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Cristo en la eternidad y la Trinidad (5)


LA COINHERENCIA



Trasfondo cristológico

Para los que van a estar escuchando la palabra en esta tarde, tengan en cuenta que este es apenas un capítulo de una serie, y que en esa serie ya se han visto algunas cosas, y Dios mediante se verían otras después de lo de hoy; así que no deberíamos tomar una conclusión apresurada teniendo en cuenta solamente lo que se va a ver hoy. Me preocupo por los que no han estado en las anteriores enseñanzas, porque lo que van a escuchar hoy, sin el trasfondo de lo que se ha escuchado en las clases anteriores, podría parecerles como extraño y por eso estoy haciendo esta advertencia muy adrede desde el comienzo para que lo que se va a mirar hoy se tenga junto con lo que se ha visto en otras partes.

En la historia de la Iglesia no ha sido de un momento a otro que se ha entendido fácilmente lo que Dios ha hablado y ha revelado acerca de Sí mismo en Su Palabra. En la historia de la Iglesia se han dado conflictos. Cualquiera que lea la historia de la Iglesia en los primeros siglos, recordará que hubo necesidad de hacer concilios por causa de las posiciones diferentes que había; porque algunos hijos de Dios veían un aspecto, otros veían otro aspecto, de manera que fue necesario reunirse y escucharse mutuamente y con respeto unos a otros a ver qué era lo que todos juntos podían ver; porque todos juntos podían tener más luces que algunos solos. Claro que el Señor en su misericordia daba también a la Iglesia algunos siervos sobresalientes como Atanasio, Hilario de Poitier, Cirilo de Alejandría, los llamados tres capadocios: Gregorio de Niza, Gregorio Nacianceno y Basilio el Grande; también Dídimo el ciego y otros. Estoy mencionando nombres de hermanos sobresalientes que el Señor quiso usar para traer a la luz asuntos delicados desde la Palabra de Dios con la ayuda del Espíritu por el ejercicio del ministerio, y la Iglesia examinó, confirió y asimiló, y después se pasaron a otras consideraciones.

Yo quisiera que mis hermanos pudieran conocer algo de la historia de la Iglesia. A veces nos olvidamos que las cosas que hoy son consideradas masticadas, tuvieron que ser masticadas antes para que estén ya masticadas hoy para nosotros; tuvieron que ser molidas, tratadas y digeridas antes; a veces con dificultades. Los primeros conflictos eran acerca de la identidad del Señor; si el Señor Jesús era o no era Dios y qué tipo de relación tenía el Señor Jesús con Dios; y las primeras preguntas acerca del señor Jesús eran en cuanto si era Dios o no. Y después, si era Dios, si era la misma persona o era otra persona; y había algunos que decían que Él no era Dios, que Él era solamente una criatura, la primera criatura, quizá una importante criatura, el primero en haber sido creado por Dios, pero creado al fin de cuentas; y esa posición es la que seguía Arrio y es la que hoy sostienen los que a sí mismos se llaman Testigos de Jehová; o sea que hay mucha gente que hasta el día de hoy está diciendo esas cosas de Cristo.

El modalismo

Otros decían que el Hijo de Dios no era otra persona, sino la misma persona del Padre pero en un tabernáculo humano; o sea que ellos negaban al Hijo en cuanto persona divina juntamente con el Padre; lo que la vez pasada estuvimos considerando relativo a la coexistencia de las Divinas Personas, las tres Divinas Personas en el único Dios verdadero; entonces ellos decían que no eran tres personas, que era una sola persona que aparecía con diferentes modos; de allí que a ese grupo se le llamó en la historia de la Iglesia los modalistas, porque decían que Dios se había aparecido de tres modos, pero que al fin de cuentas Dios era una sola persona que apareció a manera de Padre en el Antiguo Testamento y luego se volvió Hijo, y luego el mismo Padre se volvió Espíritu Santo o es el Espíritu Santo; diciendo que el Padre, Hijo y el Espíritu Santo no son sino tres modos o maneras de presentarse una misma persona. Eso es lo que se llamó la herejía modalista; también se le llamó la herejía monarquianista porque viene de mono, uno, y arqué, principio, de un solo principio; como negaba la distinción de personas en la Deidad, entonces decían que sólo había una persona, por eso se les llamaba monarquianistas y se les llamaba también modalistas.

Otros decían que el Padre se había encarnado y había sufrido la pasión; era como decir, los distintos aspectos de la herejía que se llama monarquianista o modalista y porque decían que el Padre era el que había sufrido la pasión se les llamaba patripasionistas.

Otros decían que el Señor Jesús había sido adoptado en la Divinidad, porque decían que el Hijo era solamente el hombre y que había sido divinizado por Dios; entonces por eso se llamaban adopcionistas; o sea el monarquianismo, el modalismo, el patripasionismo y el adopcionismo, son cuatro aspectos de una misma herejía. Algunos enfatizaban un aspecto, otros enfatizaban otro y hubo personajes que sostuvieron las cosas de esa manera. El primero del que se tiene noticias en negar la distinción de personas en la Divinidad fue Noeto y por eso también cuando ustedes lean la historia de la Iglesia puede ser que lean acerca del noecianismo; pero todas estas cosas, el noecianismo, el monarquianismo, el modalismo, el patripasionismo, el adopcionismo, son distintos nombres, pero que se refieren a una misma clase de herejía o herejías similares, íntimamente relacionadas.

El sabelianismo

Entre los noecianistas, hubo uno que llegó a ser el más sobresaliente; no fue el primero, pero llegó a ser el líder de ellos; se llamó Sabelio y por eso se le llama también sabelianismo; entonces el sabelianismo de Sabelio es el mismo noecianismo, el mismo unicismo o sólo Jesús. Hoy en día esa corriente de pensamiento está representada por la explicación de la Divinidad que dan los llamados a sí mismos sólo Jesús; hay algunas denominaciones que son unicistas, que son solo Jesús, como la Iglesia Pentecostal Unida, la Iglesia Pentecostés Unida, la Pentecostés Unida Internacional, la Pentecostés Unida de Colombia, pero son unitarios, en el sentido de que niegan la existencia o subsistencia de tres personas distintas en el único Dios verdadero; es decir, que niegan lo que con el tiempo llegó a definirse como la Trinidad. Por un lado los arrianos representados hoy por los que a sí mismos se llaman Testigos de Jehová que vienen de la línea de Charles Russel, Rutherford, Nort y Franz, que son los cuatros principales líderes de esa corriente hoy, o sea en los tiempos modernos, desde el siglo pasado; y los unitarios antiguos de la línea de Noeto, de Sabelio, como Cleomenes, Teogono, son nombres de los líderes antiguos que sostenían esas cosas, hoy están representados por la línea de los unitarios; es decir, que ese tipo de pensamiento también es antiguo.

En la Roma primitiva había un partido unitario; incluso hay quienes sostienen que algunos Papas defendieron al partido unitario; porque como los Papas de Roma dicen ser los sucesores de los obispos de Roma, pues en esa lista en que aparecen los Papas hay algunos de los cuales, por lo menos Calixto y Ceferino, un poquito después de Ireneo, eran de tendencia unitaria. El Apóstol Juan tuvo algunos discípulos para el Señor, uno de ellos fue Policarpo de Esmirna y uno de los hermanos sobresalientes de la Iglesia en Esmirna que aprendió con Policarpo fue Ireneo de Lyon; y siguiendo la línea de Ireneo hubo un hermano en Cristo que se llamó Hipólito de Roma que vivió en la Roma primitiva y a quien los católicos lo elevaron a los altares extrañamente, y lo llaman el primer santo antipapa; se dieron cuenta que era santo, lo canonizaron, pero no pudieron ocultar que estaba contra el Papa y lo llamaron el primer santo antipapa: San Hipólito o Hipólito de Roma, y lo llaman antipapa porque él en sus escritos, especialmente uno que se llamó Filosofúmena en el idioma antiguo, él combatió la herejía unicista o sabelianista de los Papas Calixto y Ceferino; por eso lo llaman antipapa, porque se pronunció en contra de esos obispos Calixto y Ceferino de Roma.

Había también un presbítero en Roma que se llamaba Práxeas, quien enseñaba también el unitarismo en Roma; entonces un hermano en Cristo que se llamaba Tertuliano de Cartago escribió un libro que se llama Contra Praxeas; es decir, en ese libro él refutaba el unitarismo que en Roma enseñaba Praxeas, que era del mismo bando de Noeto, de Sabelio y de los otros unicistas; en ese libro es donde por primera vez en la historia de la Iglesia, en el siglo III, o sea en el año doscientos y pico, aparece la palabra Trinidad, más exactamente , en latín, porque Tertuliano escribió en latín; él era norteafricano, entonces él fue el que por primera vez usó esa palabra Trinitas por Trinidad referida a las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y fue él el primero que se atrevió a hacer una confesión de fé de esta manera, tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Eso que ha llegado a ser muy común y que ahora cualquier denominación trinitaria lo repite proviene de Tertuliano de Cartago.

La Trinidad

Antes de Tertuliano de Cartago hubo otro hermano contemporáneo de Ireneo, pero que vivía en Antioquía, que llegó a ser uno de los líderes sobresalientes de la Iglesia de Antioquía en el siglo II, y él se llamó Teófilo de Antioquía. Esa fue la época de las persecuciones romanas; era la época cuando los hermanos eran echados a los leones y donde algunos hermanos escribieron apologías o defensas del cristianismo y las dirigían a los emperadores o a otras personas prominentes. Hubo varios apologetas prominentes en el siglo II y algunos provenían incluso del siglo I y entraron al siglo II, como Cuadrato, Aristides, Atenàgoras, Melcíades y entre esos apologetas uno se llamó Melitón de Sardis; otro se llamó Justino mártir, muy sobresaliente; pero uno de ellos fue Teófilo de Antioquía, quien tenía un amigo que era pagano que se llamaba Autólico. Entonces Teófilo de Antioquía le escribió tres libros a su amigo Autólico, que era pagano, y en esos tres libros él defendía la fe cristiana, y en un determinado pasaje de uno de esos tres libros, Teófilo de Antioquía para resumir en una sola palabra al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo se refiere a ellos en griego como la Trías. Esa palabra se puede trasliteral como tríada; esa fue la primera vez que en forma resumida se referían a Dios como Trino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y Teófilo de Antioquía dijo esa expresión Tríada; pero en griego; porque Teófilo escribió en griego, pero Tertuliano de Cartago escribió en latín; entonces Tertuliano después de Teófilo es el primero en el registro histórico en usar esa palabra Trinitas, para referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como tres personas distintas y un solo Dios Verdadero. Esa expresión, esa fórmula proviene de Tertuliano.

Claro está que si uno oye solamente esto que les estoy diciendo uno podría decir que la Trinidad se le inventó Tertuliano, pero cuando lees a Tertuliano te das cuenta que él no se la inventó, sino que él está sacando de la Escritura argumentos muy sólidos para referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y fue combatiendo a la herejía unitaria de Praxeas específicamente, y en un libro de combate, un libro polémico contra la herejía unitaria fue donde él tuvo que tratar de explicar lo que era, y lo que no era y ahí fue cuando surgió por primera vez esa fórmula y también esa palabra Trinidad.

Ahora bien, la palabra Trinidad, no me refiero a la Trinidad, al contenido doctrinal, sino a la mera cáscara de la palabra Trinidad, ésta fue empleada, así como Tríada, en un principio todavía sin un contenido fijo; es decir era una manera de referirse en el principio al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ya sea lo que fuera que se explicara de ellos, qué relación tenía el uno con el otro; eso no importaba; para resumir en vez de decir: Padre, Hijo, Espíritu Santo, se decía Trinidad.

 Cuando se decía Trinidad en los primeros siglos no se entendía exactamente lo mismo que hoy cuando se dice Trinidad, sino que debajo de la palabra Trinidad, en los tiempos modernos cabe una sola concepción; en cambio debajo de la misma palabra Trinidad en los primeros tiempos cabían las tres concepciones; o sea que Arrio, que negaba la Divinidad del Hijo de Dios y decía que el Verbo de Dios era una criatura, y algunos inclusive dicen que era el arcángel Miguel como los testigos ruselistas hoy, Arrio usaba la palabra Trinidad porque ya la palabra Trinidad desde que la usó Tertuliano desde ahí comenzó a ser usada, pero con distinta explicación; entonces en esto debemos tener cuidado. La palabra Trinidad la usaba Arrio, sólo que cuando Arrio explicaba la Trinidad entonces decía que en la Trinidad solamente el Padre era Dios, aunque usaba la palabra Trinidad; en la Trinidad arriana solamente el Padre era Dios, el Hijo era una criatura y el Espíritu Santo era una fuerza; lo típico hoy de los ruselistas, y sin embargo sí usaba la palabra Trinidad, pero la explicaba con el sentido arriano negando la Divinidad del Hijo y del Espíritu.

Sabelio, que era el máximo representante de la línea unitaria que negaba la distinción de las personas, también usaba la palabra Trinidad. Cuando uno lee los escritos de Sabelio uno encuentra que él usa la palabra Trinidad porque era una manera resumida de referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu; sólo que cuando él explicaba la Trinidad, decía que eso de Padre, Hijo y Espíritu, son sólo nombres, modos o maneras distintas de una misma persona. Entonces, hermanos, decimos estas cosas porque de una parte es necesario conocer de dónde proviene todo esto que la Iglesia ha heredado y porque no es suficiente escuchar nombres superficiales, sino que hay que ir al fondo del asunto.

Entonces hubo otros que con la doctrina correcta, sin embargo no usaron la palabra Trinidad; el mismo Ireneo que tenía una explicación más o menos sana, Novaciano que escribió un libro que hoy en día le llaman Sobre la Trinidad, pero ese es un título moderno que le pusieron a ese escrito; realmente ese no fue el título que le dio Novaciano. Él escribió un tratado maravilloso, correcto sobre la Trinidad, pero él no usaba la palabra Trinidad como Ireneo no usaba la palabra Trinidad, y otros que explicaban la Trinidad, su contenido, no usaban la palabra. De manera que en esto hay que tener cuidado; al principio en la historia de la Iglesia la palabra Trinidad no era precisamente un símbolo de ortodoxia porque no es una palabra que está en la Escritura. Apenas en el siglo II habló Teófilo de Antioquía de la Tríada, pero ni siquiera estaba tratando el tema; él estaba tratando otros asuntos, pero se refirió a los Tres como la Tríada, y después Tertuliano sí, él sí estaba tratando el asunto, él sí habló de la Trinitas y habló de las Tres Personas distintas y un solo Dios verdadero; y dice que son tres y no por la potencia, no por la esencia, sino por el orden, pero tienen la misma potencia, la misma esencia. Él habla de todas estas cosas en ese libro Contra Práxeas; y entre todas esas corrientes que hubo, la que prevaleció fue la línea de Tertuliano; y aunque en el Concilio de Nicea y las discusiones inmediatamente anteriores y posteriores a él, allí se hablaba de la Trinidad, se hablaba con distintos sentidos.

El Concilio de Nicea

Pero el sentido correcto que confesaba la Divinidad del Hijo y la subsistencia personal del Hijo como una Persona Divina subsistente en la Trinidad, coexistente con el Padre y el Espíritu Santo, el que habló de eso principalmente fue Atanasio de Alejandría. Pero resulta, hermanos, que en el principio no se entraba en las discusiones minuciosas sino solamente en esa primera, identificar qué relación de substancia o de esencia podía tener el Padre con el Hijo. Todavía no se discutía lo del Espíritu Santo; había que agotar primero la relación del Padre y el Hijo y solamente en lo relativo a esencia, no todavía en lo relativo a personas; eso fue un poco después.

Primeramente, ¿cuál es la esencia del Hijo? ¿Es la misma del Padre o es de distinta esencia, o de semejante, o de parecida o de la misma? Había los homoianos, los homoanos, unos con i y otros sin i; decían que el mundo estaba dividido por un diptongo, porque existe la palabra homousios y la palabra homoiusios; la diferencia es una sola i, pero aunque es una sola i, la diferencia entre homousios y homoiusios es grande. Uno significa la misma sustancia y el otro significa semejante sustancia; entonces unos decían que el Padre y el Hijo eran de distinta sustancia, otros de semejante sustancia y otros de la misma sustancia; es decir, había tres bandos en la discusión, y entre todas las consideraciones que unos y otros hacían prevaleció lo que el Señor le dio a un diácono de Alejandría, que ni siquiera él era el obispo de la Iglesia en Alejandría, él era sólo un diácono. El que era el obispo era Alejandro de Alejandría y había un diácono que le colaboraba; claro que Alejandro fue el que se dio cuenta de la herejía de Arrio y comenzó a tratar de corregir esto, de tal manera que hubo tantos problemas que el mismo emperador Constantino dijo que se le iba a dividir el Imperio, solamente porque unos opinaban que Cristo era divino y otros que era solamente una criatura. De manera que para que no se le dividiera el imperio convocó un concilio para que se pusieran de acuerdo los cristianos.

A ese concilio vinieron los distintos bandos y se escucharon, pero en el concilio empezó a sobresalir Atanasio y después del concilio comenzó a tratar de esclarecer a los que decían que eran de semejante sustancia, porque de semejante no necesariamente es igual, y entonces había puerta para negar la Divinidad del Hijo. La conquista de Atanasio fue hacer que el Concilio en Nicea confesara la consustancialidad del Padre y el Hijo, es decir que el Hijo es de la misma sustancia del Padre, o sea es Dios; por eso la conclusión en el Concilio de Nicea acerca del Hijo es que es Dios de Dios, luz verdadera de luz verdadera; y por eso es que en los cánones de las misas repiten eso de memoria. Dios verdadero de Dios verdadero y luz verdadera de luz verdadera, pues eso viene de aquella fórmula allá de esas discusiones con Atanasio.

Claro está que si tú lees directamente a Atanasio y lees al Atanasio de occidente que fue Hilario de Poitier, te das cuenta que ellos están hablando sobre las Escrituras. Nosotros simplemente estamos resumiendo las cosas en nuestras palabras, pero sería muy apresurado decir que ese es un invento de ellos, pues lo que están haciendo es aceptar las implicaciones de lo que dice la Escritura.

Ciertamente algunos decían que ellos no iban a decir que el Hijo es consustancial al Padre porque esa palabra homousio no está en la Escritura. Allí no dice que es de la misma sustancia; efectivamente esa frase de la misma sustancia no la dice. Pero si dice que el Hijo es Dios, que el verbo era Dios y el Padre es Dios; entonces por implicación se tiene que confesar la consustancialidad del Padre y el Hijo.

Así es que no hay que ser tan superficiales; a veces hay frases que alguno puede alegar que no están en la Biblia para pretender sostener lo contrario, y eso sí es peligroso, porque sí, ciertamente hay frases que no están en la Biblia, pero son derivadas de la Biblia y son verdaderas porque con otras palabras en forma sintética dicen lo que la Biblia en muchos versículos dice; así que ese argumento superficial de que esa palabra Trinidad no está en la Biblia, así que no hay Trinidad; esa palabra consustancialidad no está en la Biblia, así que no hay consustancialidad, pues es que ni la palabra Biblia parece estar en la Biblia, por lo menos en español, claro que en un libro sí está. ¿Entendemos esto, hermanos?

Las dos naturalezas

Después la discusión siguió siendo todavía cristológica, pero ahora la discusión era, parece que ya decantado, de que el Hijo sí es Dios con el Padre; pero entonces ¿cómo se relacionan en Jesucristo la naturaleza divina y la naturaleza humana? Esa fue la otra discusión.

Hubo algunos que se fueron a un extremo, aquellos que decían que era una sola naturaleza; eran los monofisistas: Mono, uno y fisis, que es la palabra griega que quiere decir naturaleza, de manera que los monofisistas eran los que decían que el Señor Jesús tenía una sola naturaleza, y ¿dijeron cuál es esa naturaleza? Si decimos que es la divina, entonces no es hombre, y al no confesar la humanidad estamos negando un aspecto; si decimos que es sólo hombre, se está negando que es Dios, entonces no puede tener una sola naturaleza.

La posición correcta es que la única persona del Hijo de Dios tiene dos naturalezas perfectas: La divina y la humana, que subsisten en la misma persona. Pero hubo otros que se fueron al otro extremo, y en vez de decir que eran dos naturalezas en una persona, dijeron que eran dos personas: una persona divina dentro de una persona humana, de manera que había un Hijo Divino y un Hijo del hombre, pero no eran la misma persona, pero la Palabra dice que Jesús es el Cristo y Él es el Hijo de Dios y Él es el Hijo del hombre.

No se puede decir que lo divino es una persona y que lo humano es otra persona, y que son dos personas yuxtapuestas, pero tampoco se puede decir que es una sola naturaleza, se tiene que decir sí que el Hijo de Dios es una sola persona pero que tiene dos naturalezas: la Divina en cuanto Verbo que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, pero asumió íntegramente la naturaleza humana también, así que tiene la naturaleza humana; es decir, son dos naturalezas de una misma persona. Esa fue la posición intermedia, ni un extremo ni el otro, ni el monofisismo de Eutiques que fue el que lo lideró, ni el nestorianismo; porque se llamó Nestorio el que daba a entender que eran dos personas. Donde se logró esa definición que hoy nosotros la decimos en unos pocos minutos, pero que requirió unos cuantos años de parto y por eso hablamos del parto de la Iglesia, fue en Calcedonia.

El Concilio de Calcedonia

Se logró en el llamado Concilio de Calcedonia. Así que hubo dos etapas claves en ese proceso de parto de la Iglesia acerca de la Cristología. Para confesar la consustancialidad del Hijo con el Padre; es decir que el Hijo juntamente con el Padre es Dios; eso fue la síntesis de la confesión en el Concilio de Nicea; claro que en este Concilio se trataron otros asuntos prácticos de obispados y presidencias, y algunas cosas con las cuales la Biblia no concuerda; y no estamos apoyando todo lo que se dijo y concluyó en el Concilio de Nicea, pero respecto al credo de Nicea, la parte en la que se confiesa la Divinidad del Hijo juntamente con el Padre, yo personalmente en ese aspecto tengo que decir que estoy de acuerdo con este Concilio, porque es la implicación verdadera que sale de la Biblia; y después también tengo por mi conciencia que decir que también concuerdo con la conclusión a que después llegaron en el Concilio de Calcedonia donde se definió que el Señor Jesucristo es una persona Divino-humana que tiene la naturaleza Divina y que tiene la naturaleza humana, y no es que es medio hombre y medio Dios, no. Es Dios porque es el Verbo.

La Biblia dice que el Verbo era Dios y hombre porque se hizo carne semejante a los hombres, estando en la condición de hombre; así que tenemos que confesar que el Hijo de Dios una sola Persona, es Divino en cuanto Verbo y humano en cuanto se encarnó con la plena naturaleza humana, con espíritu humano, con alma humana, con mente humana, con voluntad humana, con emociones humanas, con cuerpo humano, con pruebas humanas, excepto el pecado; porque cuando Dios hizo la naturaleza humana la hizo sin pecado. Fue Adán el que permitió que entrara, pero Él no permitió que entrara. El era un hombre en todo semejante a nosotros, solamente que sin pecado.

Entonces ahí el asunto se refirió fue a Cristo; esos fueron Concilios eminentemente cristológicos. Después sí, cuando ya el asunto de Cristo estaba más claro, vino el asunto del Espíritu Santo; porque los de Nicea estaban demasiado ocupados con un asunto y no se pueden ver todos.

Después de que estaba claro lo del Padre, lo del Hijo, lo del Hijo Divino, y luego el Hijo Divino y humano, su encarnación, cuando ya estaba claro lo que hoy se llama la Trinidad, se tuvo que tratar lo del asunto del Espíritu Santo, si el Espíritu Santo es Dios o no es Dios. Se le puede llamar también Dios al Espíritu Santo. ¿Es Divino también o no? ¿Es persona o no? o ¿qué es el Espíritu Santo? Por eso les mencioné a unos hermanos que son llamados los Capadocios, los grandes Capadocios, porque eran de Capadocia y además eran hermanos. Uno era el hermano mayor, otro el hermano menor y otro era un primo. Eran Basilio Magno, Gregorio de Niza y Gregorio de Nacianzo. Estos tres hombres, siervos de Dios, fueron los que profundizaron claramente en el asunto de la Divinidad del Espíritu Santo, la personalidad del Espíritu Santo. Y hubo otro que se llamó Dídimo que era ciego y se le llama Dídimo el ciego y es conocido como el teólogo del Espíritu Santo. ¿Por qué? porque ese fue su tema: El Espíritu Santo.

Las Personas Divinas

Fíjense que ya vamos en el siglo IV y para el V. ¿Qué le parece? solamente hablando del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y no todo; porque las primeras discusiones eran acerca de la sustancia o de la naturaleza divina o de la esencia divina. Sobre eso era que se centraba la discusión, pero como esa discusión quedó ya clara en los primeros siglos, entonces la discusión en la edad media no se centró ya tanto en la consideración de la esencia sino de la personalidad; porque primero había que definir qué era lo que la Palabra de Dios decía acerca de la esencia del Hijo, pero una vez que eso quedó claro, ahora lo que había que definir era las tres personas. ¿Qué quiere decir persona? ¿Y cómo si es una sola la esencia pueden ser tres personas? ¿Y cómo esas tres personas pueden ser distintas y en qué son distintas? ¿Qué es lo propio de cada persona? Es decir, que en la Edad Media, el análisis se concentró en la persona, en cambio en la edad temprana se concentró en la esencia, pero ya llevamos como doce siglos; o sea, que el parto ha sido largo y lento.

Gilberto de la Porré fue una de las personas que se dedicó a analizar lo que Dios decía en su Palabra y en qué se distinguían las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, qué era propio de la persona del Padre, qué era propio de la persona del Hijo, qué era propio de la persona del Espíritu Santo aunque los tres eran de la misma esencia, qué se podía decir del Padre que no se podía decir del Hijo, qué se podía decir del Hijo que no se podía decir del Padre aunque tuvieran la misma esencia, o sea cuál era la distinción personal, dentro de la misma esencia, propia de cada persona, qué era lo que se podía decir del Espíritu Santo que no se podía decir del Padre y del Hijo; entonces todo eso era mirando lo que Dios mismo hablaba de Sí mismo; había que fijarse lo que Dios decía, lo que Jesús decía, cómo hablaba Jesús, cómo hablaba el Espíritu Santo, cómo Jesús hablaba con el Padre, como los Apóstoles hablaban del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, siguiendo minuciosamente las cosas. Nosotros no hemos hecho lo que otros han hecho; ellos en la Palabra seguían la pista de lo que Dios decía de sí mismo, con mucha atención en la Biblia para llegar a esas conclusiones. ¿Será que nosotros hacemos eso? pero a ellos lo que más les interesaba era tener juntas todas las declaraciones del Padre acerca de Sí mismo, todas las declaraciones del Hijo acerca de Sí mismo, todas las declaraciones del Espíritu acerca de Sí mismo, compararlas unas con las otras, ver qué era lo propio de cada uno y todo desde la Biblia, desde las Sagradas Escrituras.

Tenemos, por ejemplo, la llamada Escuela de San Víctor. No es que San Víctor se esté refiriendo a un santo en este caso, sino a un lugar que se llamaba San Víctor; claro que tuvo que haber otro Víctor para que le dieran ese nombre. Pero había un hermano que se llamaba Ricardo de San Víctor, otro se llamaba Hugo de San Víctor y había otro San Víctor que eran místicos y teólogos; entonces ellos profundizaron eso; pero había otro que se llamaba Gilberto de la Porré, y éste fue el que más se concentró en ese asunto de la distinción de las personas; todas estas consideraciones eclesiásticas tratando de comprender a Dios por lo que Dios mismo dice y comprender a Cristo y comprender al hombre; porque Cristo no es sólo Dios sino hombre también, pues si se comprende a Cristo nos vamos a comprender también nosotros. Las discusiones antropológicas duraron siglos; todo eso sirvió de base para esos tremendos castillos teológicos medievales cuando la Teología llegó a ser sistemática, escolástica, y ahí fue cuando surgieron Buenaventura, Alberto Magno y el más famoso de ellos, Tomás de Aquino. Eso fue por allá en el siglo XIII; entonces ahí se trató de resumir todo lo que había desde los siglos anteriores y llegar a una definición básica, y estos escolásticos fueron la base de lo que se llamó el Concilio de Florencia, muy famoso, en el cual se reunían los cristianos para distinguir que el Padre se distingue del Espíritu porque el Espíritu procede, pero el Padre no procede, aunque la esencia divina del Padre y del Espíritu es la misma, sin embargo la esencia divina subsiste en el Padre sin proceder, sino haciendo que de Él proceda, en cambio la misma esencia en el Espíritu subsiste procediendo, porque Jesús dijo que el Espíritu Santo procede, en cambio nunca el Padre, ni el Hijo, ni el Espíritu, ni los apóstoles, ni los profetas dijeron que el Padre proceda, por lo tanto el Padre no procede, y aunque la esencia divina del Espíritu es la misma del Padre, en el Espíritu subsiste como procedente; entonces la procedencia es la distinción entre el Espíritu Santo y el Padre, no en la esencia, sino en la manera como esa
esencia subsiste en el Espíritu.

El Padre, por ejemplo, no es engendrado, pero del Hijo se dice que es engendrado. Él mismo dice: Antes de los abismos, YO la sabiduría; es el Verbo, fue engendrado y se llama el Unigénito del Padre. Al Padre no se le puede decir Unigénito. Cierto, en el Concilio de Nicea se vio bien que el Padre y el Hijo eran de la misma sustancia o esencia, pero la esencia en el Hijo aparece con esta característica: subsiste como engendrado, no creado, sino engendrado, en cambio en el Padre es ingénita, no es engendrada. El Padre engendra y confiesa que Él engendra. Dice: “Yo te engendré”. En cambio el Hijo dice: Yo antes de los abismos había sido engendrado, y el Padre dice del Hijo que lo engendró y el Hijo mismo dice ser el Hijo del Padre, y el Espíritu Santo por los apóstoles le llama el Unigénito del Padre. Entonces sí hay una distinción, no en la esencia sino en la manera como la esencia subsiste en el Padre y en el Hijo. En el Padre la esencia Divina subsiste ingénita y sin proceder, entonces sí hay distinción entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, pero no en esencia, sino en la manera como subsiste la esencia en cada una de estas personas; o sea que ellos se dedicaban a tratar de comprender a Dios, según la Palabra de Dios; no fue una cosa fácil.

Filioque

Por ahí empiezan unos a decir: Entonces el Espíritu Santo procede solamente del Padre; basándose sólo en lo que el Señor Jesús dijo en Juan: “el cual procede del Padre”; de manera que dicen: Procede sólo del Padre; y hasta hoy en día la línea ortodoxa de los ortodoxos orientales, los patriarcas ortodoxos confiesan la procedencia del Padre, pero no les ha sido fácil confesar que el Espíritu Santo procede no sólo del Padre sino también del Hijo y esa expresión: Procede del Padre y del Hijo quiere decir filioque, y del Hijo. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (filioque, y del Hijo). Esa es la diferencia entre la Trinidad como la ven en occidente y la Trinidad como la ven en oriente. En oriente, los ortodoxos griegos, los rusos, confiesan solamente al Espíritu Santo procediendo del Padre; en occidente se llegó a concluir que no solamente procede del Padre, sino también del Hijo y algunos dicen del Padre y del Hijo, otros del Padre por el Hijo y otros solamente del Padre.

En el Concilio de Florencia, pero solamente durante ese Concilio, pudieron ponerse de acuerdo los de oriente y los de occidente y confesar el filioque, o sea la procedencia del Espíritu Santo no solamente del Padre sino también del Hijo, pero eso fue sólo durante el Concilio de Florencia. En cambio, después volvieron otra vez las generaciones siguientes a volver a decir: Nosotros vamos a confesar solamente la procedencia del Padre. Esas son cosas que hasta hoy algunos están discutiendo, pero en la Biblia también se ve el Espíritu Santo al cual Yo os enviaré del Padre, o sea que si es del Padre por el Hijo y es también a través del Hijo. El Padre ama al Hijo y hay un amor divino compartido, una plenitud divina que procede del Padre al Hijo y del Hijo al Padre; es una plenitud divina que tiene conciencia de sí, es el Espíritu, entonces creo que en occidente se ha tenido razón.

Sin embargo, la Iglesia Universal no es sólo en occidente, es universal y en estas cosas hasta hoy en día vemos gente que es arriana, gente que es unitaria, gente que no confiesa el filioque, gente que son monofisitas. Todavía hay reductos monofisitas, reductos nestorianos; de manera que la Iglesia Universal, debe tener estas cosas muy presentes. La Biblia dice: “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios”. Fíjese que todo era lo que el Hijo creía y decía y quién era. No ha sido fácil, se ha demorado, se ha tratado el asunto de la consustancialidad, de la Trinidad en cuanto personas, de la naturaleza Divina y humana en la persona, y entonces todo esto es para mostrar que la discusión todavía continúa.

Ahora, algunos han empezado a ver el aspecto de la coinherencia de las Personas Divinas; entonces, como nosotros aquí estamos viendo coexistencia y coinherencia de las tres divinas personas en el único Dios verdadero, llegamos a considerar ahora ese asunto, pero éste se debe considerar después de lo otro. Todo lo anterior es necesario para que esto no quede en el aire. Primero había que ver si es una persona o son tres, entonces se decía son tres; esas tres son de la misma esencia o tienen distinta esencia: son de la misma esencia, pero son tres personas. Ahora, ¿qué es lo propio de cada persona? Esas tres personas son eternas y coexisten en un mismo Dios eterno; entonces todo esto se ha ido concluyendo. Cuando eso ya está decantado, empieza el Espíritu Santo a mostrar otras cosas.

Aunque el Padre y el Hijo son distintas personas y un solo Dios verdadero, sin embargo la palabra persona aplicada a las personas de la Divinidad se queda corta. ¿Por qué? Porque la palabra dice lo máximo que puede pero no dice todo lo que tiene que decir; pero como no hay otra palabra tenemos que usar esta palabra persona; pero la palabra persona se le queda chiquita. Claro que no podemos decir que no es persona porque hay que confesar lo mínimo, pero al decir todo lo que se puede, todavía no se ha dicho todo. Es como la palabra animal aplicada a nosotros; claro que se puede decir que nosotros somos animales racionales; usamos la palabra animal relativa a nuestros cuerpos de manera relativa. Todos podemos decir: nosotros somos animales, pero todos sabemos que aunque la palabra animal dice una parte de la verdad no está diciendo todo lo que debiera decir, y aunque es verdad que en lo corporal, lo biológico, tenemos una naturaleza similar a la de los animales y se nos puede calificar entre los mamíferos y entre los antropoides, pero los hombres, nosotros ya no somos antropoides sino antropos; lo de poides se lo dejamos a los orangutanes. De manera que la palabra animal la aceptaremos todos aquí con reservas, porque somos "animales racionales" y tenemos que agregarle el adjetivo "racionales"; nuestro cuerpo es mamífero, pero también sabemos que esa palabra animal se queda corta, no está diciendo todo lo que tiene que decir. Ahora, cuando empezamos a definir la palabra persona; la persona es un ser subsistente pero que tiene conciencia de sí y que puede decir: Yo soy; si alguien no es un yo, ni puede identificarse a sí mismo como un yo, no es persona; pero si alguien puede decir: yo soy, hermanos, tenemos que decir que es persona. La palabra persona no se le puede quitar porque sería decir menos; si no podemos decir todo, digamos lo máximo que se puede decir, fielmente.

Tres Personas y una esencia

La palabra persona se tiene que usar en relación al Padre, porque el Padre habla como persona. ¿Cómo podemos decir que el Padre no es una persona? Dios sería impersonal, sería una cosa, una sustancia; pero Dios se ha revelado como alguien que tiene conciencia de Sí mismo. Él dice: Yo soy el que soy, Yo te engendré hoy, venid a mí; tiene conciencia de Sí. Lo mínimo que podemos decir del Padre es que el Padre es una persona; pero ahora pasamos al Hijo; pero del Hijo también se dice que es una persona y se dice explícitamente, por lo menos en nuestra traducción. Dice que los profetas indagaban por el Espíritu considerando qué tiempo y qué persona; entonces dice que el Hijo es persona; pero además aunque no dijera en forma explícita que es persona, sin embargo, el Hijo se presenta como cualquier persona humana.

Si tú dices: Yo soy Betty, yo soy Carlos, yo soy Marlene, si no le reconocemos la calidad de persona a ustedes, se sentirían ofendidos.

El Hijo dice: Yo, Padre, tú en mí y Yo en ti; entonces no podemos dejar de confesar la personalidad del Hijo. El Hijo es una persona y vemos que también el Espíritu Santo usa la primera persona. Vimos algunos ejemplos; los dijo Dios, los dijo el Espíritu, entonces si nosotros no decimos que es persona, es casi como decir que no es persona. Puede ser que usted no diga el Hijo es persona o el Espíritu Santo es persona, pero si usted no lo dice es como si dijera el Espíritu Santo no es una persona. ¿Se da cuenta lo delicado que es? Si no es una persona, ¿cómo es que se contrista? ¿Cómo es que habla y dice: Apartadme a Bernabé y a Saulo a la obra a que Yo los he llamado? ¿Se dan cuenta, hermanos? Hay que confesar lo de personas relativo al Padre y también al Hijo y al Espíritu, y hay que confesar que son tres personas y que son tres personas distintas porque cada una tiene su particularidad y su propiedad que no se le puede decir de la otra, como lo que acabamos de decir de la procedencia del Espíritu Santo.

Eso es lo propio de la persona del Espíritu Santo, la procedencia y la generación es lo propio de la persona del Hijo y el engendrar y exhalar es lo propio de la persona del Padre.

Ahora, la esencia es una y es la misma, por eso no podemos hablar sino de un solo Dios verdadero, pero en ese Dios verdadero subsiste uno que dice: Yo te engendré; otro que dice: Tú me engendraste, y otro que dice que procede del Padre y del Hijo. Hasta aquí la cosa había quedado más o menos clara, la coexistencia de las tres Divinas Personas; pero ahora nos damos cuenta que esa palabra persona, aunque no dice mentira, no dice todo; porque resulta que de pronto Jesús habla de que una persona está en la otra, y ahí si que nos ponemos a pensar; porque si nosotros hablamos la palabra persona en el sentido nuestro, Alejandro es Alejandro, Carlos es Carlos, Fabiola es Fabiola y listo, son tres personas no sólo distintas, sino separadas; pero en la Divinidad única, esas tres personas, aunque son distintas, no están separadas, sino que están una dentro de la otra; y ¿cómo es eso? Como dice: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?” Dice que el Hijo está en el Padre y también que el Padre está en el Hijo; eso lo dice Dios. El Hijo está en el Padre, el Padre está en el Hijo, y el Padre está en el Hijo de tal manera que a veces el Hijo pareciera el Padre.

“Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Y hasta el profeta Isaías le llamó el Padre eterno; y si solamente hubiera hablado Isaías, diríamos, los sabelianistas tienen razón, el Padre es el Hijo; pero en otra parte dice: “Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti” (Juan 17:21). Ahí aparecen dos personas, pero esas personas son coinherentes, es decir, una se mete en la otra, la otra se mete en la una y las dos se hacen una, y a veces dice: nosotros; a veces dice: Yo. A veces el Espíritu Santo aparece como si fuera el Hijo, el Hijo como si fuera el Espíritu, el Padre como si fuera el Hijo, y el Hijo como si fuera el Padre; o sea que la cosa es un poco más complicada, pero así es como está revelado.

A veces se dice Hijo de Dios, por ejemplo en la carta a la iglesia en Tiatira: “Y escribe al ángel de la Iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios” (Apocalipsis 2:18). Y después de que habló el Hijo de Dios que tiene ojos como llama de fuego y una espada de dos filos, aunque la espada de dos filos le habló a Pérgamo, pero como Hijo de Dios le habló a Tiatira, luego dice “29el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Al fin ¿quién dice, es el Hijo o es el Espíritu? Cuando leemos, por ejemplo, Romanos 8:11: "Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús (es decir, el Espíritu del Padre) mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su espíritu que mora en vosotros”. Pero por su Espíritu.

Dice en el versículo 10: “Pero si Cristo está en vosotros”. En el versículo 11 habla del Espíritu del Padre, y ahora dice que es Cristo; luego tú recibes a Cristo y recibes también al Padre, porque el Padre viene en el Hijo. No me ha dejado solo el Padre, el que me envió conmigo está. El Padre que mora en mí, Él hace las obras. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”.

Ahí es cuando se empieza a tomar conciencia de eso que ha sido llamado la coinherencia, o sea esas tres Divinas Personas que coexisten desde la eternidad y que son distintas pero no en esencia, sino en la manera como en la misma esencia subsiste Su persona con particularidades propias; sin embargo, esas tres personas coexistentes, tienen unas propiedades que las demás personas no tienen, así como estos animales racionales tenemos algunas propiedades que otros animales no tienen.

No os dejaré huérfanos

Es que son coinherentes y es que el uno está en el otro al mismo tiempo que el otro está en el uno, y a la vez son plurales y a la vez son singulares y a veces pareciera como si uno fuera el otro, y lo dice así en 2 Corintios 3:17: "Porque el Señor es el Espíritu". Pero al fin,
¿Quién es el Espíritu, el Hijo o el Espíritu Santo? Parece que el Hijo es el Espíritu Santo y que el Espíritu Santo es el Hijo, porque dice: “18No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, el os enseñará todas las cosas” (Juan 14:18,26). Pero al fin, ¿quién viene? ¿Viene el Hijo o viene el Espíritu Santo? El Hijo dice: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”; es decir, que Él vino y a veces dice que el Padre también vino, y el Padre y Yo vendremos y el que viene es el Espíritu Santo; pero si decimos que vino solo el Espíritu Santo, no es cierto, porque el Hijo dijo: Yo vendré, no os dejaré huérfanos, vendré a vosotros y Yo estoy en vosotros, entonces cuando vino el Espíritu Santo vino el Hijo.

San Pablo, que no había tenido que sufrir los problemas de los Concilios, sin ningún prejuicio dice: “Porque el Señor es el Espíritu”; o Isaías 9:6 dice: “Hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”, y para colmo le añade el apellido eterno.

Entonces, hermanos, nosotros tenemos que dejarle decir a Dios todo lo que dice de Sí mismo, así nuestra mente natural no entienda nada; pero tenemos que creerlo y tenemos que decirlo. Ahora, el asunto es decirlo todo junto, porque si decimos solamente que el Señor es el Espíritu y el Hijo es el Padre Eterno, entonces vamos a caer en el unicismo; y ese es el problema de que algunos escogen unos versículos y otros escogen otros, pero a nosotros nos toca aceptarlos todos y dejarles decir lo que dicen y decirlo tal como lo dicen, así nos corten la cabeza, pero decirlos toditos.

Porque ese fue el ejemplo que nos dejó Juan. Por una parte dice: En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios. ¿Se dieron cuenta? ¿Era con Dios porque no era Dios? Y el Verbo era Dios. ¡Ah! Ahora ustedes son los que tienen que darse cuenta, dice el otro lado; entonces era Dios, no, era con Dios; no, con Dios, Dios mismo; no, no, cómo va ser Dios mismo si era con Dios, no, pero es que es con Dios y es Dios, es con Dios y es Dios; pero son dos Dioses, no, es un solo Dios. La cosa es compleja; pero, hermanos, lo estamos haciendo con todo respeto; no lo estamos haciendo como broma, sino queriendo ser responsables. Es Dios el que habla así, es el Espíritu Santo el que habla así, es el Hijo de Dios el que habla así, es por el Espíritu de Dios que los profetas hablan así, que los apóstoles hablan así de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y en la Biblia estas tres personas distintas del único Dios Verdadero que coexisten desde la eternidad, están una en la otra y una viene en la otra y a veces viene como la otra, y cuando viene una viene la otra y una está aquí y la otra está ahí y el otro no es el otro, pero si es otro distinto y es el mismo; bueno, es difícil pero eso está ahí.

¿No crees que Yo soy en el Padre? Él no sólo es en Sí mismo, sino en el Padre y el Padre es en el Hijo, pero Él no dice: Yo soy y punto; Él dice: El Padre es, pero en mí y Yo soy, pero en el Padre; y dice que el Padre está en el Hijo, pero también dice que el Hijo mora en el seno del Padre. El Padre está en el Hijo; el que recibe al Hijo recibe al Padre y el Hijo viene en el nombre del Padre como si fuera el Padre, y se tiene que decir que el Padre mismo está ahí, se tiene que decir que está ahí. “¿Cuánto hace que estoy con vosotros? Está hablando el Hijo, pero habla en el nombre del Padre, como si fuera el Padre.

“8Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. 9Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?” Parece que fuera la misma persona, pero luego dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? 10¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? 11Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí” “El que me recibe a mí, recibe al que me envió”. Aquí está un Padre que envió y un Hijo enviado, pero el Padre enviador viene en el Hijo enviado y el Hijo viene en el nombre del Padre y el Padre viene en el Hijo, y cuando viene el Espíritu Santo, viene el Hijo y cuando viene el Hijo viene el Padre y no se puede tener al Padre sin el Hijo y sin el Espíritu Santo. Pero si tú recibes al Espíritu Santo, recibes al Hijo, si recibes al Hijo recibes al Padre, porque el Padre es en el Hijo y el Hijo es en el Padre y no se puede tener al Padre sin el Hijo; el que tiene al Hijo tiene también al Padre. Son cosas complejas, pero así habló Jesús y es porque así es.

Ahora, si la palabra "persona" para este tipo de relaciones en lo humano le queda corta, no podemos quitar esa palabra persona, porque es persona, pero son Personas Divinas; como nosotros somos animales, pero racionales, así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Personas pero Divinas, que son coexistentes pero también coinherentes, que está uno en el otro, y uno se trasfunde con el otro y uno aparece como el otro y es el otro, y sin embargo no es y sí es. ¡Qué misterio!

Pero así apareció, así habló, así se reveló, y a Él es a quien amamos y lo amamos como Él es y nos lo comemos enterito, con pezuñas, con intestinos, con todo, como hay que comérselo, como está escrito; y debemos tener todos los versos y dejarle a cada verso decir todo lo que dice, con todas sus implicaciones y decirlo nosotros también así, pero decirlo juntamente con lo que parece contrario, decirlo al mismo tiempo; decir esto y también aquello, ¿quién es el que está en quién? ¿El Hijo en el Padre o el Padre en el Hijo? Dice las dos cosas. ¿Quién viene el Hijo o el Espíritu? El Hijo, el Espíritu, ¿es Dios o es hombre? Es Dios, es hombre. ¿Son tres personas o es una sola persona? Son tres personas, pero a veces están tan compenetradas, trasfundidas la una en la otra que parece que fuera la misma, pero al instante parece que fueran tres, por eso no son tres Dioses, sino un solo Dios, tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Eso era ya complejo antes, pero eso complejo parece sencillo frente a lo demás; está en la Biblia.

Así que, hermanos, además de la coexistencia de las tres Personas Divinas distintas en el único Dios Verdadero debemos confesar también la coinherencia de estas tres personas que están una en la otra y se trasfunden una en la otra y aparece una con la otra y vino una y llegó la otra; en fin, tenemos que aceptarlo así, porque así está en la Escritura. Nos evitaremos más problemas dejándolo así como está escrito y con todas sus implicaciones, pero nunca sacar una implicación que contradiga otra, es decir que niegue a otra que también sea confesada por Dios en la Biblia, tenemos que aceptar al Dios de la Biblia, al Dios revelado en la Biblia como está ahí. Aunque no hayamos entendido, creemos en la coinherencia del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Bendito sea el Nombre del Señor. Amén.

 
 

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