LA DIVINIDAD DEL VERBO

   
 


 

 

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LA DIVINIDAD DEL VERBO



Encaramos, pues, ésta, con el conocimiento paralelo de Su co-existencia con Dios el Padre. El Verbo que se hizo carne, Jesús el Cristo, es claramente llamado Dios en las Escrituras según Su revelación propia:

"Y el Verbo era Dios" ("y Dios era el Verbo"). Dios es lo que se predica del Verbo.


Hay varias Escrituras que nos hablan primeramente de Dios en Cristo, y también entonces de Cristo – Dios, sí, incluso del Hijo – Dios antes de la encarnación: Yahveh enviado de Yahveh. Comencemos leyendo de las primeras:


"...Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo".104 “Porque en él habita corporaImente toda la plenitud de la deidad".105 "17...al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos amén. 14...la aparición de nuestro Señor Jesucristo, 15la cual a su tiempo mostrará al bienaventurado y sólo Soberano, Rey de reyes y Señor de señores, 16el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén".106


"Yo soy el Alfa y la 0mega, el principio y el fin". "Yo soy el Alfa y Ia Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el todopoderoso".108 ("Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último")109 (en estas últimas citas, porciones no se encuentran en todos los manuscritos). He aquí ahora algunas declaraciones de Jesús acerca de Sí mismo: "22Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió... 26Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo". "Si me conocieseis también a mi Padre conoceríais".111 "Antes que Abraham fuese, yo soy".112 "Yo y el Padre uno somos".113 "Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis y le habéis visto... 9¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?"114


Además de éstas, están las declaraciones proféticas acerca del Cristo como Yahveh mismo; veamos además las de Su nacimiento e infancia: "He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel",115 lo cual tuvo cumplimiento según Mateo apóstol: "...Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" [1:23]; e Isaías profetizó: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado... y se llamará su nombre... DIOS FUERTE, PADRE eterno, príncipe de Paz" (9:6).


Lo que Jesús mandó contar a Juan el Bautista, según Mateo 11:5, fue el cumplimiento de Isaías 35:4-6 donde Dios mismo viene y salva y abre los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos. Juan el Bautista, la voz que clamó en el desierto, según Isaías, preparaba camino a Yahveh y enderezaba calzada en la soledad a nuestro Dios.116 Jeremías le llama al Mesías: Yahveh, justicia nuestra.117 Zacarías presenta a Yahveh vendido por 30 piezas de plata,118 también traspasado,119 viniendo en gloria con todos los santos para afirmar sus pies sobre el monte de los Olivos.120 Todo es aplicado exactamente a Jesucristo, en quien hallan cumplimiento estas profecías acerca de Yahveh. Así, pues, que vemos a las Escrituras mostrarnos a Jesucristo cual Yahveh en Cristo. En Cristo vemos a Dios en carne, como está escrito: "...de los cuales (los patriarcas) según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén".


(ἐξ ν ὁ Χριστὸς τὸ κατὰ σάρκα ὁ ὢν ἐπὶ πάντων θεὸς

ex wn  o Kristos    to kata   sarka  o  wn epi pantwn  Teos
εὐλογητὸς εἰς τοὺς αἰνας, ἀμήν.
eulogetos    eis tous  aionas,  amén).

Y la primera carta de Pablo a Timoteo: "Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad; Dios (aquí el original no dice Teos, sino ὃς, quien, el cual) fue manifestado en carne, justificado en espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria" (3:16), lo cual no sería ningún misterio si fuese sólo aplicado a una criatura, hombre o ángel.


Los apóstoles, pues, le llaman a Jesucristo indefectiblemente Dios.
Pedro le llama:


"Nuestro Dios y Salvador Jesucristo".122

το θεο ἡμν καὶ σωτρος Ιησο Χριστο
tou Teou emwn kai Soteros Yesou Kristou
del Dios nuestro y Salvador Jesús Cristo.

Pablo le llama igualmente:


"Nuestro gran Dios y salvador Jesucristo".123

(μεγάλου θεο καὶ σωτρος ἡμν Χριστο Ιησο
Megalou  Teou kai   Soteros   emwn Kristou  Yesou).
Gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús.

El apóstol Tomás le llamó: "¡Señor mío y Díos mío!"124. Juan dice que Dios era el Verbo,125 y que al Dios invisible, el Díos unigénito126 ha dado a conocer.


Así que toda la evidencia presentada nos descubre al Señor Jesucristo, el Verbo encarnado, como siendo Dios mismo. Ahora bien, alguno podría falazmente argumentar con la unicidad modalista que la Deidad vista en el Hijo era tan sólo la del Padre, haciendo así al Hijo un mero tabernáculo humano; o sea, nos hablaría del Padre como Hijo, y no del Padre en el Hijo, lo cual sería un grave error, pues NIEGA AL HIJO, Ya que éste que es enviado del Padre y a él ora; no ora ni es enviado como un mero hombre, pues quien ora, aunque es verdadero hombre, no es sólo hombre, sino que es el Verbo que estaba con Dios y era Dios, hecho carne, semejante a los hombres, y cuando dialoga con el Padre, dialoga acerca de la gloria compartida antes de la encarnación. También Hebreos 1:2 nos presenta al Hijo en la creación antes de la encamación.


También está escrito: "Y Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen";128 no dice: Mi imagen; ni tampoco: Nuestras imágenes, sino que dice: Nuestra imagen; ésta es el Hijo, imagen del Dios invisible por Quien todo fue hecho, y sin Quien nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Así que podemos mostrar un poco más de evidencia escritural para señalar específica y distintivamente al Hijo en cuanto Dios; es decir, no apenas la Deidad del Padre en la mera humanidad del Hijo como simple tabernáculo humano, sino la Deidad del Hijo en Sí mismo, es decir, en cuanto Hijo, la que sin embargo no es otra substancia esencial Divina, sino la misma del Padre que en el Hijo subsiste específicamente como resplandor engendrado inmanentemente. Mientras que en el Padre subsiste como ingénita, el Hijo la tiene en Sí mismo recibiéndola129 inmanentemente y eternamente del Padre, con quien la comparte, siendo Él mismo resplandor de Su gloria, y siendo el Hijo del Padre, y para el Padre, y en el Padre, inseparablemente un sólo Dios. Tal relación se expresa en estas palabras de Cristo: "Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti".130 También en esta Escritura: "Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre". Y puesto que Dios es Uno, no es el Padre sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre, sino que es el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre;131 como se reconociera también en Nicea: "Dios de Dios, Luz de Luz".


Nos dice, pues, la Escritura: "8Mas del Hijo dice: Tu Trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. 9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo...".132 Del Hijo dice: Tu trono, oh Dios... te ungió Dios, el Dios tuyo. Tu trono, oh Dios, se dice del Hijo. "Oh Dios", se dice del Hijo. "El Dios Tuyo" es el Padre, el Dios del Hijo, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, a Quien el Hijo llama Padre y Dios: "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios".133

 
 

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