Fenomenología Pneumática

   
 


 

 

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FENOMENOLOGÍA PNEUMÁTICA[1]
 
 
Profecías en medio de las alabanzas
En un momento histórico en que los reyes de Israel y de Judá se encontraban en medio de una confusión en el desierto, cuando iban a atacar a los moabitas, se vieron en la necesidad de consultar al profeta Eliseo, cuyo relato encontramos en el pasaje de 2 Reyes 3:11-19. Dice allí:
"11Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías. 12Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom. 13Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Vé a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque Jehová ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas. 14Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera. 15Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo, 16quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos estanques. 17Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados. 18Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras manos. 19Y destrui­réis toda ciudad fortificada y toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil".


Esa profecía vino cuando buscaron al Señor, pero me llama la atención es lo que dice Eliseo. "Traedme un tañedor". Y mientras el tañedor tocaba, vino palabra del Señor sobre el profeta Eliseo. Algunas veces estamos en la presencia del Señor presentando cánticos y tañendo sea con arpa o con otros instrumentos, esperando en El y de pronto el Señor viene en profecía. Puede que el Señor prefiera algunas veces que haya ciertas circunstancias que coadyuven en nuestro estado de ánimo o que sirvan de alicientes en nuestro espíritu, pero lo importante es saber que algunas veces es así. Veamos otro pasaje que confirma éste, en 1 Crónicas 25:1-7:

"1Asimismo David y los jefes del ejército apartaron para el ministerio a los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún, para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos; y el número de ellos, hombres idóneos para la obra de su ministerio, fue: 2De los hijos de Asaf: Zacur, José, Netanías y Asarela, hijos de Asaf, bajo la dirección de Asaf, el cual profetizaba bajo las órdenes del rey. 3De los hijos de Jedutún: Gedalías, Zeri, Jesaías, Hasabías, Matatías y Simei; seis, bajo la dirección de su padre Jedutún, el cual profetizaba con arpa, para aclamar y alabar a Jehová. 4De los hijos de Hemán: Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Jeremot, Hananías, Hanani, Eliata, Gidalti, Romanti-ezer, Josbecasa, Maloti, Hotir y Mahaziot. 5Todos éstos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en las cosas de Dios, para exaltar su poder; y Dios dio a Hemán catorce hijos y tres hijas. 6Y todos éstos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios. Asaf, Jedutún y Hemán estaban por disposición del rey. 7Y el número de ellos, con sus hermanos, instruidos en el canto para Jehová, todos los aptos, fue doscientos ochenta y ocho".
Existe ese fenómeno de la profecía en medio de la alabanza, en medio de los cantos, en el fondo el arpa, en el fondo de algún tañedor está sonando la música y los hermanos están en presencia del Señor y el Espíritu de Dios viene sobre los santos. Ampliamente conocida es la profecía de Hechos 2:16, que dice:
"16Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: 17Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestro hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; 18y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán".
Así este fenómeno que se dio en el Antiguo Testamento no disminuiría en el Nuevo sino que se multiplicaría. Entonces existen normalmente profecías al estar en la presencia del Señor; a veces en cánticos el Señor desciende y comienza a moverse en el espíritu de los hermanos o herma­nas, de los siervos o siervas y puede profetizarse palabra del Señor.
 
Es necesario distinguir lo falso de lo verdadero


Existe algo legítimo; estamos hablando primero del dólar verdadero. Claro que el diablo hace dólares falsos. Pero hay que hablar del verdadero primero. Saber lo que la Palabra dice y qué cosas se pueden dar. Ahora, también dice lo siguiente en 1 Juan 4:1-6: "1Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 2En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 3y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. 4Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. 5Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. 6Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error".

Existe esa experiencia de la profecía legítima. En la 1 Tesalonicenses 5:20-21, dice: "No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno". O sea que en la Iglesia hay lugar para que se profetice con orden, y también esas profecías deben ser examinadas y juzgadas. Hay que evitar el error por una parte; es por miedo a algún fenómeno raro que muchas veces se evita las profecías; o se llega al fenómeno contrario, que al darle lugar no se juzguen o examinen o se prueben. La Palabra dice: "Probad y examinad". Que la Iglesia juzgue. En la Iglesia pueden profetizar todos uno por uno, guardando un orden. Pero también dice: "Los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen" (1 Corintios 14:29)Entonces a la vez que se tiene fe, que se profetiza, que se está con el espíritu abierto al Señor pero con plena conciencia de dominio propio, al mismo tiempo que se profetiza, se examina. Así que la Iglesia debe aprender a moverse en esos dos ambientes. Aprender a estar en la presencia del Señor, a recibir el mover de Dios en espíritu, y al mismo tiempo estar con pleno dominio propio. Juzgando, examinando y probando. Dice en 1 Corintios 14:31-33a:
"31Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. 32Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; 33pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz".


Ahí donde está El, hay paz. Miremos esto primero: "Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas". Aquí no dice que el Espíritu de Dios está sujeto a nosotros. Nosotros estamos sujetos al Espíritu de Dios, pero además del Espíritu de Dios está nuestro espíritu. Entonces es aquella parte de nuestro ser que capta el mover de Dios; que capta la dirección de Dios, que la percibe. Pero en algunas ocasiones el espíritu humano se desboca, se descontrola, y es cuando nos toca a nosotros ejercer dominio propio porque el Espíritu Santo dice en 1 Corintios 2:12: "Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios". Y en 2 Timoteo 1:7, dice: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio". O sea que el Espíritu Santo da dominio propio. Estamos en la presencia del Señor, estamos captando en espíritu, estamos profetizando, estamos ejerciendo esa parte del ministerio normal que el Señor profetizó que habría, que existiría; pero lo estamos haciendo con los pies en la tierra.

Estamos plenamente examinándolo todo, probándolo todo, no permitiendo que nada salga de lo normal como dice allí la Palabra del Señor: "Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; y el Espíritu de Dios, además de amor y poder, nos da dominio propio". El Espíritu Santo nunca te quita el dominio sino que te lo devuelve. En cambio otros espíritus, los espíritus engañadores, esos sí te quitan todo; por eso dice, no creáis a todo espíritu; es decir, que cuando estamos en un ambiente de profecía no quiere decir que estemos con ingenuidad sino que dice, probad los espíritus si son de Dios.


No menospreciéis las profecías pero examinadlo todo. Sí, podéis profetizar todos, pero los demás estén juzgando; no criticando. Juzgando, es decir dependiendo del Señor con dominio propio, ejerciendo todas las facultades que Dios le dio al hombre y que las redimió y que el Espíritu las renueva para examinar, para comprobar, para medir las cosas. Y toda la Iglesia debe hacer esto. El Espíritu de Dios opera del interior hacia el exterior. El Espíritu del Señor mora en nuestro espíritu. Entonces El fluye del interior. Jesucristo dijo: "El que cree en mí..., de su interior correrán ríos de agua viva"[2]Y explica San Juan por el Espíritu Santo: "Y esto dijo del Espíritu que habrían de recibir los que creyesen en El"[3]O sea que el Espíritu de Dios fluye del interior hacia el exterior; la vida fluye como un pozo. El dice que tendrán en El, una fuente que salta para vida eterna. De pronto ese salto llega e ilumina los pozos de nuestro entendi­miento y nos hace entender. En cambio los espíritus malignos están en los aires como "gobernadores de las tinieblas y potestades del aire". Dice la Palabra que el diablo es potestad del aire y esos espíritus están en el aire, en regiones celestes, y, al contrario del Espíritu, ellos trabajan de afuera para adentro. Ellos quieren venir es a la mente, quieren venir a las emociones, quieren venir a hacerte pensar cosas que no son de Dios, quieren hacerte decir cosas que no son de Dios. El diablo no trabaja de adentro para afuera y te da el dominio, sino que él te sugiere en la mente, te saca pensamientos y tú pierdes el dominio y el control; piensas lo que no quieres. Eso es otro espíritu. No importa que se disfrace. La Biblia dice que lo debemos probar. 

 
El Espíritu Santo inspira la profecía
Entonces el Espíritu de Dios te inspira desde el interior y alumbra los ojos del entendimiento y le da vida a la Palabra de Dios, y el Espíritu de Dios que inspiró la Palabra nunca la va a contradecir, porque El la inspiró. Dios no dice algo para luego contradecirse. Dice la Palabra del Señor en Apocalipsis 19:10b que "el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía". O sea que la profecía que viene del Espíritu de Dios tiene la naturaleza de Cristo. No es un espíritu distorsionador, ni acusador, no es un espíritu tramposo, ni es un espíritu mentiroso, sino que es el testimonio de Jesús. El Espíritu de Dios da testimonio. ¿A dónde? A nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y nos mantiene ahí. Con discernimiento, con conciencia, desde el interior hacia afuera; en cambio el diablo trabaja es desde afuera. Desde los aires viene a la mente para hacernos pensar cosas que no son de Dios; viene a las emociones para hacerte sentir cosas que no son de Dios, y hay que distinguir lo que viene de afuera y lo que viene de adentro. Lo que viene de la Palabra viva, sembrada en tu espíritu, la Palabra del Señor, alumbrándote; esa es una cosa. En cambio, sugerencias en la mente es otra cosa.
No podemos evitar que vuelen los pájaros sobre nuestra cabeza, pero sí podemos evitar que pongan huevos o que hagan nido en la cabeza. Nos vienen pensamientos y de pronto te das cuenta que esos pensamientos no provienen necesariamente de ti y mucho menos de la intuición, de Dios. Entonces tú los desechas aunque quieran prevalecer sobre ti y hacerte creer; algo más íntimo te dice: no, eso como que está errado; e inmediata­mente hay que resistirlo en el nombre del Señor, en unión con el Señor, porque El está en tu espíritu. Si eres cristiano regenerado y el Señorquees­tá en ti es más fuerte, entonces Él resiste esos pensamientos que vienen a la mente para sugerirte cosas; y hay veces que te pueden sugerir barbarida­des, mentiras; a veces te pueden sugerir hasta suicidarte, o a veces te pueden sugerir necedades. Son mentiras traídas por espíritus de mentira, espíritus de error y confusión que también tienen doctrinas de demonios, que encierran un hablar diferente al de la Palabra de Dios; un sentir diferente al sentir de Cristo, y un operar muy disfrazado, en vez de venir de tu espíritu, como dijo el Señor: "...de su interior correrán..." y te da dominio propio. Satanás lo que hace es quitarte el dominio.


El Espíritu Santo no necesita que estés en una actitud de médium. Cuando estamos cantando, adorando al Señor, tañendo para Dios, elevando canto, o profetizando con arpas, con melodías, con salmodios, tú lo haces en espíritu, pero con plena conciencia; nunca pierdes la conciencia, porque el Espíritu Santo no necesita quitarte tu dominio propio, sino lo contrario, te lo refuerza y hace que tu propio espíritu esté sujeto a ti como persona, a tu voluntad. El Espíritu Santo respeta la voluntad y el dominio propio, porque es que Dios quería al hombre con voluntad propia cuando lo hizo en el jardín del Edén. Dios hizo al hombre con dominio propio, y le dijo: "De todo árbol puedes comer...". "El que quiera, venga y beba...". El Señor nunca impide que nosotros ejerzamos nuestra voluntad en fe; en una fe activa. Pero en cambio, los espíritus malignos, aunque se disfracen de Dios, de ángeles de luz, ellos quieren quitarte el dominio propio; quieren quitarte el juicio; quieren quitarte el examen, la comprobación.

Los médiums se ponen en una actitud que de pronto no se dan cuenta lo que hacen, ni de lo que dicen y pierden el contacto con la realidad; pierden el control de sí mismos, y luego no saben en qué estaban. ¿Por qué? Porque la mente se la llevan, es dominada por espíritus, y después la persona no sabe lo que hizo ni lo que dijo. Todo ocurre sin darse cuenta. Así trabajan los espíritus engañosos; con apariencia religiosa. Te quitan el dominio propio, no lo respetan; tampoco respetan tu voluntad, como tampoco respetan tus pensamientos. En cambio, el Señor sí respeta. Es todo lo contrario, el Santo Espíritu del Señor te fortalece el dominio propio.
Dice la Palabra: "Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas". Es decir, que si tu espíritu quiere desbocarse más allá de lo racional, de lo normal, de lo lógico, puedas pararlo y decirle: hasta aquí llegas; porque Dios estableció que el espíritu esté sujeto a la voluntad del profeta y esa voluntad radica en el alma. La decisión la toma la persona, su alma. El espíritu fue diseñado para captar la guianza de Dios, pero la guianza de Dios es ordenada, puede esperar el turno. "Y si algo le fuere revelado...", entonces dice: "...sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete"[4].  Eso nos enseña que el Espíritu de Dios puede tener su turno y esperar una palabra del Señor que sea revelada. El Espíritu Santo no te hace perder el dominio propio para proferirla, ni busca que quedes en trance de inconsciencia. Tú puedes esperar tu turno; decirla en el nombre del Señor manteniendo el dominio, y en eso se caracteriza el Espíritu de Dios. Te habla conforme a la Palabra, conforme al sentir de Cristo; no te quita la conciencia personal y el albedrío, ni la razón, ni el dominio propio, sino que te lo refuerza. 
 
El espíritu humano se sujeta al profeta


Debemos saber y distinguir que el Espíritu de Dios es perfecto, pero el espíritu humano a veces se desboca y entra en fantasías, y tú, en manifesta­ciones proféticas o mistificaciones raras, tienes que traer al espíritu y decirle: Caballero, usted no puede fantasear tanto; ponga los pies en la tierra; examinemos a ver si eso está bien. Padre, voy a esperar un ratito porque esto como que está raro, Señor; vamos a ver.  Eso dice la Palabra: Pruebe, examine; el Espíritu de Dios te guía a ser un poquito escéptico en las mistificaciones muy extrañas; no en el sentido de ser totalmente escéptico. La Palabra dice: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad...". Eso significa que hay que ser un poquito escépticos, es decir, que no hay que creer a todo, sino dudar, examinar. Examinar es no tomar una posición a favor o en contra, prejuiciada, sino decir, vamos a examinar esto. ¿Esto tiene el sentir de Cristo, la naturaleza de Cristo? ¿Concuerda con la Palabra de Dios? ¿Hay un testimonio en el espíritu de los herma­nos? ¿Proviene según la manera de Dios sin quitarte el dominio propio? O es algo que venga a tu mente y te meta pensamientos y tú no los sabes distinguir si es de Dios o es del diablo; es entonces cuando el diablo viene como ángel de luz y te hace sugerencias. Debemos distinguir varios elementos a fin de diferenciar las cosas en esto tan delicado. Y eso lo hacemos desde el espíritu interno, la naturaleza de Cristo, la Palabra de Dios y el juicio de la iglesia.

Encontramos varios pasajes en la Palabra de Dios en los que podemos ver cómo es posible que nuestro espíritu a veces no se sujeta a la racionali­dad y voluntad de nuestra determinación. El apóstol Pablo decía: "Me propuse en espíritu ir a vosotros". ¿Quién se propuso? Pablo. "Yo Pablo". El entendió la voz del Espíritu pero no perdió su dominio propio, su responsabilidad, su examen lógico, todo, y se propuso en espíritu. Proponerse quiere decir ejercer su racionalidad, su análisis, su examen y su decisión, su voluntad; en acuerdo con la aprobación de Dios que él captó con su espíritu humano. Eso encierra lo de proponerse en espíritu. La cosa puede desarrollarse, diciéndole al Señor: Señor, voy a hacer esto en esta forma... Lo calcula, lo piensa bien y atiende a la voz del Señor en su espíritu. Si tiene esa libertad viva y paz en su espíritu, hace las cosas con racionalidad, con dominio propio. Es la prerrogativa que Dios quiso que tú tengas; es el dominio propio con que tú decides y dices: Hasta aquí sí, esto no, esto no lo permito, hasta aquí llego, ya no paso. Esto es una prerrogativa que Dios te dio a ti como persona. El espíritu humano no es la voluntad humana ni sede de ella, y hay veces en que el espíritu humano quiere llevarnos más allá de lo racional; más allá de lo ordenado y de lo lógico; y por esa razón la Palabra de Dios dice que los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas, porque a los profetas Dios les dio dominio propio.


En Ezequiel 13:1, leemos: "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel que profetizan, y di a los que profetizan de su propio corazón: Oíd palabra de Jehová"A veces ocurre el fenómeno que la persona va más allá de lo que es legítimo y le añade de su propio corazón. No es algo que captó y examinó en la presencia del Señor y con confianza y en fe lo pronuncia, con la certeza de no estarle mezclando o metiendo sus propios intereses y apreciaciones. Es que uno le mezcla al fenómeno de la profecía.

Continúa en el verso 3: "Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto!". ¿Por qué dice insensatos? ¿Qué quiere decir esto? Significa que no está usando sus sentidos, su razón, su dominio propio, sino que dejó a su propio espíritu irse más allá de lo normal, aun siendo nosotros del Señor, y puede que lleguemos a tomar incluso una actitud medio mediúmi­ca. Los médiums toman una actitud de mente en blanco, con las manos en determinada posición, advierten que no crucen los brazos, que no crucen las piernas; es decir, póngase como en una actitud yoga, como de relajamiento, como de apertura para cualquier influencia. Y eso en resumen es como quien dice, no ejerza ningún dominio propio, no juzgue, no pruebe, no examine; simplemente invalidado.
El Señor no necesita que tengamos esas actitudes artificiales porque El ya mora dentro de nuestro espíritu. El no está en los aires tratando de ver que nosotros dejemos una brechita en la responsabilidad de pensar con dominio propio, para meter un pensamiento raro. ¡No! El más bien nos dice: "En esto pensad..."; ejerzan su voluntad renovada y socorrida y ayudada por el Espíritu; piensen en esa dirección, en todo lo bueno, todo lo que es fruto del Espíritu y traigan todo pensamiento sujeto a la obediencia a Cristo[5].
Cuando nuestro pensamiento está saliéndose de la obediencia, el Espíritu de Dios comunica a nuestro espíritu que hay algo que está fuera de lugar. Esa comunicación no se va a obedecer si tú con tu voluntad no ejerces el dominio y dices: Pensamiento, hasta aquí llegas; me doy cuenta claramente por el sentir de Dios en mi espíritu y por lo que recuerdo de la Palabra del Señor, que esto no es normal; en consecuencia, aquí paras. Pero examinar con dominio propio no es que no vayas a tener experiencias espirituales y proféticas. Por esa razón comenzamos comentando lo del tañedor, lo de profetizar con arpa u otros instrumentos musicales. Eso es normal. Dijo el Señor que en los últimos tiempos "...derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán", lo normal. 
 

Las artimañas de Satanás

Debemos profetizar pero teniendo en cuenta lo otro. El Espíritu Santo se distingue o caracteriza porque habla conforme a la Palabra de Dios, tiene el sentir de Cristo, mora ya en ti, El no tiene necesidad de bajar; El está en tu espíritu siempre, lo sientas o no lo sientas, y El fluye desde el interior; por eso dijo el Señor que los que creyeren en El, de su interior correrían ríos de agua viva, y es que El está en nosotros, y el espíritu del diablo es el que está en el mundo. Satanás es el príncipe de la potestad del aire, por eso viene de afuera hacia adentro y te mete pensamientos, y tú no te das cuenta que no son tuyos, hasta que de pronto te asustas, y dices: Pero, ¿yo pensando esto? Gracias a Dios porque te asustaste, porque ahí empiezas a distinguir que eres tú y por eso te asombras; puede ser pensamientos de blasfemia, de lujuria, o te hace creer que eres el rey de Inglaterra. Esos son errores; son espíritus de los aires que vienen a nuestra mente. Pero el Señor sí está en nuestro espíritu, y nosotros le invocamos y con nuestra alma, con nuestra razón, con nuestro pensamiento ejercemos dominio propio y ejercemos resistencia.
 
Someterse a Dios y resistir al diablo
Hay dos exhortaciones que se dan al mismo tiempo en la Palabra de Dios, que van juntas y a menudo uno toma sólo una y no la otra; o la otra y no la una. Las dos parecen contradictorias, pero no lo son porque se dirigen a diferentes objetos; pero son dos actitudes contradictorias que se dan al mismo tiempo, pero que no son contradictorias porque una se dirige hacia Dios y la otra se dirige hacia el diablo, pero se dan al mismo tiempo. Recurrimos a la carta de Santiago 4:7, cuando vemos que en un mismo versículo encontramos muchas cosas. Dice así: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros". En el mismo versículo están las dos caras de la moneda. La sumisión y la resistencia. Al mismo tiempo que te sometes a Dios en espíritu y con humildad en tu corazón, estás ejerciendo dominio propio y vigilancia, simultáneamente estás resistiendo al diablo, porque el diablo quiere hacerse pasar por Dios, para que cuando tú te sometas a Dios, entonces el diablo te dice: Mira, relájate, toma una actitud no vigilante; no examines nada, no pienses en nada, no; simple­mente tienes que dejarte llevar por las ocurrencias. Debemos someternos a Dios, pero cuando te sometes a Dios, El no te exige que renuncies a las facultades que El te dio, sino que el Espíritu Santo te da poder, amor y dominio propio. Cuando tú te sujetas a Dios no pierdes el dominio propio; al contrario, es un dominio propio por medio del cual al mismo tiempo te sujetas a Dios y resistes al diablo con vigilancia; son dos fenómenos simultáneos.


A veces uno piensa que someterse a Dios es tener una actitud de no juzgar, de no pensar, de no analizar, de no ejercer la voluntad, de dejar la mente en blanco, de dejar la mente pasiva. No, la fe nunca es pasiva; la fe es activa. Por eso alabamos a Dios cantando "...presentad a Dios vuestra voluntad; presentaos vosotros mismos...", ejerciendo tu voluntad, por ser salvos del Señor aquí estamos; percibimos que El quiere algo en tu espíritu, y El nunca viola tu voluntad. El Espíritu Santo nunca te va agarrar a la fuerza, sino que El te guía, y tu espíritu capta lo que el Espíritu del Señor quiere, y te lo propone y espera que tú quieras, y que tú decidas ir con El. En cambio, el diablo nunca te respeta. El diablo no te da dominio propio, más bien te hace hacer lo que tú no quieres hacer y aunque tú no quieras, él te quita la voluntad, te obliga a hacer lo que él quiere; el diablo te quiere rebajar, no es democrático, es un dictador; te quiere forzar a algo; esa es la característica del diablo. A veces a la persona se le ocurren cosas y tiene que hacerlas pensando que son de Dios, cuando no son de Dios. Examínalas, compruébalas, pruébalas; el Espíritu Santo es quien nos dice que ejerzamos dominio, que tengamos discerni­miento, que probemos y que examinemos.

Hay ocasiones en que uno está como en las nubes y no sabe dónde está parado. Luego medita y se pregunta qué sería aquello, y eso se debe a que no se ejerce sino una parte sin la otra. Fijémonos bien cómo van las dos cosas juntas:   en el mismo versículo dice "someteos a Dios y resistid al diablo", porque el Señor es muy equilibrado. A veces, al tomar una actitud de obediencia a Dios, es posible que nos consagremos equivocadamente. Llegamos a pensar que consagrarse a Dios es no pensar, no ejercer dominio propio, no analizar, y eso no es así. El Señor no te pide que no analices para consagrarte a El; lo que te pide es que analices, que pruebes; y todo lo que tú haces en fe, no es guiado por sentimientos. A veces no tienes ningún apoyo de tus emociones y debes decidir en fe. Las emocio­nes no quieren responder; tú alabas pero las emociones no quieren; sigues alabando, y a la larga vas a ver que las emociones van a tener que obedecer tu voluntad; pero es la voluntad la que debe ejercerse en unión con el Señor.


Presentar a Dios la voluntad no significa que yo no quiera nada. Decirle: Señor, yo quiero lo que tú quieras. ¿Qué quieres? Señor, enséñame, ayúdame a entender. El Señor dice, vigilar; esos verbos: examinar, probar, comprobar, juzgar, vigilar, velar; eso significa que nos da dominio propio. En cambio, en la lectura hecha en Ezequiel dice que hay profetas que andan en pos de su propio corazón; profetas insensatos, que no ejercen el dominio propio. No dice que su propio espíritu humano esté sujeto a ellos como personas a quienes otorgó Dios el albedrío y la responsabilidad. En 1 Pedro 5:6-7, el apóstol dice lo mismo pero desglosado. Dice así: "6Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; 7echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros". En esta cita Pedro desglosa lo de someteos a Dios; pero ahora dice en los versos 8-10:

 "8Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimien­tos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. 10Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca".
Aquí la Palabra de Dios nos presenta el mismo fenómeno encontrado en Santiago, pero ya no en un sólo versículo sino en varios, pero en el mismo orden . Cuando dice "Humillaos a Dios, resistid al diablo, echando sobre Dios toda vuestra ansiedad"; eso significa para con Dios una gran confianza. Para con Dios somos niños, para con Dios somos ingenuos. Pero como sabemos que el diablo se quiere pasar por Dios y que él quisiera esa ingenuidad y esa sujeción para hacer de las suyas, al mismo tiempo que obedecemos a Dios seamos sobrios y velemos, si resistimos.
Estas dos cosas están sucediendo al mismo tiempo. Si Dios manda que ejerzamos estas dos cosas al mismo tiempo, quiere decir que es posible y significa que el mismo Espíritu nos ayuda a que sea así; porque el Espíritu que El nos da es de amor, de poder y de dominio propio. Dios no te quita el dominio propio, no te hace actuar como un sombi; en cambio el diablo quiere sombies, mediums. El Señor quiere personas plenamente conscien­tes, que si lo acompañan a El, lo hagan a sabiendas. "El que quiera ser mi discípulo, tome su cruz; el que quiera venga y beba". Es decir, el Señor respeta nuestra voluntad; en cambio el diablo no ama el bien que quiero sino el mal que no quiero. Es un enredo terrible.
El Señor no es violador, el diablo sí lo es. El Señor te llama y te persuade, y si no lo haces de todo corazón, El no lo quiere. Cuando el tabernáculo tenía que ser levantado, El dijo que se hicieran unas ofrendas de voluntarios, de corazón; esa es la forma como obra el Señor. El es respetuoso. En Lucas 24 narra que el Señor Jesús, después de haber resucitado, se les apareció a Cleofás y a otro discípulo que iban por el camino de Emaús. El Señor iba con la intención de revelarse a ellos; luego que llegaron a cierto punto, dice la Palabra que "El hizo como que iba más lejos", pues no se atrevía a seguir a la casa de ellos si no lo invitaban, aunque lo quería, aun por respeto esperó que lo invitaran. Como si dijera: Yo quiero ir a tu casa y sentarme a tu mesa; quiero partir el pan y revelarme; pero si tú no me invitas, yo voy a respetar, no me voy a meter en tu casa; no voy a revelarme si tú no quieres. 


A veces el Señor quiere pero uno no quiere, y El respeta. Aunque El quiera, no puede contar con nosotros, y El quiere contar con nuestra responsabilidad. Por eso dijo en una ocasión refiriéndose a Jerusalén: "¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!" (Lucas 13:34). Yo quise, cuántas veces quise, pero tú no quisiste. La unidad de la Iglesia requiere que nuestras voluntades sean consagradas para hacer lo que sabemos que Dios quiere; lo que la Palabra dice, lo que el Espíritu nos impulsa, pero la voluntad debe decir, sí. Me niego a mí mismo; me niego a hacer las cosas a mi manera, pero si he sido fortalecido en fe, las haré a Su manera, ejerciendo el dominio propio, voluntariamente; pensar lo que hay que pensar, sujetando los pensamientos para no pensar lo que no hay que pensar. Decir, esto no lo pienso más; eso es dominio propio. Dominio propio significa que piensas lo que quieres, que sientes lo que quieres. Cuando estás sintiendo algo fuera de lo normal, tú lo ves, lo vigilas. Señor Jesús, gracias, en tu nombre veo que esto no concuerda contigo, no se parece a ti; no es como Tú lo expresas, no es dócil a ti; esto te va más bien a distorsio­nar; yo lo corto, Señor. Y ahí le aplicas la cruz, con el dominio propio, el espíritu sostenido por la gracia, en una fe activa. A veces hemos malenten­dido eso y tomamos una actitud pasiva, queriendo que Dios haga todo. Bueno, si El quiere la unión de la Iglesia, que El nos una. Yo quiero, pero tú no quieres; ¿tú quieres querer conmigo? Leemos en 2 Tesalonicenses 1:11-12:

"11Por lo cual (es decir, porque el Señor se va a manifestar en sus santos en su venida y nos va a glorificar) oramos siempre por vosotros, 12para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder".


Esa es una fe activa que se ejerce con la voluntad renovada, esforzándo­se en la gracia. El Señor te va a inspirar, y te va a guiar, pero la decisión la tienes que tomar tú. Pero como tu voluntad es débil, invoca al Señor y entonces podrás contar con El; presenta tu voluntad y te presentas a ti mismo como instrumento de justicia y te propones hacer una acción bondadosa. Como dice Pablo: "Me propuse en espíritu" ir a tal parte. Se lo proponía, ejercía la prerrogativa que Dios dio a la voluntad, pero la ejercía en estrecha unión y consulta con el Señor. Nosotros la ejercemos obstinadamente, sin contar con El, o no la ejercemos de ninguna manera y queremos que el Señor haga cosas sin El antes contar con nosotros. Son dos extremos peligrosos. En el mundo el extremo es la obstinación de hacer las cosas a nuestra manera, sin consultar con Dios, pero a veces, mal entendiendo la consagración a Dios, pensamos que Dios requiere que no examinemos, que no velemos, que no seamos sobrios, que no tengamos dominio propio, que no probemos, que no comprobemos; que no nos presentemos, que no ejercitemos la voluntad sostenida en la gracia con una fe activa, que dice que Dios cumpla todo propósito de bondad; ese algo que tú te propusiste hacer, una bondad. El Espíritu a lo mejor te guió, pero quien tiene que decidir si obedecer o no, eres tú. Si obedeces esa inspiración o no.

 
Nuestra voluntad y la guía de Dios
Una vez que tú captas la inspiración de Dios en tu espíritu, Dios está esperando que tú decidas hacerlo, pero como para decidirte hacerlo, sabes que eres débil, entonces invoca al Señor, y le dices: Señor, entiendo que lo que tú quieres es que haga esto, pero soy débil; fortaléceme. No te quedes esperando fortaleza a que te caiga sino que debes actuar en fe, activamente y decir, cuento con tu fortaleza, y actúa ahí mismo. El cumple, llena, porque actuaste en fe. El cumple con ese propósito de bondad y el cumple esa obra. Pero en ocasiones uno se va al otro polo, y dice: Señor, no quiero hacer las cosas por mi mismo, entonces no hago nada; y después hago todo a mi manera, sin contar con Dios. El nos enseña el equilibrio para no hacer las cosas por uno mismo, ni tampoco para no hacer nada; es decir, como si no nos entregáramos a El; es necesario que El cuente con nuestro ser. Es nosotros en El y El en nosotros. El pasa y utiliza todo nuestro ser, toda nuestra boca; El utiliza nuestros pensamientos. El utiliza también nuestra voluntad. Esa era la actitud de Pablo, cuando en 2 Corintios 1:15-16, decía: "15Con esa confianza quise ir primero a vosotros (nótese la actitud de reposo del espíritu en el Señor; "quise", el ejercicio de la voluntad), para que tuvieseis una segunda gracia, 16y por vosotros pasar a Macedonia, y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea". Vemos aquí esa libertad con que planeaba incluso su viaje con confianza, es decir, tenía en su espíritu una señal positiva, tenía confianza, vida y paz en su espíritu, y a la vez, en esa confianza y paz, él decidió lo que había que hacer. Sí, él iba a cometer un error, y cuando quiso meterse a Bitinia, el Espíritu se lo prohibió. El ya había tomado la decisión, pero captó que no era por allí y se fue por otro lado. El se iba para Bitinia, pero como el Espíritu se lo prohibió, entonces él respetó la guianza del Espíritu. Hubiera podido decir: No, me voy para Bitinia; porque Jonás se fue para Tarsis y Dios le dejó, pero después ¿cómo le fue a Jonás con la ballena, con el gran pez?
"15Con esa confianza quise ir primero a vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia, 16y por vosotros pasar a Macedonia, y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea".


Luego sigue diciendo en el verso 17: "Así que, al proponerme esto...". Dice que Pablo se lo propuso: Voy a ir primero a Corinto, después a Macedonia, después vuelvo a Corinto; de Corinto me voy a Judea; fue un plan que él se propuso. ¿Eso significará que se lo propuso sin estar atento a la guianza de Dios? No. ¿Pero será que quiere decir que porque Dios le guiaba, él no tenía que proponérselo? Tampoco. Ahí tenemos las dos cosas juntas; Pablo tenía confianza. Y continúa diciendo: Así que, al proponerme esto, ¿usé quizá de ligereza? ¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No?". Cuando uno actúa en la carne hay vacilación, pues uno no está seguro de las cosas, y se puede decir sí y no al mismo tiempo. Y el diablo es engañador y te pone duda, no sabes hacer las cosas; no sabes, y si haces A dice, ¿por qué no hiciste B? y si haces B dice, ¿por qué no hiciste A?, entonces es una vacilación constante; pero si tú has tenido una confianza en espíritu y has estado cerca del Señor, tienes claro lo que haces, te propones hacerlo y lo haces con firmeza y nadie se puede meter y criticarte; eso lo dice Pablo: "Nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva, días de reposo" (Colosenses 2:16), ¿por qué? Es que el diablo es un atormentador, él es un acusador. Si comes, ¿por qué comiste? Si no comes, ¿por qué no comes? Si guardas el día, ¿por qué lo guardaste?; si no lo guardas, ¿por qué no lo guardaste? Así es el diablo; nunca te deja en paz. Siempre te está atormentando y si la persona no se para firme, le dice,  ¿qué es esto? Nada de eso; voy a hacer lo mejor que puedo, Señor; eso fue lo que el Señor aprobó de María Magdalena. Ella hizo lo que podía. Señor, hasta aquí puedo, hasta aquí entiendo y asumo la responsa­bilidad delante de Ti, porque a mí me la diste. Y el Señor no dice no, no vaya a hacer. El dice haga eso, haga eso. Vé tu en fe, tranquilo, y si no, eso va a ser un enredo terrible. Siempre vas a dudar; siempre hay que tomar la decisión y en la decisión que tomaste, es fuerte. Es lo que dice la Palabra en Romanos 14:22b: "Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba".  Bienaventurado. Si dice voy a comer carne, come carne, y dice, Señor, gracias por este asado. ¿Será que como o no como? ¡Ah! ¿qué hago? es que en la carne hay duda y vacilación, y en ella hay sí y no al mismo tiempo.


Y sigue diciendo en 2 Corintios 1:18: "Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No". Notemos esa íntima confianza de Pablo, en espíritu; él estaba convencido de en quien creía, pues conocía a Dios; sabía que Dios no era como el diablo que está encima para criticarte todo. No, no. Dios es como un Padre que está entrenando a su hijo para que camine, se levante, y se pare y... ánimo, tranquilo, no temas, esfuérzate y sé valiente. Así es nuestro Padre. No nos está achicopalando, asustando en todo lo que hacemos; en cambio el diablo lo critica todo y uno se confunde en ocasiones. No, Dios no es así. Es el diablo el que nos hace equivocar, nos presenta un Dios equivocado. Pero nuestro Dios es fiel, nos deja hablar palabras; nos deja comprometernos; cuando ve que nos vamos a comprometer equivocadamente nos avisa con una luz roja; nos prohíbe; pero al igual respeta si le obedecemos o no. Respeta igual porque El nos da dominio propio. El dice: "Si quieres; el que quiera ser mi discípulo, tome su cruz. Vas a construirme una casa, hazlo voluntariamente"; así es Dios. Lo puedes hacer con toda tranquilidad. Continúa la Palabra en el verso 19: "Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él". El Señor cumple todo propósito de bondad y toda obra de fe, porque El es fiel y El dijo, hazlo y yo estoy contigo.   El te usa; ahí van juntos. Es como remar con los dos remos. Si tú remas con un solo remo, aplicas fuerzas para un solo lado; si remas con el otro remo, remas para el otro lado. Un remo es Dios y el otro remo eres tú. Tú en El y El en ti.  El quiere pero tú tienes que querer. ¿Ves? Y cuando tú estás queriendo ejercitar tu voluntad en confianza y fe, ¿cómo distingues esa confianza, esa fe y esa aprobación? con tu espíritu. Es tu espíritu el órgano que capta la aprobación de Dios, la vida y la paz. Es el espíritu el que le daba a Pablo esa confianza. Voy a ir a Corinto, después vuelvo a Macedonia, después vuelvo otra vez por Corinto y después me voy para Judea. Entonces lo hizo y Dios lo prosperó en su viaje, lo utilizó. Ese proponerse de Pablo fue porque lo hizo en estrecha comunión con Dios captando en su espíritu esa aprobación, inclusive la inspiración que experimenta.


Pero en cambio, en otra ocasión se iba a meter a Bitinia y ahí sí el Señor le dijo, no, no, Pablo, yo te quiero a ti es en Macedonia. Pero primero no le dijo lo de Macedonia, sino que él tuvo que sufrir un proceso para concluir al fin que el asunto era en Macedonia; todo no ocurrió de inmediato. El tuvo que captar la prohibición de Dios. Entonces a intentar por otro lado, y se fue por Micia y tampoco era por allí. La prohibición era también por Micia; y Pablo tuvo que doblar rodilla y esperar hasta que oyó Palabra de Dios clara. Ve a Macedonia y ayúdales, y los otros hermanos entendieron que Dios los llamaba a todos, e hicieron Su voluntad, su acuerdo; aunque no todos tuvieron la visión, sino sólo Pablo, se pusieron de acuerdo e hicieron lo que tenían que hacer y Dios los usó tremendamen­te. Continuamos leyendo en el verso 20, así: "...porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios". Aleluya. O sea que Dios ha hecho promesas y Dios se ha comprometido con esas promesas. Él quiere que tú, contando con El, actúes en fe; y El dice, sí, todas esas promesas son en El, sí ; dice Sí, con tilde. En El con Cristo son Sí, con Cristo son Amén. O sea que el Señor te dice sí; el Señor dice amén; porque a veces pensamos que la relación con Dios es muy infantil, como tipo títere, como tipo médium; no. El dijo, miren, ya no os voy a llamar siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer. O sea, ustedes ya saben cómo es mi Padre; ya saben lo que le gusta a mi Padre. Ya saben qué me ha propuesto mi Padre. Ahora mi Padre quiere contar con ustedes. ¿Quieren ustedes también contar con mi Padre? ¿Nos ponemos de acuerdo y hacemos un pacto o una alianza? Entonces ya te conozco; ya sé lo que quieres, estoy cerca de ti, estoy en estrecha comunión contigo. Sí. Lo haces en fe y El cumple todo propósito; o si no lo amas te quedas ahí sin tomar decisiones, en vacilaciones, en acusaciones y el diablo te va a distraer con diablitos; manda un duendecito que te moleste, si, no, no, si, si, no, no, si, y te deja ahí enredado.

Recalcamos la cita de la Palabra de Dios, cuando dice: "Todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios". Ese por medio quiere decir que Dios nos quiere como instrumentos; pero ese instrumento no es sólo el cuerpo; eres tú completo. Espíritu para captar su inspiración, su aprobación, su alianza. Su prohibición en caso de que no esté de acuerdo; tu voluntad El la requiere, tus pensamientos, tus decisiones pero en El renovadas por medio de nosotros para gloria de El. Porque puede llegarse el momento en que uno no sabe si fue uno o fue Dios, pues fue Dios y fue uno. Todo lo de Dios es así.
El quiere trabajar de acuerdo con el hombre. Tenemos el ejemplo de Jesucristo. Jesucristo es el Verbo de Dios hecho carne. Es Dios y es hombre y es hombre y es Dios. La Biblia es inspirada por Dios pero fue escrita por hombres. Tú encuentras hasta el estilo de Pedro distinto al de Pablo. Pablo distinto al de Amós; el de Amós distinto al de Felipe; el de Felipe distinto al de Moisés; y es Moisés, y es Pablo, y es Pedro pero es el mismo Dios. Tú ves que hay profecías a través de un hermano o de otro hermano que son diferentes. Un hermano usa cierto lenguaje, otro hermano usa otro lenguaje y se difieren porque son personas distintas pero no son anuladas, porque Dios cuenta con el trasfondo cultural de la misma persona. Pero la persona pone su fe en Dios; lo profetiza conforme a la medida de la fe. Hágalo, no tema, pero conozca los engaños; conozca y camine y no tenga miedo, no. Tenga confianza, Dios no nos puso en un mundo extraño. El nos puso en nuestro mundo dispuesto para nosotros. Estamos en la tierra que hizo para nosotros; estamos teniendo las experiencias que El preparó para nosotros. Así que vamos con confianza, con tranquilidad y actuamos.


[1]Enseñanza a la iglesia de la localidad de Tunjuelito, Santafé de Bogotá, D.C., en junio 5 de 1993.
[2] Juan 7:38
[3] Juan 7:39
[4] Referencia a 1 Corintios 14:27,30
[5] Referencia a 2 Corintios 10:5

 
 

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