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Vivir humano santificante y perfeccionante del Hijo

Tentado en todo, pero sin pecado

En semejanza de carne de pecado

Preámbulo a la soteriología

Introducción a los variados aspectos del sacrificio de Cristo

Ofrenda por las trasgresiones y ofrenda por el pecado

Perdón y liberación

Ofrenda de paz y reconciliación

Liberación

Hecho maldición por nosotros

Dos aspectos de la santificación

La Cruz entre el mundo y nosotros

La cabeza aplastada de la serpiente

El grano de trigo

Vivificado en espíritu

Sepultado

Primogénito

Declarado Hijo de Dios por la resurrección

Cristo, nuestra justificación y santificación, por la resurrección

Regeneración y nuevo nacimiento

Regeneración y renovación

Renovaos en el espíritu de vuestra mente

Transformación por la renovación

Recapitulación pro configuración

Conformación a Cristo

Vivificación y glorificación del cuerpo

La Vida de Jesús en nuestros cuerpos mortales

Adopción, transformación, resurrección y glorificación de nuestros cuerpos

Ekklessía

Cristo magnificado en el cuerpo

Colofón

Bibliografía de "Edificación"

ANTICIPACION PROFETICA MESIANICA

LINAJE MESIANICO

EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO

ISAGOGIA DE QOHELET

 


     
 

PANORÁMICA DE
CRISTO
COMO CENTRALIDAD




ASPECTO SUBJETIVO

Una recapitulación

En continuidad con esta serie, veamos lo relativo al aspecto subjetivo de Cristo. Esta serie se llama "Tres centralidades", las cuales en la primera ocasión mencionamos, que era primeramente Cristo mismo, la revelación de Dios el Padre a través del Hijo; segundo, el Espíritu; y tercero, el cuerpo de Cristo como organismo de Dios el Padre, Hijo y Espíritu. Hemos comenzado a desglosar la primera parte en lo relativo a la primera centralidad que es Cristo. La vez pasada comenzamos a desglosar los capítulos relativos al Señor, pero enfocando primeramente el aspecto objetivo. ¿Qué se quiere decir con el aspecto objetivo? Lo que el Señor es en Sí mismo, de Sí mismo y para Sí mismo, sépanlo o no lo sepan las demás criaturas, los hombres; creánlo o no lo crean los hombres, Él es el que es; para serlo, Él no depende de que lo sepamos o no. Nuestro conocimiento de Él y nuestra confianza en Él, no le añade a Él nada, porque él no es una creación nuestra; nosotros somos una creación de Él. Él es un ser objetivo y también realizó una obra objetiva en la eternidad conforme a los principios de Dios, y también en el tiempo, en la historia, una obra de encarnación como un ser humano, de muerte en la cruz, de resurrección, etc.; todo esto que mencionamos la vez pasada. Aunque obviamente tiene aplicación subjetiva, era principalmente una consideración objetiva de Cristo. Ahora bien, la intención de Dios al haber hecho al hombre, al haber hecho al hombre sujeto, es que Dios quiere meterse en Cristo, por el Espíritu; Él quiere ser conocido por el hombre también de una manera subjetiva, experimental, mística, interior. De manera que el capítulo de hoy es una continuación del de la vez pasada, sólo que en el de la vez pasada vimos un panorama de Cristo como centralidad en lo objetivo, y hoy debemos ver esa otra panorámica también de Cristo como centralidad en nuestras vidas, pero en lo subjetivo.

En lo objetivo habíamos visto a Cristo en la eternidad, Cristo en la Trinidad; Cristo como segunda persona de la Trinidad como ha sido llamado en la historia de la Iglesia por Teófilo do Antioquía y por Tertuliano de Cartago. Otro aspecto objetivo de Cristo, es Cristo en sus propósitos con la creación; o sea, lo que se llamaría la Teleología Divina. Viene del griego telos, que quiere decir el objetivo, el propósito que Dios tiene, ya no solamente en relación con Su ser, sino en relación con el ser de Sus criaturas. Claro que no puede ser sino Dios la razón y el fin de Sus criaturas; para entonces cuando consideramos la Trinidad esencialmente, Dios en Sí mismo, para Sí mismo, eso es un Dios objetivo que se conoce y que no necesita de la creación, pero por amor Él quiso incorporar a criaturas en Su felicidad, en Su conocimiento; claro que será conocido. Por una parte Su grandeza, por otra parte Su misericordia, por otra parte Su justicia y poder, incluso en Su ira para con el pecado, porque el pecado es mucho, y es muy terrible. El Señor dejó criaturas en su albedrío y ellas escogieron hacer cosas horrendas, y Dios lo ha permitido porque Él ha de revelar también un juicio; pero Dios no solamente es fuego consumidor, Dios también es amor. Además de ser el Señor en la eternidad, lo vemos también en Sus propósitos, en la eternidad, pero en Sus propósitos para con nosotros.

El otro capítulo es Cristo en la creación; eso también es objetivo, es algo fuera de nosotros; aunque después lo podemos conocer de una manera más profunda, pero ya sea que lo conozcamos o no, es un hecho objetivo, eterno y también histórico, porque la creación está en el tiempo, y el tiempo es parte de la creación; entonces es histórico, objetivo en lo eterno y objetivo en lo histórico. También lógicamente con la creación ya hay una revelación de Dios, revelación para con la creación. Dios no tiene revelaciones nuevas, Él ya conoce todo desde la eternidad; así que siempre que se habla de revelación es en relación con la creación. En el momento que Dios creó, comenzó a revelar algo en lo general, pero también hay después una intervención específica de Dios con palabras y con propósitos redentivos, porque la creación cayó, parte de la creación cayó; dos terceras partes de los ángeles, los escogidos, se mantuvieron sin caer, pero la tercera parte cayó, y todos los hombres cayeron, excepto el Señor Jesús. Hay una revelación de Dios a través de la creación, de la conciencia humana, lo que estudia la Teología Natural; y también hay una revelación de Dios al hombre antes de la caída: una revelación especial a Adán y a Eva en el jardín del Edén.

La revelación especial

Hay palabras directas reveladas al hombre y a los hombres, porque a través de la tradición y la transmisión de aquella primera pareja, esa tradición fue pasando de familia en familia, de generación en generación, y algunos desde esa tradición comenzaron a cambiarla, a modificarla; entonces Satanás trabajó en ella y resultaron perversiones de esa tradición, y de ahí surgieron algunas mitologías antiguas, especialmente en la Mesopotamia, y la de los sumerios, la de los acadios, que tienen algunos parecidos por causa de tener un origen común con la revelación bíblica; pero la tradición legítima que pasó de Adán a sus generaciones, incluso a Matusalén, que tuvo muchos años de convivencia con Adán, de manera que esas transmisiones pudieron llegar hasta el diluvio, solamente pasando de Adán a Matusalén y a Sem, y Sem vivió incluso hasta la vida de Isaac, los primeros años de la vida de Isaac. Esto se conoce siguiendo las genealogías de los capítulos 5 y 10 de Génesis y otros. Esa trasmisión, digamos, de la tradición del Edén, de los principios, de los orígenes, de Adán, de Abel, de Set, etc., fueron siendo transmitidas e incluso escritas hasta que Dios providenció una época específica con Moisés en que se escribiera el libro de Génesis en su forma primaria; después hubo algunas adaptaciones a la época, se pusieron en orden algunas palabras de ciudades que habían cambiado de nombre, eso fue efectuado por los posteriores encargados de transmitir la revelación, como Josué, como Samuel y otros; le hicieron algunos arreglitos hasta la época; pero la tradición viene original desde el primer hombre, y el principal recopilador y redactor fue Moisés, aunque antes de él ya había escritura y también tradición oral.

Hubo pues una revelación especial ya no solamente a través de la creación, huellas de un Creador en la creación, huellas de un Legislador en la conciencia, intervención directa de Dios, apariciones teofánicas de Dios a los hombres, y el Espíritu de Dios hablando a través de los profetas, y "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas" (Hebreos 1:1). La revelación más perfecta fue dada en el Señor Jesús.

 En Él se consuma la revelación de Dios. Al llegar el Señor Jesús podemos decir: "Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna", como lo escribió el apóstol San Juan: "El Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna" (1 Juan 5:20).

Entonces vemos a Cristo en la eternidad, en el propósito, en la creación, en la revelación antes de la caída, general y especial, y en la revelación redentiva también especial, progresiva, también después de la caída. Vemos a Cristo en las apariciones teofánicas antes de la encarnación; el Espíritu de Cristo antes de la encarnación operando en los profetas, como dice el apóstol Pedro. Él dice que: El Espíritu de Cristo pre-anunciaba las cosas que habían de venir; eso era a través de los profetas; eso es también una operación objetiva, histórica, de Cristo. Vemos también a Cristo en la kenosis, en el despojamiento, en la encarnación, en la concepción virginal en el cuerpo de la virgen María, en la gestación, en Su crecimiento, en su vivir humano, en Sus pruebas, en toda clase de pruebas múltiples tocando distintos aspectos, específicamente aquellos aspectos característicos de la tentación del hombre, y en los que el hombre cayó, y de donde ha surgido lo que es el mundo. Vemos a Cristo enfrentando al mundo; vemos a Cristo como profeta, como sacerdote, a Cristo como Rey, como el Mesías; vemos la muerte de Cristo y todas las cosas que fueron hechas en la muerte de Cristo; vemos también el viaje de ultratumba, entre la muerte y la resurrección de Cristo, tanto en el Paraíso, como en el Hades, como en el Tártaro.

Vemos la resurrección integral de Cristo, Su aparición a los apóstoles, como en la primera carta a los Corintios. Esas cosas esenciales de la persona de Cristo, de Su muerte, Su sepultura y Su resurrección, de Sus apariciones, Sus enseñanzas antes de la muerte y después de la muerte, Su ascensión, Su entronización, Su intercesión como abogado, Su señorío, Su gobierno de la Iglesia, de los ángeles y principados, incluso del mundo, Su pronto regreso con las distintas etapas; el aspecto del arrebatamiento de la Iglesia, el aspecto de la venida, el aspecto del milenio, el aspecto de los distintos juicios de Cristo, el tribunal de Cristo para juzgar a la Iglesia, el juicio del trono blanco, el juicio de las naciones, etc. Cristo como luminaria en la Nueva Jerusalén. Todos estos son aspectos objetivos de Cristo que hemos visto en forma panorámica y que ahora lo estamos refrescando.

Cristo en la Iglesia

Pero hay un aspecto al que todos tenemos que dedicarle un poco de tiempo, y mirarlo en forma panorámica también. Cada uno de estos ítems que hemos mencionado y los que Dios mediante mencionaremos, ameritan una consideración detenida, tanto en lo objetivo, exegéticamente, teológicamente, como en lo subjetivo, experimentalmente, místicamente.

Ahora que hemos visto a Cristo en la eternidad, en la creación, en la encamación, en la vida, en la muerte, en la resurrección, en la ascensión, ahora tenemos qué ver a Cristo en la Iglesia. La Palabra del Señor nos enseña a Cristo en la Iglesia; lo demás era para esta parte. La razón de la encamación, la razón de la muerte, la razón de la resurrección, la razón de la ascensión, la razón del renacimiento del espíritu es para la inhabitación de Cristo, la formación de Cristo, la configuración de Cristo en la Iglesia. El misterio de Cristo no es sin la Iglesia. Solemos decir que el aspecto objetivo de la historia del Señor Jesús es apenas una primera parte en el programa de Dios, pero en la eternidad, Dios había planeado que ese Hijo unigénito fuera primogénito entre muchos hermanos y fuera cabeza de un cuerpo. ¡Amén!

Entonces, en la Biblia, cuando se habla del misterio de Cristo, en esa expresión se incluye a la Iglesia: por ejemplo, en Efesios 3, Pablo habla del misterio de Cristo; y cuando tú lees todo el contexto del capítulo 3, donde Pablo está hablando de que le fue revelado el misterio de Cristo que en otro tiempo no había sido revelado, mas que ahora en el Nuevo Testamento había sido revelado, y cuando viene diciendo: ¿Cuál es el misterio de Cristo? Entonces dice que el cual es "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Ef. 3:6). Vemos, pues, que el misterio de Cristo se refiere a la incorporación de Cristo. Por eso es que en la primera epístola a los Corintios 2:12, cuando el Espíritu Santo por mano del apóstol Pablo habla de Cristo, él habla del Cristo corporativo.

Entonces hay un aspecto objetivo de Cristo. Hermanos, pongan atención: el mismo Cristo eterno que se despojó y encarnó, murió, resucitó y ascendió, es exactamente el mismo que se ha incorporado en Sus hijos; no es ningún otro. Nosotros, el cuerpo, tenemos que saber de qué Cristo es que somos miembros. La Biblia nos llama a nosotros miembros de Cristo, del Cristo eterno, del Cristo encarnado, del Cristo muerto; es decir, que pasó por la muerte y por el juicio, del Cristo que resucitó, ese Cristo que resucitó para resucitarnos; el Cristo que murió, es el Cristo que murió para liberarnos a nosotros por medio de la muerte juntamente con Él; el Cristo que ascendió es el Cristo que nos ha sentado con Él en lugares celestiales; o sea que el Cristo objetivo, ahora por el Espíritu es también objetivamente el Cristo subjetivo.

El Cristo subjetivo

Cuando decimos subjetivo no quiere decir que sea solamente una creación de nuestro sujeto, no, sino que es objetivamente en nuestro sujeto: espíritu, alma y cuerpo en lo individual y en el concierto corporativo de nuestras personas individuales; es un mismo Cristo.

Ese es el misterio de Cristo: cabeza y cuerpo. De manera, hermanos, que una cosa central en la Palabra del Señor es Cristo también en la Iglesia. Es lo que en Colosenses dice: "misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu" (Ef. 3:5); y ya no en Efesios, sino en Colosenses que dice: "el cual es Cristo en vosotros". Esos distintos capítulos de esta segunda parte: Cristo en la Iglesia, tenemos que considerarlos atentamente; son muy importantes; atañen a la segunda gran parte del plan de Dios; porque la primera parte es en relación con Su Hijo; ahora la segunda parte es en relación con la esposa de Su Hijo, que es Su cuerpo. Entonces la continuación del misterio de Dios, es Cristo, y el misterio de Cristo, que es la Iglesia.

Así como hay capítulos en cuanto al Cristo objetivo, eterno e histórico, también hay capítulos objetivamente aplicados a nuestro sujeto personal y eclesial; esos capítulos son ya no solamente Cristo en la eternidad, Cristo en la creación, Cristo en la encarnación, Cristo en la muerte, Cristo en la resurrección, Cristo en la ascensión, Cristo a la diestra del Padre, sino también Cristo en tu espíritu. Pablo le dice a Timoteo: "El Señor Jesucristo sea con tu espíritu". ¡Aleluya, oh Señor Jesús! amén. Esto comienza con la regeneración, pero también con el moverse de Cristo en nuestro espíritu. Por eso en Romanos 8:10 dice:

 "Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto por causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia", la de Cristo. Ahora, es no solamente Cristo a la diestra del Padre, sino Cristo en nuestro espíritu, y eso tiene, digamos, subdivisiones también.

Cristo en nuestro espíritu

Cristo en nuestro espíritu, Cristo en el espíritu del hombre. Primero Cristo revelado en nosotros; éste es el primer aspecto de Cristo en nuestro espíritu. Dice Pablo: "Cuando agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí" (Gál. 1:15,16). Por ahí comenzó todo; el Padre nos tiene que revelar en el espíritu a Su Hijo; o sea, Dios tiene que tocar nuestro espíritu y ponerse en contacto; Dios el Padre a través del Hijo y por el Espíritu despertando nuestro espíritu, y el Espíritu de Dios glorificando en nuestro espíritu al Hijo y el Hijo al Padre; o sea, Cristo revelado en nuestro espíritu. Por eso dice Pablo a Timoteo: "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu". Cuando dice: "esté con tu espíritu", quiere decir que hay una operación de Cristo en el espíritu porque ya lo venía morando en el espíritu, pero no hay sólo un morar en el espíritu, hay una actividad de Cristo. Primero Cristo revelado a nosotros; ahora Cristo morando en nosotros. Ya es un poco más; Cristo revelado en nosotros y Cristo morando en nosotros, es lo que podríamos decir: Cristo como vida. Ahora, cuando Pablo le dice a Timoteo: "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu", es el ejercicio de la vida de Cristo en nosotros.

Cuando Pablo dice en la segunda carta a los Corintios: "¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?" (2 Co. 13:5). Es decir, hay una revelación de Cristo y una inhabitación de Cristo, Cristo en nosotros, primeramente en nosotros; no es sólo en nuestro espíritu, ese "en nosotros" es también nuestra alma y nuestro cuerpo, pero hay que empezar por el espíritu. Primero es Cristo en nuestro espíritu. "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu", ya mora Cristo; así que cuando dice "sea", quiere decir que ejercite Su persona en tu espíritu; significa Cristo ejercitando Su persona en nuestro espíritu, así como dijo: "¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre es en mí?" (Juan 14:10).

De la misma manera, sin ninguna diferencia como el Padre es en el Hijo, el Hijo es en la Iglesia. El Padre, con el Hijo y el Espíritu es en la Iglesia y al ser, mora, y al morar, se ejercita, ejercita Su persona; es decir, que en tu espíritu como hijo de Dios legítimo, como individuo cristiano, como hijo o hija de Dios personal, existe una actividad de Cristo, Cristo en el espíritu. Dijo: "Que el Señor sea con tu espíritu", que no vivas tu vida solamente sin Cristo, sino que tengas vida, y entonces esa es una parte. Cuando es Cristo revelado y morando y ejercitando en nuestro espíritu, hay vida, pero cuando es Cristo formado en vida, ese es otro aspecto. Entonces el primer aspecto es Cristo en nuestro espíritu. Cristo en la eternidad, Cristo en la creación, Cristo en la encarnación, Cristo en el sacerdocio, Cristo en la profecía, en el reino, Cristo en la cruz, Cristo en la resurrección, Cristo en la ascensión, exactamente es el mismo Cristo revelado y morando en ti y ejercitando Su persona en tu espíritu primeramente.

Qué hermoso que el ser humano haya sido creado con un espíritu, y que pueda percibir en su espíritu el ser, el vivir, el actuar, el moverse de Él; esto es algo muy grande. Es Cristo en nuestro espíritu. Tiene varias partes.

Cristo en nuestro corazón

Después viene Cristo en el alma, y vamos a agrandar un poquito esta palabra, alma, para tomar del espíritu; porque ustedes saben que el espíritu humano tiene tres partes, tres funciones: la función de la intuición, la conciencia y la comunión con Dios. Nuestra comunión verdadera es con el Padre y con el Hijo en nuestro espíritu. ¡Aleluya! Comunión verdadera con el Padre y con el Hijo en nuestro espíritu.

Entonces tomando esta parte del espíritu llamada la conciencia, más las tres partes del alma: mente, voluntad y emociones, tenemos el corazón: o sea Cristo habitando en el corazón, que equivale a Cristo formado en nosotros. Aquí era Cristo revelado, como Pablo en Gálatas nos dice: "Cuando agradó a Dios revelar a su Hijo en mí". Igual que hizo con Pedro: "No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre".

Ahora, ¿dónde se recibe la revelación? en el espíritu. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente; a Cristo se le debe conocer espiritualmente. Aun como el Cristo histórico, hay un conocimiento de Cristo según la carne, pero ahora como ha resucitado y nos ha regenerado, ya no lo conocemos solamente según la carne, no solamente según la historia. No necesitamos ponernos en esos problemas de historicidad de una manera terrible, de decir hasta qué punto eran históricos los Evangelios, cuánto tiempo hubo entre la historia y la Escritura. Hay personas que están muy preocupadas con eso, muchos teólogos, pero Pablo dice: "Aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así"; o sea que ahora el conocer a Cristo es en el espíritu; eso es el Cristo revelado en nosotros, es conocer a Cristo, es que el Espíritu de Cristo sea participado en mi espíritu y yo ya no conozco a Cristo desde afuera, sino desde adentro, y empiezas a experimentar un poquitico de lo que es experimentar a Cristo, empiezas a entender Sus frases y Sus actitudes desde adentro, se te concede incluso participar de sus padecimientos poquito a poco.

La intención de Dios es darnos a Cristo, todo de Cristo, a Cristo como todo. Sin embargo, dice Pablo en la epístola a los Efesios (yo sé que mis hermanos conocen estos versos, pero no se los estoy leyendo sino citando de memoria, porque ustedes los conocen): "14Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16para que os les dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Ef. 3:14-17). Pablo le está escribiendo no a incrédulos, él no lo está diciendo a incrédulos que no han nacido de nuevo, que Cristo habite por la fé en sus corazones; él está diciendo a la iglesia en Efeso, que ya había recibido a Cristo y tenía a Cristo en sus vidas, pero cuando él dice: Cristo habitando en el corazón, no es una cosa simple. Hay que entender lo que es el corazón en la Biblia. Entonces es Cristo en la mente, Cristo en la voluntad, Cristo en la emoción, Cristo en la conciencia.

La Biblia dice: "Mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo". Eso es por causa de Cristo ser formado en la conciencia, porque el Espíritu Santo lo que nos hace es traer a Cristo. "18No os dejaré huédanos; vendré a vosotros; 23y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:18,23). Ahora, hacer morada es como preparar Su cuarto, preparar Su ducha, preparar Su comida, preparar Su vida cotidiana en él. Él quiere habitar en nuestra vida cotidiana; Él no nos hizo marcianos, ni ángeles; él nos hizo hombres con los pies en la tierra, y Él quiere vivir nuestra vida humana a través de nuestra cotidianidad; Él quiere meterse en todo nuestro ser, Él quiere pasar de ser vida a ser vivir.

Cristo en nuestro espíritu es Cristo como vida, pero Cristo en nuestra alma es Cristo saliendo del círculo del Lugar Santísimo al Lugar Santo y después al Atrio. Aquí es espíritu, aquí es atrio, aquí es cuerpo. Aquí en el espíritu hay conciencia, comunión e intuición. Aquí en el alma hay mente, voluntad y emociones. Entonces es Cristo en nuestra conciencia; es decir, que hay conciencias que están separadas de Cristo, que son conciencias malas, que son conciencias cauterizadas, que son conciencias corrompidas, como sucedía en el caso que nos mencionaba en la primera clase nuestro hermano Alejandro, que es el caso de aquellos seres humanos como nosotros, iguales que nosotros que eran fariseos, que colaban el mosquito pero que tragaban el camello, que a lo mayor le decían menor y a lo menor le decían mayor, o sea era una conciencia que no funcionaba bien, unas conciencias que estaban tergiversadas, y ahora Cristo tenía que formarse en esas conciencias y les ayudaba. ¿Qué es mayor? ¿Qué es primero? ¿Qué es lo más importante? Porque ellos le llamaban más importante a esto menos importante, y tenían en poco lo más importante, y decían ¿qué es lo más importante? Era el Señor corrigiendo el funcionamiento de las conciencias, sus conciencias estaban afectadas; o sea que a veces la conciencia humana anda por un lado y Cristo anda por otro, aun siendo cristianos. ¿Por qué? Porque esto se trata de la formación de Cristo en ti. Una cosa es que Cristo te sea revelado, otra cosa es que Cristo more y otra cosa es que Cristo se forme.

Cristo formado en nosotros

Dice Pablo en Gálatas dice: "Cristo ha sido revelado en mí; le agradó al Padre revelar a Su Hijo en mí", pero luego en el siguiente capítulo dice: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gál. 2:20). Cristo como vida. "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste" (Col.3:4). Cristo vuestra vida. Pero luego en Gálatas, nos dice Pablo: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gál. 4:19); ya esa es otra cosa, ya esta flor se va abriendo, hermanos. Primero estaba en la eternidad, luego se hizo hombre, luego pasó por la muerte, por la resurrección, por la ascensión, se sentó a la diestra y envió al Espíritu, y el Espíritu toma todo lo que es del Hijo y el Hijo toma todo lo que es del Padre, y el Padre en el Hijo, y el Padre y el Hijo en el Espíritu vienen primero y te revela. Ya has entrado en contacto con Dios al recibir la palabra de los apóstoles que dice: "Esto os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1:3), porque el Padre viene con el Hijo, "no me ha dejado solo el Padre", "el que me envió, conmigo está", "el que recibe al Hijo recibe al Padre", "el Padre y yo vendremos y haremos morada contigo". El Padre viene a través del Hijo, y el Padre y el Hijo vienen a nosotros por el Espíritu, "el Espíritu tomará de lo mío", "todo lo que tiene el Padre es mío y él os lo hará saber". Pero esa palabra "saber" es el conocer; no es el conocer solamente intelectual, que es sólo una función exterior de la mente creada por Dios, que puede funcionar bien si está en su lugar o mal si se rebela; pero aquí el "conocer" es no según la carne, no; es conocer a Cristo según el Espíritu.

Entonces dice: "En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí, y yo en vosotros". "Yo en vosotros", ese es Cristo en la Iglesia; ese "vosotros" es el espíritu de cada uno, el alma de cada uno, el cuerpo de cada uno, el espíritu de todos nosotros juntos en la unidad del espíritu, y también el Espíritu de Dios en nuestras almas juntas como un solo corazón y alma; ya no sólo unidad, sino unanimidad. Ese es también Cristo en la unanimidad de la Iglesia, o sea que ese Cristo glorioso salió de la eternidad para meterse en nuestro ser y nos lleva con Él. ¡Aleluya! Y aparece en gloria en su Iglesia, al final. Amén. Habiendo salido, como decir, del silencio antes de la creación, a la plenitud de la revelación en gloria; esa salida de Dios es una cosa maravillosa porque el misterio es el misterio de Dios.

Cristo en la conciencia; Cristo en la mente. La palabra de Dios lo dice claro: "Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Co. 10:5). Una cosa son los pensamientos rebeldes, enemigos sueltos, y otra cosa son los pensamientos habitados, cabalgados, dirigidos, renovados por Cristo. Cuando dice en Efesios: "para que habite Cristo por la fe en los corazones", se lo está diciendo a la Iglesia; no está diciendo que reciba a Cristo como Salvador personal, no. Ellos ya lo habían recibido, ya habían nacido de nuevo; está hablando del proceso de formación de Cristo, el proceso de domación. Necesitamos ser domados; nuestros pensamientos tienen que ser domados por Cristo; es Cristo habitando en la mente, Cristo habitando también, en las emociones. La Palabra dice: "Haya, pues, en vosotros ese sentir que hubo tambien en Cristo Jesús" (Fil. 2:5). Lo hubo en Cristo. ¿Lo hubo desde cuándo? desde la eternidad. ¿A qué sentir se refiere? Al sentir que Cristo tenía en la eternidad, "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil. 2:6). No se aferró de nada, no se confió absolutamente de nada, no peleó con nadie, no reclamó, confió totalmente, no le atribuyó al Padre ninguna mala intención; se humilló, se puso en las manos del Padre, y el Padre le dijo: vas a morir, y aceptó la muerte hasta lo sumo. Ese es el sentir de Cristo, del Cristo eterno que siempre fue en la eternidad, y continuó tomando esa decisión, y luego llevándola a cabo en conformidad, a partir de la encarnación, de la kenosis, el despojamiento, y la encarnación. Ahora, ese mismo sentir, dice, haya en vosotros, No es algo que nosotros nos inventamos. ¡Qué maravilla! Es algo que Él es, que Él hizo, y ahora lo hemos recibido y está haciendo Su trabajo; Él está haciendo Su trabajo.

Cuando nosotros queremos reclamar, entonces Él nos corrige; antes no nos dábamos cuenta, antes nos parecía normal reclamar, protestar; todo nos parecía lo más normal; no nos sonaba destemplado, pero ahora qué destemplado suena. Es porque Cristo se está formando, porque ahora Cristo está haciendo que haya en nosotros el mismo sentir que hubo en Él. Esa es la formación, eso no es nada teórico; es algo muy práctico, es algo de nuestra conciencia, es algo de nuestros pensamientos, es algo de nuestro sentimientos, de nuestras emociones. Nosotros por años aceptamos ciertas emociones; podían ser de amargura, o de odio, o de envidia, o de lástima de sí mismo, o de jactancia, o de orgullo, cantidad de sentimientos; ahí convivimos con ellos como lo más normal, y todo el mundo se nos tenía que cuadrar, pero el Señor Jesucristo empezó a hacer Su trabajo, y ahora no nos admite esos sentimientos; ahora no nos admite esas cosas. Antes, cuando éramos chiquitos, podíamos usar los pañales y hasta podíamos arreglar las cosas así rapidito, pero después no; cosas que a otros le han sido permitidas, a ti ya no te van a ser permitidas. De pronto te encuentras con un Cristo muy verdadero, que resiste a los soberbios y da gracia a los humildes; cuando se levanta la soberbia en nosotros, nos encontramos con un muro y no le podemos coquetear; no hay otra salida sino humillarnos, deponer nuestro orgullo hasta la muerte, ser perdonados, ser limpiados, pasar su examen y recibir el testimonio de Su Espíritu en nuestro espíritu, el fluir de la fuente purificadora que termine con nosotros. Ya no importamos, porque ahora estamos en Él.

Pero antes de ser cenizas, todo nos importa; pero a medida que estamos más en la luz, somos más expuestos y se nos trata más; y gracias a Dios que trata con nosotros y no nos deja en esas tinieblas, sino que nos ha llamado de las tinieblas a su luz para ir saliendo como demonios escondidos, poco a poco. Claro que no somos demonios, pero como que vamos sacando nuestra miseria y la vamos trayendo a Sus pies, y Él nos va conquistando, nos va perdonando, nos va limpiando.

Cristo renovando nuestra alma

Cristo en la voluntad, se refiere al querer de Cristo, al querer que Dios produce en nosotros; ya no es mi querer solo, sino que "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer" (Fil. 2:13).

Entonces nos damos cuenta que Cristo en la conciencia, en la mente, en la voluntad, en las emociones, ya es Cristo formado en nosotros.

Lo relativo a Cristo revelado y comenzando a morar en nosotros, es la regeneración; pero Cristo renovando nuestro entendimiento, nuestra voluntad, nuestros sentimientos, eso ya es un proceso; eso es la renovación.

Cristo en el espíritu es la regeneración, Cristo como vida. Cristo en el alma, en la conciencia, en la mente, en la voluntad, en la emoción, en el corazón, es Cristo formándose, es Cristo como vivir. En el espíritu es como vida, en el alma es como vivir; o sea que Dios creó al hombre para el vivir de Cristo. A veces nosotros tenemos nuestro propio vivir en nosotros; pero el Señor sabe que un día quisimos ser de Él, pero estamos muy habituados al vivir en nosotros mismos; y aunque tuvimos la intención, y de corazón nos entregamos a Él, nuestra alma y la inercia nos tienen acostumbrados a vivir en nosotros mismos. Entonces le toca a Él intervenir; le toca a Él decir: ¿Me das permiso? También viene después como Cristo formado en nosotros, Cristo en el cuerpo. Claro que esta renovación, este vivir de Cristo, es el que produce la transformación; porque la Palabra dice: "transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Ro. 12:2).

Cristo vendrá, etc., etc., hasta llegar a nuestro espíritu, revelarse, morar, moverse, actuar, ejercer Su persona y empezar a ejercer desde el espíritu para habitar en nuestra conciencia, en nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, en cooperación con Él. Así es que Él nos renueva. La renovación es lo que produce la transformación; entonces por eso dice: "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".

 Para que comprobéis; de lo contrario, todo se queda sin comprobar, se queda en pura teoría, pero para que comprobemos, debemos cambiar de forma, pasar de una forma a otra. Eso es lo que quiere decir ser transformados; pasar de una forma a otra; y eso se realiza por medio de la renovación; la renovación comienza por el entendimiento.

Configuración a la imagen de Cristo

Ahora habita en nosotros un nuevo entendimiento que nos sopló el Espíritu de Cristo; ahora entendemos y simpatizamos y consentimos; entonces ahora Él da un paso más en nuestro ser; ahora nos va transformando hasta configurarnos; es la siguiente etapa. Después de la renovación, la transformación, es la configuración a Su imagen; ya es cuando esta transformación llega a donde está destinada a llegar.

Dios no quiere que nos quedemos por la mitad; Él quiere que por lo menos los vencedores en la Iglesia paguen el precio para que tenga culminación el programa de Dios. Puede ser que no todos en la planta vayan a llegar a reproducir el grano que fue sembrado; algunos se quedan por las ramas, por la derecha, por la izquierda; se quedarán por ahí en la cáscara, digamos, de la mazorca; pero algunos llegarán a ser exactamente como lo que fue sembrado.

La historia de la Iglesia es como esa planta que crece. Algunos se quedan por ahí por las ramas; para algo servirán. Claro que el Señor no se puede alimentar de hojas; Él se alimenta del fruto, pero las hojas nacieron de la vida o tienen algo de vida, pero no son su expresión más perfecta. Ahora, ¿será que Dios nos llamó a la expresión más perfecta? o si no, ¿para qué estamos hablando de estas cosas? ¿Por qué no estamos mejor hablando de otras cosas? ¿No será que Dios espera de nosotros consentimiento para que nos entreguemos sin ninguna reserva a Cristo? Él llevará esta transformación hasta que cambiemos de forma; no siempre será agradable, pero el Señor dijo: "20Vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora" (Jn. 16:20-21). ¿Por qué? Porque cada vez estarás más descontento contigo mismo. Antes te soportabas más, pero cada vez te soportas menos; antes te dabas muchos permisos; después dirás: Señor, no quiero mover un dedo sin tu ayuda. Entonces esto pertenece a Cristo en el alma también; aunque esta configuración va a ser también en tu cuerpo. Pero nuestra personalidad es una; lo que Dios quiere ganar y que ganemos con ella es el alma; "con paciencia ganaréis vuestras almas". Esto no se refiere a la salvación del infierno, sino a la transformación a la imagen de Cristo. Que el alma se parezca a Cristo, que Cristo pueda decir: esta alma es como yo, siente como yo, piensa como yo, actúa como yo, quiere como yo; yo quiero con él, él quiere conmigo, cooperamos juntos; así que, "Padre, dónde yo estoy, éstos estén conmigo".

Esta configuración es obviamente en el alma principalmente, pero también llegará al cuerpo, pues la Biblia habla de Cristo en el cuerpo, pero también tiene sus partes. Pablo dice en Filipenses: "Ahora también seré magnificado en mí cuerpo"; es de dos maneras: o por vida o por muerte, o sea que eso se refiere a ahora, una etapa, después viene la resurrección. Antes de la resurrección hay un operar de Cristo, hay un magnificarse de Cristo en nuestro cuerpo. Nuestros cuerpos, dice: "son miembros de Cristo". Dice: "¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera?" (1 Corintios 6:15). Es decir, que Cristo debe ser magnificado en nuestro cuerpo; nuestro cuerpo físico también es llamado, no sólo, pero también "miembros de Cristo". Dios está haciendo la misma operación en nuestro cuerpo; Él está santificando nuestro espíritu, alma y cuerpo. ¿Cómo? magnificando a Cristo en el cuerpo; es decir que Cristo pueda usar más nuestro cuerpo, que nuestro cuerpo sea cada vez más separado, exclusivo de Cristo, que Cristo pueda caminar con nuestros pies, trabajar con nuestras manos, hablar con nuestra boca, mirar con nuestros ojos, oír con nuestros oídos; eso es magnificar a Cristo. Entonces dice Pablo: "Ahora"..., también ahora, eso todavía en vida de Pablo; que estaba preso y estaba en situaciones difíciles para el cuerpo de Pablo porque él estaba en prisión y pasando pruebas en su cuerpo. Entonces dice: "Ahora (ahora, ahora) también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte" (Fil. 1:20), es decir, si quedaba vivo, entonces él seguiría trabajando para Cristo en Su obra, en la carne. Mientras él trabajara en su carne como instrumento para la obra de Dios, que Dios mismo, Cristo mismo, el Espíritu mismo, la Trinidad misma haga Su obra por él; Pablo usando su cuerpo. Esa es una magnificación de Cristo en el cuerpo para vida. O si él moría, era ofrecido en sacrificio, en libación sobre el sacrificio; también Cristo era magnificado en el martirio, en el martirio de Pablo, cuando él fuera decapitado, allí Cristo estaba siendo magnificado. Pero, la Biblia habla no solamente de este aspecto actual de la operación de Cristo. Dice: "10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (Romanos 8.10-11). De manera que esta vivificación del cuerpo mortal también tiene dos partes:

Primero ahora, como anticipo, y en la resurrección. Ahora, porque así dice en la Escritura en segunda a los Corintios; en nosotros actúa la muerte, y en vosotros la vida; y dice: para que Cristo, para que Jesús sea manifestado en vida a través de nuestros cuerpos mortales; es Cristo en nuestros cuerpos mortales. Cristo magnificado en nuestro cuerpo, por vida o por muerte; vindicando nuestros cuerpos. A veces estamos cansados, no damos más, pero el Señor llega a nuestra voluntad y le dice a nuestro cuerpo: se sienta y va a transcribir este cassette de nuevo. Como le pasó a Marlene; después de que había hecho una transcripción y el diablo se la borró, era como para no volver a sentarse en un computador en muchos meses, pero el Espíritu Santo apareció a la voluntad, al cuerpo y al computador.

Aleluya. Cristo vivificando nuestros cuerpos mortales. A veces estamos cansados, a veces nos duele algo, cualquier cosa, pero ahí está Cristo.

Cuando nosotros participamos de la cena del Señor, estamos alimentando también la resurrección del cuerpo. "54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida" (Juan 6:54,55). Pero esa resurrección ya tiene un anticipo, lo que se llaman los poderes del siglo venidero; como por ejemplo: la sanidad, los milagros en nuestro cuerpo. Después sí vendrá la resurrección completa de nuestro cuerpo en la venida del Señor, pero no necesitamos esperar la resurrección del cuerpo para que ya nuestro cuerpo mortal reciba algún beneficio, sólo que no es el beneficio total.

La plenitud de Cristo

El Espíritu es el anticipo de la herencia, pero la herencia completa alcanza a nuestros cuerpos y alcanza la naturaleza; aun la creación será libertada de la esclavitud a la libertad gloriosa de los hijos de Dios; eso es cosa grande. Entonces es Cristo magnificado en nuestro cuerpo. Hasta aquí todo es individual, pero en la parte siguiente es la parte corporativa. Dice que Cristo habita en nuestros corazones por la fe. ¿A fin de qué? Con este objetivo: que arraigados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos, cuáles sean las medidas de Cristo, la anchura, la longitud, la profundidad y ser llenos de la plenitud; o sea, que el trabajo que el Señor hace en el individuo es en función a Su ensamble en el cuerpo de Cristo; así como se trabajaba con las piedras allá aparte, sin hacer ruido, y después se traían y se ensamblaban unas con otras para armar la casa de Dios. Es lo que dice en Efesios: "El ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en nuestros corazones"; es decir, cuando ya Cristo está tratando con nuestros pensamientos negativos, prejuicios, sospechas; mejor dicho, somos muy terribles. ¿Para qué nos ponemos a hacer explicaciones si ya sabemos, si ya tenemos experiencia? "A fin de que arraigados en amor", o sea que esa formación de Cristo en el alma, es un echar raíces para entrelazarnos y conducirnos; allí ya no se trata de la unidad del espíritu, sino de la unanimidad de los santos. "Arraigados en amor", ya no es algo individual. Si yo no soy tratado en mi manera de pensar, de sentir, de querer, yo no voy a poder convivir con mis hermanos. A veces nuestros pensamientos son sólo lo peor y decimos lo peor e imaginamos lo peor; nunca tuvimos un pensamiento de confesión, un pensamiento de gracia; un discernimiento no es el que sana, es la gracia; la vida entre el perdón y la misericordia, el ánimo que empieza a fluir del espíritu, la compasión, eso es lo que sana.

Entonces dice: "Arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos". ¡Ah! comprender con todos. Aunque a veces, debo comprender yo solo. Yo no opino como usted, ni pienso como usted, no, no. El Señor nos quiere llevar a tener una misma mente, un mismo parecer, que hablemos una misma cosa, que sigamos una misma regla; entonces desde ya tiene que haber un trabajo en nosotros para poder tener un mismo parecer con mi hermano, de lo contrario cada uno tiene su parecer; pero Dios quiere que todos juntos tengamos el parecer de Cristo, el sentir de Cristo, pero ya juntos, ya no sólo yo, sino juntos; y entonces ahí viene lo que es la comunión del espíritu, la unidad del espíritu, la unidad de la fé y del conocimiento, que hay que alcanzarla. Es un proceso; eso es comprender con todos los santos; ahí es cuando uno tiene que aprender a encajar con todos. No es más. Que lo que de Cristo llegue y lo de Cristo en mí se reconozca mutuamente, y lo ajeno también sea sindicado y señalado. Eso es un proceso, pero en eso estamos.

¡Ah! que fácil es quedarnos solitos, porque ahí nadie me molesta, nadie me da sus opiniones, nadie me corrige, pero estar con otros que piensan distinto, que sienten distinto, es como una olla express que tiene yuca, plátano, papa, mejor dicho, un sancocho; ahí se está volviendo zancocho; al final el sancocho está cocinado; pues bueno, parece que la papa sabe a carne, la carne sabe a repollo, el repollo sabe a carne: todos han aceptado un poquito de lo de uno, han aceptado un poquito del suyo al otro, cuando el sancocho está cocinado. Mientras tanto, vamos avanzando, ese es nuestro camino; tenemos que saber eso en serio. Muy fácil es quedarse solo, muy fácil es hacer las cosas donde otros no nos supervisen, no opinen, no analicen nada, no me digan nada; pero estar viviendo las 24 horas del día delante de todos, donde todos están viéndonos las 24 horas, como eres tú, es diferente, porque ahí estamos a la luz del Señor directa y reflejada a través de los santos.

A veces, un hermano está bien y nos ayuda a todos; a veces el que está bien es otro; a veces cargo a todos, pero viene otro más poderoso y me libera de mi carga y me trae vida y entonces le trae también a los otros. "Comprender con" significa una misma mente y un mismo parecer; no echemos por la borda el querer de Dios, ese querer de Cristo; ese es el trabajo de Dios en la tierra, el trabajo de Dios con nosotros, entre nosotros y con nosotros para con otros. Es hacernos de una misma mente, de un mismo parecer en Él, la mente de Cristo, como dice la Biblia. Juntos tenemos la mente de Cristo; ese es su trabajo, pensar igual, porque el Señor nos ha dado el pensar lo mismo. No es que yo diga: Usted tiene que pensar como yo, no, no; no es eso. Es que Cristo nos hace pensar de la misma manera. Una cosa muy distinta es cuando Cristo nos hace pensar de la misma manera.

Hermanos, es una pérdida de tiempo tratar de hacer pensar a otro como yo. ¿Para qué perder tiempo? Pero deja que Cristo haga la obra. ¿Saben qué? Hasta los demonios van a pensar como piensa Dios. Dice que aun los de debajo de la tierra doblarán su rodilla y confesarán con su boca, que Jesús es el Señor. ¿Saben qué dice el Señor a los vencedores de Esmirna? Les dice: "Yo conozco... la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás" (Apocalipsis 2:9). Y a los vencedores de Filadelfia les dice el Señor: "He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo (no eres tú) haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado" (Ap. 3:9). ¡Terrible! No, tú no tienes que hacer nada; la gente puede criticar y decir cosas y tú no tienes que pelear con ellos.

Si tú estás diciendo lo que dice Cristo, déjalos que protesten; va a llegar el momento en que la mano del Señor se va a poner en la cerviz y los va a traer, y ellos van a tener que confesar: Hermanos, ustedes eran los que tenían la razón; yo era un egoista, un necio y hablaba lo que no entendía. Cuando la mano del Señor venga, entonces todos nosotros podemos opinar, decir muchas cosas, pero cada vez todo lo que es mentira va siendo expuesto, todo lo que está oculto va a ir siendo expuesto, todo lo que es vergonzoso va siendo expuesto.

Dice el Señor: "Y conoceréis". ¡Ah! todavía ustedes se dejan engañar por las apariencias, pero conoceréis la diferencia del que sirve a Dios y del que no le sirve; esa es la promesa del Señor, pero después; ahora la gente habla y dice cosas y protesta como si el Señor no fuera a establecer Su reino en forma definitiva. Ya lo está estableciendo en la lglesia por el Espíritu, pero en aquellos que querían que reinase, mientras estamos negociando para Él, mientras Él se fue a recibir el Reino. Cuando Él venga y haya recibido el reino, a ver qué negocio hicimos con lo que Él nos dio, entonces Él va a decir: Aquellos que no querían que yo reinase, serán decapitados; les quitó la cabeza porque ellos querían ser cabeza y querían que las cosas fueran como ellos pensaban. Él nos tiene que quitar la cabeza, porque no hay sino una sola cabeza en el universo: Cristo.

Hermanos, lo mejor es nosotros mismos aceptar por cabeza al Señor Jesús, para que no quedemos sin cabeza. Todo esto, hermanos, es para la Iglesia. Un solo corazón, una sola alma, unanimidad; ya no es sólo espíritu, es unanimidad. El Señor está trabajando en la unanimidad, es Cristo en el alma de la Iglesia, es Cristo en el corazón de la Iglesia en cada localidad, la Iglesia en Jerusalén juntos y unánimes: un solo corazón, una sola alma; ese es el trabajo. Entonces sí, después viene la resurrección de todos los santos y viene el milenio y viene el juicio del trono blanco y viene la participación de los santos en el juicio, incluso de los ángeles; después viene un nuevo cielo y una nueva tierra: la Nueva Jerusalén y la esposa del Cordero, teniendo transparencia de gloria. Ese trabajo de hacernos transparentes es el que está haciendo ahora. El vidrio al principio no es transparente, es como arena, es como tierra; pero es allí en el fuego que se cocina y se va volviendo transparente. Entonces, nosotros que no somos transparentes de buenas a primeras, somos sumamente astutos, pero el Señor nos va haciendo cada vez más transparentes, más directos, menos fingimiento, menos vueltas, más directos y eso hasta que seamos completamente diáfanos, sin distorsionar al Señor. No. Que no tengamos que quitar aquí ni agregar allá, sino que el Señor pueda pasar a través de nosotros, como se decía antes, como la entrada del sol pasa por el vidrio sin romperlo ni mancharlo.

Entonces ya Cristo en vosotros (ese vosotros es cada uno) y todos Juntos en Jerusalén, todos juntos en Antioquía, todos juntos en Corinto, todos juntos en Éfeso, en Tunjuelito, en Suba, en Engativá, en Teusaquillo, en Barrios Unidos, en Usaquén, en Puente Aranda, etc., en cada localidad. Cristo en vosotros, cada uno, como un solo cuerpo, y luego toda la región, la comunión de las Iglesias entre sí, y luego las de todo el mundo: el cuerpo de Cristo. Cada iglesia local, entonces los grupos de iglesias locales en regiones y campos; y entonces la Iglesia Universal. Ahí vemos esa salida de Dios, que sale de Sí mismo para revelarse y meterse en la lglesia y aparecer en gloria a través de la esposa: La Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero. Cristo en la Iglesia, el mismo Cristo desde la eternidad, en el propósito de la creación, de la encarnación, del vivir humano, de la muerte, de la resurrección, de la ascensión, de la mediación, del regreso, Él mismo en Espíritu, en el espíritu, en el alma y en el cuerpo; en la iglesia de cada localidad, en la comunión de las iglesias de la región y en la comunión de los santos: el cuerpo único de Cristo.

 Cristo corporativo, Cristo que tiene muchos miembros, Cristo en
gloria y la esperanza de nuestra gloria en Él, la Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero, teniendo la gloria de Dios. Amén.☐


"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo".
    (Pablo, 1ª Corintios 3:11)

 
 

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