, como son también la omnipotencia, la omnisciencia, la omnipresencia.


La Biblia llama al Espíritu Santo eterno, es decir, que no tuvo principio, ni tendrá fin, sino que siempre ha sido. Dios nunca ha estado sin su Espíritu, al contrario, Dios mismo es Espíritu. Es importantísimo que sepamos que el Espíritu Santo tiene características de la divinidad, y Su personalidad se distingue de la del Padre y del Hijo, pues la persona del Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, a diferencia del Padre, que no es procedente, y del Hijo, que es engen­drado pero no procedente; entonces quiere decir que la esencia es la misma, pero la persona es distinta. Debido a eso es que se habla de la tercera persona de la Santísima Trinidad.

 
Los nombres del Espíritu Santo
Los nombres del Espíritu Santo están muy relacionados con Sus funciones; es decir, que las funciones que Él tiene, le hacen acreedor a un nombre. Por ejemplo, si el Espíritu Santo consuela, entonces se le llama Consolador; si Él transforma, es el Espíritu transformador, porque dice que somos transformados a la imagen del Hijo por medio del Espíritu Santo; si el Espíritu inspira, entonces Él es Inspirador, y esas son las funciones del Espíritu Santo. Pero en la Biblia hay nombres que se le dan al Espíritu Santo. Por una parte vamos a hablar de los nombres que podríamos llamar comunes, y luego los nombres que podríamos llamar propios.


Nombres comunes. No se les dice comunes porque sean comunes en ningún sentido, sino porque no se refieren como a una personalidad, sino a un aspecto. En la Biblia se habla del Espíritu de verdad, del Espíritu de santidad, del Espíritu de poder, de amor y de dominio propio, del Espíritu de sabiduría y de revelación, del Espíritu de gloria, del Espíritu de gracia; todo esto es propio del Espíritu Santo. Quiere decir que Él tiene gracia, comunica la gracia; Él es verdadero, guía a toda verdad; Él comunica el poder de Dios y el amor de Dios lo derrama El; Él trae revelación, o sea que esto está relacionado. Las funciones de Él se relacionan con Sus nombres. Él es el Espíritu que convence a la gente. La Palabra dice que el Espíritu “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”[2], y también es el Espíritu que contiende con el hombre hasta cierto punto; por eso dice en Génesis: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre”[3]; es decir, que el Espíritu Santo a veces contiende con nosotros, pero hasta cierto punto; Él no va a contender para siempre, y por eso Esteban allá en el capítulo 7 de Hechos, donde aparece haciendo la apología, dice: “Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo”[4], de donde se deduce que el Espíritu Santo contendiendo con ellos, redarguyéndolos, convencién­dolos, pero hasta cierto punto, porque dice: No contenderá mi Espíritu para siempre, sino hasta cierto punto.

Nombres propios
. Ahora miremos otros nombres que podríamos llamar propios del Espíritu Santo. En la Biblia se habla simplemente así, el Espíritu, nada más, sin apellido. Por ejemplo, dice en Romanos 8:16: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu”. El primero es con mayúscula, es el de Dios, el Espíritu, y el segundo es con minúscula, es el humano, porque dice que da testimonio a nuestro espíritu. Es diferente; se llama el Espíritu, y también se llama el Espíritu de Dios“El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”[5]. También se le llama el Espíritu de Jehová. Por ejemplo en Isaías 61:1, la profecía acerca del Señor Jesús, dice: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel”. También se le llama el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús. En esta traducción nuestra (Reina Valera 1960), no aparece ninguna vez en que se llame el Espíritu de Jesús, pero en el griego sí. En aquel pasaje cuando Pablo con sus compañeros, antes de ser llevados a Macedonia, en la visión del varón macedonio, iban a entrar a Bitinia, pero el Espíritu se los prohibió, y querían predicar la Palabra en Asia, pero el Espíritu se los prohibió. Aquí la traducción Reina Valera del 60, que es tan común dentro del pueblo evangélico, por lo menos aquí en Colombia, dice simplemente el Espíritu, pero en el texto griego dice: El Espíritu de Jesús se lo prohibió; es bien intere­sante. Tenemos entonces que aparece Espíritu de Dios, Espíritu de Jehová, Espíritu Santo, Espíritu de Jesús, Espíritu de Cristo y también Espíritu de Jesucristo; también en otra parte se le llama Espíritu del Padre, y en otra se llama Espíritu del Hijo.


Todo esto tiene su razón de ser, y no obedece a ninguna casualidad que Él aparezca con todos estos distintos nombres. Cuando se trata de la obra del Espíritu en la creación, se llama al Dios creador Elohim, por eso se le llama el Espíritu de Dios, Elohim Rujá. ¿Por qué? Porque es Su tratamiento con la creación; Él estaba revelando ese caos; el que reveló ese caos es el Espíritu. Cuando ya el nombre de Dios se cambia de Elohim a Yahveh, es porque ya no está tratando solamente con el aspecto de la creación, sino con el aspecto de la revelación al ser humano. Entonces, como el ser humano es personal, entonces Dios se relaciona con el hombre de persona a persona, y por esa razón Dios toma Su nombre ya no de Dios (Elohim) sino de Yahveh, o sea, YO SOY; Yo Soy quien envié a vosotros, Jehová. Por eso cuando se da la profecía del anunciamiento del Señor Jesús, no dice el Espíritu de Dios, sino el Espíritu de Jehová, porque se basa en el nombre personal de Dios, y que además quiere decir eso, Yo Soy el que Soy, que se revela a Sí mismo; ya es personalizado.

Cuando habla de la tercera persona de la Trinidad, el trabajo específico de cumplir esa misión tan importante que es la del Espíritu Santo, la de aplicar la redención, la de trabajar con los seres humanos, se le llama el Espíritu Santo. Las Escrituras dicen, por ejemplo, que Juan el Bautista en el vientre de su madre fue lleno del Espíritu Santo, y que María, llena del Espíritu Santo en la salutación angélica, y luego Elizabet fue llena del Espíritu Santo[6]; sin embargo, como un ministerio es una cuestión constituida por el Señor, porque la Biblia dice que el Señor mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, entonces la dirección del ministerio es del Espíritu de Jesús, porque Jesús es la Cabeza del Cuerpo. Por eso dice que el Espíritu de Jesús fue el que prohibió predicar la Palabra en Asia, y eso lo dice el texto original del griego.
San Lucas escribió el Espíritu de Jesús; es decir, Jesús con Su propio Espíritu, porque el Espíritu Santo es el Espíritu del Hijo; del Hijo es lo que dice Gálatas, concretamente en el capítulo 4:6: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”. También se le llama Espíritu del Padre en Mateo 10:19-20:19Mas cuando os entreguen, no os preocu­péis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros”.
Vemos entonces que la Biblia menciona el Espíritu del Hijo y el Espíritu del Padre; por eso se dice que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. ¿Por qué? Porque todo lo que es del Padre se lo ha dado al Hijo y todo lo que es del Hijo lo tiene por el Espíritu Santo, porque cuando el Espíritu Santo venga “tomará de lo mío”, por eso se le llama también el Espíritu de Cristo. ¿Por qué se le llama el Espíritu de Cristo? Porque Él toma todo lo que es de Cristo y nos lo participa a nosotros, por eso se le llama también Espíritu de Jesucristo.


Dios a través de Su Hijo, Su Verbo, asume la naturaleza humana, y como hombre es sometido a las condiciones humanas y a las tentacio­nes humanas, pero Él vence y luego pasa por la cruz y pasa por la resurrección y asciende y se sienta a la diestra del Padre; por eso no solamente Cristo es Dios, sino que además de ser Dios fue hombre y un hombre perfeccionado que aprendió la obediencia a través del sufri­miento.



[1]Enseñanza a la iglesia de la localidad de Rafael Uribe Uribe, Santafé de Bogotá, D.C., Colombia, en agosto 3 de 1991.
[2] Juan 16:8
[3] Génesis 6:3
[4] Hechos 7:51
[5] Génesis 1:2
[6] Lucas 1:35,41

 
 

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