Puntos cruciales de la Cosmología Bíblica

   
 


 

 

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PUNTOS CRUCIALES DE LA
COSMOLOGÍA BÍBLICA[1]
 
Ubicación, definición y división
Dentro de las áreas básicas de la revelación divina se ubica la Cosmolo­gía Bíblica a continuación de la Divina Teleología, pues ésta trata de los propósito de Dios, del plan de Dios, de los decretos de Dios antes de la fundación del mundo en relación con la creación. La Cosmología Bíblica se ocupa de la creación. La palabra cosmos significa mundo. Algunas veces se toma en el sentido del sistema de las cosas e incluso de la sociedad, pero también se utiliza en el sentido del universo; y es por eso que la Cosmología tiene que ver con el estudio de la creación. La Cosmología Bíblica se subdivide a su vez en partes o áreas diferentes, como la Cosmogonía, la Cosmología propiamente dicha y la Cosmotelia.
 
1. COSMOGONÍA

La Cosmogonía se ocupa de todo lo relacionado con los orígenes de la creación. Esa palabra viene de las raíces griegas cosmos, que significa mundo, y gonía, genes, origen; de donde también viene las palabras Génesis, género, origen, engendrar. Cosmogonía significa el origen de las cosas, del mundo. En este curso se trata de perfilar algunos puntos cruciales de la gran panorámica, y empezamos diciendo que el origen de la creación lo vemos como obra del Creador Trino.
 
La Creación, obra del Dios Trino

Este es un punto clave de la revelación bíblica. Ninguna otra filosofía, religión o pensamiento humano, sino solamente la Biblia revela que el universo es creado de la nada, ex nihilo, por un Dios Trino. La Biblia revela claramente la participación del Dios Trino en la obra de la creación; no una participación parcial, sino la intervención necesaria del Dios Trino. Aparece el Padre como el origen de la creación; todo fue creado por el Padre; pero también por medio del Hijo. En el prólogo del evangelio de Juan 1:3 dice: “Todas las cosas por él (se refiere al Verbo de Dios) fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Todo fue creado por medio del Hijo.


En Hebreos 1:2,3, dice que Dios constituyó al Hijo heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo, y que sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Eso nos explica que el Padre creó el universo a través del Verbo de Dios; con el Hijo, por medio del Hijo, a través del Hijo y en el Espíritu Santo. Todo fue creado en El, de El, por El y para El, pero con la intervención del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es fácil que se acepte que el Padre es el creador, pero la Biblia enseña no solamente la participación del Padre en la creación, sino que también enseña con claridad que el Hijo de Dios con el Padre es el creador del universo. Jesucristo mismo, en su mensaje a la iglesia en Laodicea, se presenta como “el principio de la creación de Dios” (Apocalipsis 3:14b), y esto hay que entenderlo bien, porque hay grupos, especialmente los llamados “Testigos”´, Russelistas, ellos usan ese verso en el sentido de que el Señor Jesús fuese el primer ser creado. Ese fue el error del arrianismo, que sobrevive en los llamados “Testigos de Jehová”. Pero el pasaje de Apocalipsis no significa que Jesús fue el primer ser creado, porque en otros pasajes bíblicos nos habla de Su divinidad, de Su eternidad. Cuando la Palabra nos dice que el Hijo es el principio de la creación de Dios, eso significa que El es el comienzo, a través de quien todo comienza; no el primero en ser creado, sino que nada fue hecho sin El y todas las cosas por El fueron hechas, como el vehículo de Dios, como Palabra de Dios, como Verbo de Dios para la creación de todas las cosas.


La Biblia también habla del Espíritu Santo de Dios como participante en la creación. En Génesis 1:1-3 dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. Allí habla de una participación del Espíritu de Dios y eso nos dice que Dios se relaciona con la creación a través de Su Espíritu. El la crea por medio de Su Palabra, pero actúa sobre ella por medio de Su Espíritu. Eso nos confirma una vez más la participación en la creación no sólo del Padre, sino también del Hijo y del Espíritu Santo. En Colosenses dice que esa creación, es por una parte visible y por otra invisible. Entonces existe una creación invisible para nosotros, mas los que en ella viven la pueden ver. Mientras nosotros los humanos estamos ausentes del Señor, no podemos ver normalmente esa creación, por ejemplo, los ángeles; a veces se hacen visibles. Lugares celestiales, el cielo y el infierno son lugares preparados que existen en el mundo invisible, y la Palabra habla de tronos, principados, potestades, regiones celestes, el paraíso; todo eso es parte de la creación de Dios. En este momento para nuestro ojo natural es invisible, pero es un mundo real, creado por Dios.
 
El Universo creado de la nada


El universo fue creado de la nada, ex nihilo. Esta expresión latina, que significa de la nada, se originó principalmente en el libro segundo de Macabeos, y comenzó a ser popularizada y de allí que aparezca en las versiones católicas de la Biblia. Sin embargo en Hebreos 11:3 dice: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”. Es decir, ex nihilo. Eso significa que Dios no tomó nada para la materia primordial, sino que antes no existía sino sólo Dios, y por su Palabra El dio origen a la creación. La creación ex nihilo aparece en Génesis 1:1, donde dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Es una doctrina típicamente bíblica, porque los paganos y los filósofos pensaban de diferentes maneras; algunos pensaban que la creación era eterna, que la materia era eterna. Hasta el presente muchas respuestas evolucionistas y astrónomos pretenden afirmar que la materia es eterna.


Al hacer el contraste de la enseñanza bíblica con ese tipo de filosofías, pensamientos míticos, religiosos también del paganismo, encontramos que algunos hablaban de la eternidad de la materia, y eso es un error cosmológico. La Cosmología Bíblica sostiene que la materia, la energía, todo lo existente, fue creado inicialmente de la nada por el Dios Trino, por Su Palabra; eso significa que no existía nada antes de la creación y que Dios, el Creador no le pidió prestado a nadie nada, sino que habló y empezó a existir la creación por la manifestación de Su Espíritu. Después Dios siguió trabajando con lo que El había creado al principio, y es cuando la Biblia dice que “...el Espíritu se movía sobre la faz de las aguas...y separó las aguas”, y al hombre lo hizo del barro, a los animales los hizo del polvo, y a las plantas les ordenó salir de la tierra y a las aguas les ordenó producir peces, etc.En un sentido quiere decir que hubo casos en que El usó materia anterior para producir géneros superiores; pero la materia primitiva no era eterna sino creada de la nada. Esa es la enseñanza de la Cosmogonía Bíblica. Solamente la Biblia enseña con claridad que la materia, el universo, la energía, el espíritu, todo tipo de forma de existencia provino de la nada, por creación del Dios Trino.
 
Errores de las cosmogonías seculares


Es importante tener en cuenta que existen otras cosmogonías seculares, es decir, interpretaciones paganas y filosóficas del mundo, del siglo, acerca del origen de la creación. Entre ellas podemos mencionar las más conocidas. Un error cosmológico y cosmogónico es el de la pretendida eternidad de la materia; es un error sostener que la materia es eterna. El materialismo actual sostiene que la materia siempre existió. Lo sostienen autores como Feuerbach, después salió Marx, el materialismo dialéctico. Existe otro error llamado dualismo. Los dualistas dicen que existen dos principios, y ese dualismo se ha presentado en la historia de diferentes maneras. Hay varias clases de dualismos. Algunos presentan un dualismo de espíritu y materia, como dos realidades eternas y diferentes, y que Dios trabajó con una materia eterna. Pero hay otro dualismo que presenta dos principios eternos: el principio del bien y el principio del mal, y que el principio del mal es tan eterno como el principio del bien. Ambos dualismos son errores. La Biblia sostiene que Dios creó todo en el principio, y a lo que iba creando decía que era bueno. Surgió que del libre albedrío de aquel querubín, Lucero, convertido luego en Satanás, fue que comenzó el mal en el universo. Jesús dijo que el diablo es el padre de la mentira y que peca desde el principio; él es el origen de la mentira, del engaño.


Satanás era un querubín creado perfecto, un sello de perfección, como dice Ezequiel, que se rebeló, y eso nos enseña que el mal no es un principio eterno sino simplemente una decisión que tuvo comienzo en el tiempo sobrenatural, en el tiempo angélico, con Lucifer, Lucero, el diablo cuando aún era un querubín. El masdeísmo o zoroastrismo, es la religión de Zoroastro, la que habla del principio eterno del bien y del mal. Otro error es el emanantismo o emanacionismo, quienes sostienen que el universo es una emanación de Dios, o sea que confunden al universo como si fuera una manifestación fenoménica de Dios; para ellos eso significa que cuando la divinidad comenzó a emanar su sustancia, empezó a aparecer el universo. Manifestación fenoménica de Dios significa para esa doctrina que el mundo o los fenómenos son la aparición de Dios, la apariencia de Dios, y eso conduce a otro error que se llama panteísmo. Panteísmo es la confusión de Dios con el universo; según el panteísmo la creación es Dios, que el ser de la creación y el ser de Dios son uno mismo.

La Biblia enseña acerca de Dios en relación con la creación, dos conceptos claves que son: La transcendencia divina y la inmanencia divina. La transcendencia divina significa que el ser de Dios es distinto del ser de la creación, pues el ser de Dios es propio de Dios mismo; Dios no tuvo principio, es autosuficiente, no depende de la creación sino de sí mismo, es totalmente exclusivo de Dios. La inmanencia de Dios significa que este Dios transcendente sin embargo es aquel en quien la creación subsiste, de El. La inmanencia divina quiere decir que en Dios somos, que en El vivimos, que en El nos movemos, que Dios sustenta todo, que Dios sostiene y preserva todas las cosas, y que le mantiene el ser a todo lo que existe. Algunos teólogos y filósofos han tomado lo de la inmanencia de Dios y lo han llevado a un extremo, queriendo decir que el Dios inmanente aparece como la creación y que la creación misma es una manifestación o aparición fenoménica de Dios. Esto es lo que se llama panteísmo, confundir el ser de Dios con el ser de la creación. La Biblia enseña que la creación es en Dios y es sostenida por Dios y es de Dios, por Dios y para Dios. El ser de la creación es contingente, es decir no es suficiente en sí mismo; no tiene el ser en sí mismo, sino que el ser le es dado por Dios de la nada; no existía, es dependiente. La creación es absolutamente dependiente de Dios para todo, para su misma existencia, para su continuidad; en cambio Dios no es dependiente de nada, ni de la creación; sino que El es suficiente en sí mismo.


El panteísmo es el error típico de todos los misticismos orientales; de religiones como el induísmo, el brahamanismo, de la filosofía hegeliana, de la filosofía de Espinosa, que son el fundamento del materialismo de Feuerbach, del materialismo dialéctico de Carlos Marx, de Hegel, del comunismo, y en general de ese tipo de filosofías. El fin de esos errores es que se deshacen de Dios y se quedan con la creación, y es precisamente lo que acusaba San Pablo en Romanos 1:18 y siguientes, cuando dice que los hombres están sin excusa porque no reconocieron al Creador sino que le dieron la gloria a la creación, cambiando la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. ¿Por qué? Porque ellos piensan que Dios es la sustancia del mundo; cuando ellos ven un cuadrúpedo, para ellos es una manifestación de esa sustancia divina, porque no hacen diferencia entre el ser de Dios y el ser de la creación.

 
La Creación, acto voluntario de Dios

La creación es un acto voluntario, un acto libre de Dios; la creación no es necesaria para Dios, la creación no es Dios, es una obra de la voluntad, del amor, del deseo de Dios. Sí existe la inmanencia divina, eso significa que todo es en Dios, es por Dios y que es gracias a Dios que El lo sostiene todo. Pero hay más de eso; antes de la creación estaba Dios y no había creación; eso nos dice que la creación no era necesaria a Dios y ya existía Dios, el Trino Dios, el Dios eterno que existía sin necesidad del tiempo. Cuando no había tiempo , en el eterno presente de la Trinidad no había otra cosa; sólo que Dios conocía que iba a crear el tiempo y que iba a hacer la creación, y lo decidió con Su voluntad, y lo ordenó con Su Palabra; y de ahí comenzó el tiempo y la creación simultáneamente, y la creación comenzó a tener ser de la nada por la Palabra del Dios Trino; esa creación tiene un ser contingente, que se lo debe a Dios y que si Dios se lo sustrae, desaparece, pues la creación no es dueña de su propio ser. Esas religiones paganas y filosofías actuales se han infiltrado en ciertas teologías. Por ejemplo, la hoy llamada “Teología de la Liberación”, cuyo sistematizador es el peruano Gustavo Gutiérrez. En esa Teología el dios de Gustavo Gutiérrez es el dios de Hegel, un espíritu absoluto, como si fuera una sustancia que está en evolución mediante la dialéctica o la lucha de los contrarios, de la tesis y de la antítesis, de la síntesis; de esa sustancia va evolucionando Dios mismo hasta que Dios va tomando conciencia de sí mismo. Ese es el panteísmo, el Dios de Hegel, y esa es la concepción que subyace en la Teología de la Liberación, en el concepto de Dios en la Teología de Gustavo Gutiérrez, quien no es el único, pero sí uno de los principales y primeros promotores de esa doctrina.


Esos teólogos dicen que Dios está en la creación; dicen que Dios está en los pobres, porque quien sirve a los pobres está sirviendo a Dios. En un sentido los pobres son creación de Dios y existen en Dios, y los ricos también, y todo el mundo, y en todo el universo; y que podemos encontrar a Dios a través de la creación, o que la creación, por lo menos en parte da testimonio de Dios y toman como ejemplo la Palabra en Romanos 1:18 en adelante, diciendo que las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas. Pero no quiere decir eso que la creación misma sea Dios, sino que la creación es una obra de Dios, y como tal habla del Creador que la hizo, al cual hay que darle la gloria, y no a la creación. Por eso es que el misticismo oriental, como no son transcendentalistas en su visión de Dios, sino panteístas o inmanentistas a extremo, entonces ese misticismo es un perderse en el Nirvana. Ellos dicen que todo lo que el hombre ve es una ilusión, de que hay que perder toda la ilusión de lo que el hombre ve y se quedan sumergidos en esa inconsciencia boba o inconsciencia del Nirvana; es un identificarse con ese universo, con ese sustrato del universo, con ese subfondo del ser que ellos llaman Dios y confunden entonces a Dios con la creación en su misticismo; pero no es el misticismo del cristianismo, que es conocer a Dios, a un Dios que se ha revelado objetivamente y que también mora en el hombre, pero que se ha revelado como distinto de la creación, también con un sentido en la creación, como realizador de la creación.

 
Teogonías y teúrgias seculares

Respecto del error del emanateísmo o emanacionismo, o sea los que dicen que la creación es una emanación de Dios, se encuentra por ejemplo en la Kábala, que es una interpretación de los judíos mezclada con teúrgias caldeas. Teúrgia significa obra de los dioses. Hesíodo en su obra “La Teogonía” trata de decir cómo fue que empezaron los dioses; por ejemplo, la diosa Hera, el dios Urano, los Titanes, los gigantes; él trata de contar la historia de esos espíritus, que a lo mejor se trató de ángeles caídos, lo más probable, pero que los antiguos los deificaron. Toda esa historia de los orígenes de los dioses la llamaron teogonía, y a las obras de esos dioses las llamaron teúrgias. De ahí que los caldeos tenían sus propias teúrgias, teogonías y cosmogonías. Sus cosmogonías eran sus pensamientos acerca del origen del cosmos; sus teogonías eran sus pensamientos acerca del origen de lo que ellos llamaron dioses, su panteón de dioses, y las teúrgias eran las obras que hacían esos dioses. Cuando muchos de los judíos fueron llevados cautivos a Babilonia, se mezclaron los pensamientos de las teúrgias caldeas con algunas ideas hebreas y surgió una vertiente que se llama la Kábala, la cual es uno de los orígenes del hermetismo , del ocultismo, de la interpreta­ción del esoterismo, de la masonería, del rosacrucismo. Ese tipo de pensamiento es emanatista. Según el emanatismo, de la nada emanó el uno y del uno emanó el dos, y luego emanaron los distintos poderes de la sabiduría, hasta que se creó el universo. De ahí que ellos vayan diciendo que el universo es como una emanación; y tratan de describir el orden de esa emanación; qué fue lo que emanó primero, qué fue lo que emanó después, y qué después, y así van organizando los grados.


Los masones organizan los grados. Ellos tienen una graduación en su jerarquía, en su iniciación. Por ejemplo, el rito escocés habla de los treinta y tres grados, tres onces, los diez Séfiroths, o emanaciones sucesivas de Dios, y así van creando una extraordinaria mezcolanza, de una visión que ellos tienen de Dios, que es el emanatismo, y de toda esa gradación en emanación universal, dicen que el hombre es la última y más perfecta emanación de Dios. En la práctica esto es una deificación del hombre; es la misma trampa que el diablo usó desde el principio. El diablo había dicho: “...seré semejante al Altísimo...”, y luego le dijo a Adán y a Eva, especialmente a Eva: “...seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Y eso mismo es lo que está detrás del llamado gnosticismo, de los ofitas, del rosacrucismo, de la masonería, del ocultismo, del hermetismo, del cabalismo; prácticamente todo eso es una misma cosa. Pero viendo ese principio básico del cual es la visión bíblica, de Dios y de la creación, y luego comparándola, contrastándola con esos errores, aunque haya miles de sectas, ya tenemos los principios generales para saber dónde está la falla, dónde está el error y dónde está la diferencia en compara­ción con la Cosmología y la Cosmogonía Bíblica.

 
La Kábala

Al origen de la creación se le llama Cosmogonía; si es el origen de los dioses, se trata de teogonía; si es de las obras de los dioses, en el lenguaje pagano se les llama teúrgias; entonces hay cosmogonías, teogonías y teúrgias seculares: pensamientos de los fenicios, de los egipcios, de los caldeos; y muchos de ellos eran emanantistas, y decían que de tal cosa emanó tal cosa, y después que emanó esto, surgió otra emanación, y a esas emanaciones les llamaban los Séfiroths, o emanaciones sucesivas de Dios, y es lo que aparece en la famosa Cábala. La Kábala (en hebreo, “tradición”) es un sistema judío de ideas místicas y esotéricas, basado en los conocimientos bíblicos de los judíos, pero con la incorporación o mezclas de diversas tradiciones paganas. Está formada de dos partes. La primera parte se llama el Sefer Yepshirah (Libro de la Creación), que quiere decir libro de la formación o de la creación, y es una no legítima, sino supuesta revelación de Dios a Abraham, en la cual a Abraham se le revela por medio de letras bíblicas, de versículos bíblicos, de los valores numéricos, cómo fue el orden en que Dios comenzó prácticamente a aparecer, o cómo la creación comenzó a aparecer como una emanación divina.


Luego de ese libro, el Sefer, que es la tradición antigua de los kabalistas, aparece en la edad media cristiana otro hombre llamado Moisés de León, quien interpretó el Pentateuco con ese estilo de interpretación kabalista como la del Sefer, usando la gematría, cambiando los valores numéricos de las letras y sacando un montón de interpretaciones, y resultaron más o menos dando una visión emanantista de Dios, y esos escritos se llamaron el Zohar (Libro del Esplendor). Sumando el Sefer con el Zohar, Moisés de León recogió esas tradiciones de esas interpretaciones emanantistas y surgió lo que se llama la obra “La Kábala”, el Sefer Yepshsirah, y la segunda parte del Zohar, que significa, esplendor. De esa Kábala fue de donde surgieron mezclas con el misticismo, con el juanismo, los que se llaman la orden de San Juan de Jerusalén; de ahí pasó a los Templarios, luego los Templarios huyeron a Europa, se fueron a Escocia, en donde nació el famoso rito escocés de la masonería. Más tarde surgieron los ritos de los rosacruces, con toda la posterior vertiente.

 
La Masonería, el Rosacrucismo y las filosofías herméticas

Observemos que las teúrgias caldeas se mezclaron en Babilonia con las famosas interpretaciones judaicas. Más tarde aparece el gnosticismo precristiano también con teorías cabalísticas, que luego trató de mezclarse con el cristianismo en la Iglesia primitiva; se desarrolla el kabalismo dentro del judaísmo en la Edad Media, y en esta misma época aparecen los alquimistas, y todo eso es un proceso de trasmisión de un punto de vista acerca de Dios y acerca del mundo emanatista, donde prácticamente llega a confundirse a la creación con Dios. Esos son los fundamentos de los famosos Templarios, Hermetistas, Kabalistas, los Rosacruces, los Masones, especialmente del rito escocés, aunque existen otros ritos como el rito de York, el rito de Mizraim, los Caballeros de Kify, los Caballeros de Colón, y una serie de distintas masonerías como la masonería negra, la masonería roja, la masonería blanca, la masonería azul; son ramas que han surgido de una determinada cosmogo­nía y de una determinada teología o teogonía. Ellos dan origen a otras teogonías, pues representan una especie de evolución de Dios y de aparición de Dios en el hombre, y esas filosofías del rosacrucismo las tomó un hombre llamado Cristopher Besold y las llevó a Turingia, donde enseñaba Hegel; ahí se metió en el hegelianismo, donde también eran alumnos de Hegel, Feuerbach y Carlos Marx. Algo que viene de los ofitas antiguos, desde la mentira de la serpiente en el Edén, luego Caín y sus descendientes, luego pasó después del diluvio a través de Nimrod, y a través de Babilonia al sumo sacerdote babilónico; después pasó a los egipcios, a Aglasfanos y Orfeo, y llegaron a los griegos con Pitágoras y luego con el libro “El Fedón” de Platón; de ahí siguieron las llamadas metempsicosis o transmigración de las almas, y todos los jeroglíficos de Egipto.


Todo eso fue pasando a la filosofía y religiones griegas, después a los romanos, al mitraísmo, y esa mentira es la base que está detrás de un montón de filosofías. Ponemos nuestros ojos en la Biblia, la Palabra de Dios, y en el capítulo siete del libro del profeta Daniel aparecen las bestias reveladas por Dios. La primera bestia, Babilonia, aparece en la figura de un león alado; la segunda, Medo-Persia, como un oso; la tercera, Grecia, aparece como un leopardo alado con cuatro cabezas. En Apocalipsis capítulo 13 aparece la bestia final y dice que tenía boca de león, cuerpo de leopardo y pies de oso, y eso significa que lo que en Daniel estaba separado, en Apocalipsis está reunido; o sea que toda esa tradición hermética, religiosa, incluso política, de la antigua Babilonia, que estaba representada por el león, de la Medo-Persia, que estaba representada por el oso, y de la antigua Grecia, que estaba representada por el leopardo, es la que aparece en la bestia de Apocalipsis 13. El eclepticismo de aquellas antiguas civilizaciones: Babilonia con todas aquellas teúrgias caldeas que luego se metieron en el judaísmo a través de la Kábala; Media y Persia con el panteísmo y dualismo, y luego la organización del imperio griego con sus filosofías y paganismo, todo eso aparece en la bestia final mezclado y eso significa que la evolución de la llamada civilización humana con todo ese montón de bestias, se han mezclado entre sí y aparece en la bestia final con cuerpo de uno, con boca de otro, con pies de otro, y eso lo mezcla el eclepticismo de todas esas filosofías antiguas de donde vienen, de una interpretación cosmogónica y teogónica equivocadas, con un origen de la creación equivocado. O le atribuyen eternidad a la materia, o atribuyen dos principios eternos del bien y del mal, o el espíritu y la materia como los gnósticos, los maniqueos, o como los persas del masdeísmo, el dualismo, o aparece también el emanatismo de la Kábala con los famosos Séfiroths, y prácticamente hoy día se están mezclando con el evolucionismo. La actual teoría evolucionista es una cosmovisión del mundo, la cual, siendo una especie de filosofía moderna con raíces en las religiones antiguas, lo interpreta como que va evolucionando de tal manera que una especie da origen a otras especies, y de las partículas surgen los átomos y los átomos se van haciendo más complejos, y surgen elementos y van evolucionando hasta que llega a la vida más simple, y luego evoluciona en peces y luego en anfibios, en reptiles, en cuadrúpedos, y por fin evoluciona en los antropoides en Neanthertal, Cromagnón, y que por fin aparecen los hombres más antiguos de las cavernas y las cuevas como las de Altamira, hasta que llega a la civilización moderna, y todo eso es una especie de materialismo para confundir y apartar a las gentes del conocimiento del Dios verdadero.

 
2. COSMOLOGÍA


No solamente nos interesa conocer el origen de las cosas; eso es sólo una parte, pues la Cosmología no sólo trata de cómo empezaron las cosas sino también de cómo son las mismas, del estado actual de la creación. Un aspecto importante de la Cosmología, es la parte que trata de la creación en su estado actual, es la Providencia Divina, lo que significa que Dios por una parte está sosteniendo a la creación tal como ella es ahora y que está velando por ella de una manera especial; es decir, que Dios no abandonó la creación. De ninguna manera Dios creó las cosas para que ahora estén funcionando solas, sino que no sólo Dios le dio el origen, sino que también las preserva, las sustenta. Vemos tres palabras claves ahí: providencia, preservación y sustentación, que son aspectos distintos de una misma acción. Por otra parte también ocurre la concurrencia. A menudo se usa la palabra concurrencia cuando viene mucha gente que concurre a algún lugar, pero en nuestro estudio no se trata necesariamente de la concurrencia de personas, sino de la concurrencia, de la intervención de Dios, que es la causa primaria de las cosas, con las llamadas causas secundarias, que son las causas que Dios usa, utiliza, como las leyes naturales. Dios a veces utiliza leyes naturales, pero eso no quiere decir que Dios abandonó al mundo a las leyes naturales, sino que las leyes naturales son sostenidas por Dios mismo.


Un ejemplo de concurrencia en los eventos humanos es el caso de José en el libro de Génesis. Sus hermanos lo sacaron de la cisterna, lo vendieron a unos mercaderes ismaelitas madianitas, quienes lo llevaron a Egipto, lo compró Potifar, fue a dar a la cárcel, y luego al fin y al cabo resultó siendo el señor de Egipto después del Faraón y preparando al mismo tiempo el terreno para el mismo pueblo del Señor[2]. En Génesis 45:7-8 leemos estas reveladoras palabras de José a sus hermanos: 7Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. 8Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por Señor de toda su casa, y por goberna­dor en toda la tierra de Egipto”. Notamos que aquí concurren dos interven­ciones: lo que pensaron e hicieron los hermanos de José, y es lo que podríamos llamar una causa secundaria; y la concurrencia de Dios a la situación, pues El estaba allí dirigiendo, manejando la situación. También encontramos en la Biblia ejemplos de concurrencia en la naturaleza, como cuando dice el Señor en Lucas 12:6: “¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios”. Ni una hoja de un árbol se mueve sin la voluntad de Dios. Cualquiera puede pensar que las hojas se mueven por la acción del viento, por las leyes naturales, pero el Señor Jesús nos enseña que no lo hace sin la voluntad de Dios. Eso significa que la voluntad de Dios es la causa primaria, y el viento que mueve la hoja es la causa secundaria. A veces a Dios le place utilizar causas secundarias, pero no porque le sean necesarias a Dios, sino porque El ha decidido hacerlo de esa manera. Todo eso le sucede en la actualidad a la creación, y tiene que ver con su estado actual.
 
3. COSMOTELIA


Una tercera subdivisión primaria general de la Cosmología es también lo que se ocupa de la finalidad de la creación; hacia dónde tiende la creación, cuál es su objetivo final, para qué fue creada la creación y qué sentido tiene. Esta parte la podemos ver en dos aspectos: Un aspecto definitivamente final en relación a Dios y podríamos llamarlo teleológico; y otro en el sentido profético, porque también hay profecías parciales, por etapas, de lo que vendría sucediendo en la creación, incluso en las estrellas. Por ejemplo, dice la Biblia que las estrellas caerán del cielo. Eso nos dice que el universo va a seguir una determinada dirección y va a haber unos determinados cambios respecto del origen del estado actual y de la finalidad. Hay cambios profetiza­dos, previstos, dirigidos providencialmente por Dios, que están revelados en la Palabra. Tenemos un ejemplo en Romanos 8. El hombre fue creado en un estado; vino la caída y con el pecado el hombre quedó en otro estado, y no sólo el hombre, sino que por causa del pecado del hombre, la tierra fue maldita y sujeta a maldición y vanidad, y eso nos dice que había una condición original de la creación, y por eso dice en Romanos 8:20: “Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza”. En el presente la creación está por una parte sujeta a vanidad.

Los científicos han descubierto lo que se llama la ley de la entropía, la segunda ley de la termodinámica, porque la primera ley de la termodinámica es la ley de la conservación de la energía. Ellos dicen que la energía no se acaba sino que se transforma, que uno puede quemar algo, pero que en vez de aniquilarse, se transforma en otra cosa, y así siguen los siclos sin que se acabe nada, y está constantemente cambiándose. Pero la ley de la entropía se ocupa en decir que la energía, que es constante en el universo, sin embargo va perdiendo cada día utilidad, y de ahí que se le llame entropía, que significa arrollamiento hacia adentro, como un espiral en descenso; como cuando una hoja va cayendo de un árbol. En el otoño las hojas se van cayendo haciendo como especie de un espiral. Así dice el Señor que se caerán; la Biblia dice en Isaías y otros pasajes que el Señor sacudirá el ejército de los cielos y caerán como la hoja de la parra y de la higuera. La creación fue sujeta a vanidad pero también fue sujeta a esperanza, porque también hay promesas para la creación. En Romanos 8:21 dice: “...porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. Allí vemos una finalidad de la creación. En la epístola de Pablo a los Romanos vemos tres aspectos de la creación: el aspecto del origen, el aspecto del estado actual y el aspecto de la finalidad de la creación. También en Romanos 11:32-36, después de un importante discurso, el apóstol Pablo dice una frase que para nosotros es ya muy común: “Porque de él (de Dios), y por él, y para él, son todas las cosas”. En esa frase todas las cosas cabe la creación entera. La creación es de Dios, y Dios es el origen de la creación. Ahí se abre el capítulo de la Cosmogonía Bíblica; luego dice que todo es por El, de El; significando el origen. Pero por El quiere decir que las cosas no tienen su ser en sí mismas, sino en Dios. Como dice Pablo ante los atenienses en el Areópago: “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos...”[3], significando que todas las cosas existen en Dios; y dice también en Colosenses 1:16 y 17 que en El fueron creadas todas las cosas...y todas las cosas en El subsisten. Todo lo que existe, existe en Dios. Nada tiene el ser en sí mismo, no se lo dio a sí mismo, ni lo conserva sólo por sí solo, no. Quien le ha dado ser a todo es Dios; quien se lo conserva es Dios, aunque en esa conservación Dios utiliza leyes naturales o causas secundarias. Sin embargo Dios concurre con ellas, las utiliza como uno de los medios para esa preservación de la creación. Cuando dice por El, se está refiriendo precisamente a eso. Todo es de El, tiene su origen en El y por El, o sea gracias a El, gracias a la providencia de El, gracias a la preservación de parte de El, gracias a la concurrencia de Dios con las causas naturales, gracias al sustento de Dios, y por eso también en Hebreos 1:3 dice que: “...El sustenta todas las cosas con la palabra de su poder...”, y lo dice en tiempo presente. Ya no es sólo de El y por El, sino también para El, lo que muestra el sentido de todas las cosas, de que todas las cosas tienen su sentido, su finalidad, su objetivo en Dios; y esto es sumamente importante porque las cosas solamente se realizan a plenitud cuando son sometidas al señorío del Señor, para la gloria de Dios. Cuando algo se rebela contra la gloria de Dios, es algo que está fuera de lugar; por eso es que el plan de Dios con Cristo consiste en “reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:10). Cuando dice que todas las cosas son para El, ahí está hablando de la finalidad de la creación.

 
Exégesis Bíblica de la Creación

De conformidad con las anteriores consideraciones vemos que podemos hacer de la Biblia una exégesis cosmogónica, cosmológica y cosmotélica. La exégesis cosmogónica se refiere al origen de la creación; cosmológica, respecto del estado, del funcionamiento normal, actual y conocido de la creación; cosmotélica, palabra que viene de la raíz griega telos, que significa fin, objetivo, voluntad, por medio de la cual se estudia la finalidad, el sentido de la creación. Cuando nos acercamos a la Biblia para hacer una exégesis cosmogónica, significa que estamos viendo lo que los textos bíblicos dicen acerca del origen de la creación; cosmológica, lo que los textos dicen acerca de su estado actual, de su funcionamiento normal e incluso su funcionamiento milagroso; porque también en la providencia de Dios hay intervenciones que desde el punto de vista humano sobrepasan las leyes naturales, porque Dios está sobre la creación y no sujeto a ella, y ese aspecto es importante tratarlo, pues en Cosmología hay errores; significa eso que hay cosmologías no bíblicas, que son explicaciones acerca de la realidad del universo que no concuerdan con la revelación divina, y que constituyen errores que es nuestro deber identificarlos; errores que incluyen los aspectos del origen, del estado actual y de la finalidad de la creación.


[1]Enseñanza dada en la localidad Rafael Uribe Uribe, Santafé de Bogotá, D.C., Colombia, ell 15 de Junio de 1991
[2]Génesis, capítulos 37-45
[3] Hechos 17:28a

 
 

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