Del lugar de la Bibliología

   
 


 

 

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DEL LUGAR DE LA BIBLIOLOGÍA[1]
 
 
 
Panorama introductorio
Habíamos comenzado por observar los Contenidos Paulinos de la escuela de la obra, mirando aquellos pasajes, aquellas frasecitas que nos dan pista de lo que Pablo enseñaba; y luego empezamos a ver que ese depósito, que ese consejo de Dios, con sus distintas partes, que es compartido a la Iglesia, puede observarse desde distintos ángulos. Y habíamos comenzado viendo lo referente a la Teología Natural, que resumiendo es todo aquello que de Dios se conoce a través de lo natural, sin la revelación especial; es decir, lo que Él ha revelado a través de la creación, lo que podemos deducir a través de lo que Él ha hecho, incluso de nuestra propia conciencia, sin incluir allí lo que Dios ha revelado de manera positiva, de manera especial en las Sagradas Escrituras.


Pero luego vimos cómo aquello que de Dios se conoce, es algo parcial, es algo que no es suficiente para todo lo que Dios quiere hacer. Entonces el Señor, además de haber dado esas pistas, la revelación general, aquella que nos llega a través de la Teología natural, da la revelación especial, que es aquella que nos llega a través de los documentos bíblicos, que son los documentos sagrados de la revelación divina en el sentido especial y positivo. Y sin embargo todavía tenemos otra brechita que llenar antes de entrar directamente en la consideración de lo que es la Teología Exegética y Bíblica. ¿Por qué tenemos que llenar otra brecha? ¿Por qué introducir otro capítulo? Porque ciertamente esa revelación especial que vamos a descubrir, que descubrimos a través de la exégesis de los documentos, ha llegado a nosotros por una parte por el Espíritu Santo, pero usando los instrumentos de las Sagradas Escrituras; es decir, que la revelación divina fue la voluntad de Dios que quedara escrita; no sólo quedó de boca en boca esa tradición, aunque sí tenemos que reconocer un cierto lugar a la tradición.

¿Por qué? Porque las cosas sucedieron delante de testigos, y, pues, esos testigos hablaron, hablaron y hablaron, y del uno pasó al otro y al otro. Así que no podemos decir que no haya algún lugar legítimo en la tradición; sólo que si Dios hubiera solamente confiado en la tradición oral, quizá a lo largo del camino aquí se le agregó un poquito, allí se le coloreó otro poquito, una novedad aparece, alguna cosa se recorta; y si a la larga no hubiera quedado registrado por escrito, entonces se habrían corrido riesgos durante el curso de la tradición. Se ha demostrado que la tradición oral dentro del judaísmo era bastante confiable, porque ellos, prácticamen­te los maestros, hacían repetir casi de memoria a los discípulos las cosas, y realmente se podían transmitir muchas cosas de memoria.
Hagamos un ejemplo, ya no de la tradición oral, pero hagámoslo de nosotros. Cuando nosotros éramos chiquitos nos contaban el cuento de la caperucita roja, y casi siempre lo contamos igual; casi siempre ahí está la abuelita, la caperucita, la canastita, el lobo feroz, el cazador; quizá alguno le añade un detallito, otro le añade otro, pero en forma oral casi todos los niños van escuchando el mismo cuentito. Nosotros lo oímos, nuestros padres lo oyeron, nuestros abuelos lo oyeron, ahora nuestros nietos, si Dios permite, también lo van a oír, más o menos de la misma manera. Esa es una manera de transmitir una cosa que se vuelve clásica. Siempre los niños piden algún cuento, y hay que sacar alguno. Bueno, ya que está en la edad de la caperucita, se lo contamos, y casi siempre se lo contamos de la misma manera. Pero Dios sabe que era necesario que se escribiera la revelación, para tener algo más seguro.


Permítanme contar una anécdota personal, pero que les sirva para ilustrar. Cuando yo estudiaba Psicología en la Universidad Nacional, había una materia que se llamaba Psicología Social, y una vez nos hicieron un experimento práctico; no sólo nos dieron el ejemplo, sino que nos lo hicieron experimentar. Y digamos que yo le cuento algo solamente a Isabelita; nadie lo oye, solamente Isabelita lo oye. Yo salgo con un rollo y le doy todo el rollo a Isabelita; entonces Isabelita, sin que nadie más lo oiga, le pasa aquí el rollo a Maximino, y luego lo mismo hace Maximino con Irma, Irma con otro, y así sucesivamente; luego cuando el rollo vuelve otra vez a mí, pues bueno, sí era más o menos como algo parecido a lo que había empezado, pero ya tenía algunas modificaciones, ya tenía algunas patitas de más y orejitas de menos. Entonces eso nos muestra que sí es importante registrar las cosas por escrito; y Dios mandó a Moisés que escribiera. En varias ocasiones vemos en la Biblia que Dios le dijo a Moisés: "Escribe en un libro las jornadas", etcétera. A Habacuc le decía: "Escribe la visión para que corra, porque es para muchos días". A Isaías le decía que escribiera; a Ezequiel le decía: Escribe aquí la fecha, y escribe estas cosas"; el Espíritu Santo movía a Pablo a escribir. Cuando se trata de estudiar cuáles son las distintas cosas que han llegado hasta nosotros a través de la tradición, acerca de lo que llegó por escrito, realmente es algo muy poco, y siempre resulta la dudita. ¿Será que realmente eso vino por la tradición?

Muchas cosas los católicos sostienen dogmáticamente, diciendo que llegaron a nosotros a través de la tradición. Por ejemplo, la inmaculada concepción de María y la asunción de María a los cielos; cuando tú vas a los documentos católicos a ver dónde se basan, pues no, no se basan en la Biblia. Ellos dicen que tienen la tradición viva de la iglesia; pero, ¿dónde comenzó eso? Cuando tú empiezas a seguir la primera vez que comenzó a mencionarse eso en ese sentido, era en un tono tan suave y tan distinto a como llegó a ser después. Y después, entonces basada en esa primera vez, fue que hubo un modesto registro; el segundo registro unos tres o cuatro siglos después, entonces ya fue un poquito más acentuado, con más arandelas; y luego pasados diez siglos, ya entonces se apela a la tradición antigua. ¿Pero cuál era esa tradición antigua? se dice que en el siglo diez fulano de tal, y en el siglo cuarto fulano de tal. Entonces tú te das cuenta de que hablar teóricamente de la tradición apostólica transmitida en forma viva a la iglesia, es fácil; pero cuando se va a concretar qué es específica­mente lo que se ha transmitido de la tradición, aparte de la Escritura, ya queda más difícil; ya no es fácil concretar, ya no es un gran cuerpo de verdad, como sí lo es la Sagrada Escritura. Entonces nos damos de cuenta que Dios previó que la revelación especial fuera registrada por escrito y allí es donde tenemos la certeza de lo más seguro que nos viene desde la antigüedad. Entonces por eso tenemos que hacer una brecha, y antes de entrar en lo que es la Teología Exegética y Bíblica, tenemos que reconocer el lugar de la Bibliología.


Bibliología es que trata acerca de la Biblia; ya no es de qué trata la Biblia. La Bibliología no trata el mensaje de la Biblia en sí, como tema central. Cierto, eso también esta incluido, digamos, en un capítulo, o en una sección de la Bibliología; pero la Bibliología estudia el documento, la Bibliología estudia el instrumento. El mensaje es como decir la sopa que nos ha venido en un plato, entonces ese plato es el instrumento en el que viene la sopa. La Biblia es el instrumento en el que viene el mensaje, la revelación es la sopa; la sustancia es lo que nos alimenta, pero nos ha llegado a través del instrumento, y ese instrumento ha pasado de mano en mano y de siglo en siglo, y ha llegado hasta hoy. Entonces ciertamente que, para conocer la revelación divina especial positiva, la Palabra propia de Dios, aquella intervención adrede de Dios revelando lo que Él tiene que decir, eso está en un documento, y ese documento es las Sagradas Escrituras.


Entonces antes de poder hacer la exégesis, aunque se puede hacer la exégesis teniendo fe en el documento, sin embargo la Bibliología estudia la validez del documento; porque si tú entiendes lo que dice un texto, pero luego un espíritu de escepticismo, de los que abundan especialmente del siglo XVII para acá, viene y te hace dudar del documento, aunque tú entiendas lo que dice, el gusanito del escepticismo no te deja disfrutar la sopa; no te la deja disfrutar. Tú crees, por ejemplo, lo que dice Tesaloni­censes; pero qué tal que Tesalonicenses sea por ahí un invento de un dominico que quería... ¿Te das cuenta? Eso terminaría el aprovechamien­to, y dejaría de ser para ti una revelación; y eso es lo que ha acontecido con algunas personas; ese espíritu de escepticismo ha operado y se puede seguir la operación con nombres propios del espíritu de escepticismo; gracias a Dios se puede seguir también con nombres propios la refutación de esas mentiras; algunas personas solamente han oído alguna campana y desgraciadamente han naufragado en la fe. En el área de la Bibliología es donde se está librando una gran batalla para mantenerse o para naufragar en la fe. Muchas personas han naufragado en la fe, porque no han sabido pelear la batalla en el área de la Bibliología. Así que, la Bibliología es un asunto importante; no se trata por ahora de la exégesis del texto, o sea, del mensaje en sí, sino de percibir la validez del documen­to. Realmente esta epístola proviene del apóstol Pablo; unos dicen que no, que no proviene de Pablo, que proviene de Policarpo del siglo II, de los gnósticos, de los escépticos; porque el diablo tiene sus ejércitos, han estado diciendo cantidad de cosas. Gracias a Dios que el Espíritu Santo también ha estado diciendo cosas, y también ha estado demostrando dónde están los puntos débiles de esos supuestos argumentos; pero nosotros necesita­mos conocer esas realidades y la iglesia tiene que manejarse muy bien en el área de la Bibliología y refutar el modernismo, que es aquel pensamien­to escéptico, radical, racionalista, ultra racionalista, que prácticamente adora la razón y desconoce la revelación; es una especie de egolatría. Ese espíritu tiene que ser conjurado, tiene que ser enfrentado, porque se ha demostrado muy sutil. Es muy difícil conocer si una persona es modernista o no; la persona modernista generalmente no hace su confesión de fe como la hace un cristiano. Un cristiano es muy abierto, un cristiano declara lo que cree y lo que piensa; en cambio son pocos los modernistas que lo hacen. Hay ateos que se declaran ateos abiertamente.

Pero dentro del ámbito eclesiástico, digamos religioso, dentro de las estructuras religiosas hay modos de vida. Hay profesores que viven de una cátedra en un seminario, y entonces él no tiene fe en los documentos, pero tiene que vivir del seminario; entonces tiene que dar su cátedra en el seminario, pero resulta que su cátedra no es de fe sino de duda. Muchos seminarios son semilleros de dudas. Yo les podría contar casos especiales. Conocí a un joven, Arnulfo se llamaba; esto fue en la ciudad de Itacurubí de la Cordillera en el Paraguay. Cuando lo conocí era uno de los hermanos más queridos, de los jóvenes más animados, que estaba animando a los demás jóvenes en la congregación menonita de la cual hacía parte; y como era tan prometedor y tenía como un llamamiento para servir al Señor, entonces lo enviaron al seminario menonita de Montevi­deo, en el Uruguay, a estudiar, a especializarse en teología. Pero allá entró en contacto con las corrientes de la llamada teología de la muerte de Dios, de Paul Van Buren, de Hamilton, de Robinson, y de otros, y empezó a entrar en contacto con cosas que fueron muy pesadas para él, que no pudo manejar, porque como el seminario era liberal, entonces le llegaban con todo el montón de verborragia radical de los escépticos, pero nunca escuchó su refutación a través de los conservadores, y perdió la fe en el seminario.


Muchos se vuelven apóstatas entrando en ese campo; es un campo peligroso; mucha de la batalla de la fe se está librando en ese campo. Entonces, hermanos, tenemos que conocer la vertiente de la fe normal de la Iglesia, y conocer el aporte y el trabajo de aquellos hermanos fieles al Señor, que se pueden y se han podido mover en ese ámbito académico, y que con solvencia han podido refutar aquel espíritu de escepticismo y demostrado que no es tan pretendidamente científico y erudito como pretenden. Mi posición aquí delante de ustedes es como les dije la vez pasada, de creyente. Yo creo en el Señor Jesús, en las Sagradas Escrituras. El Señor Jesús dijo: "Las Escrituras no pueden ser quebrantadas". El apóstol Pablo dijo: "Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir.... Y también el apóstol Pedro dijo que tenemos en la Escritura la Palabra profética, como una antorcha que alumbra en lugar oscuro. La fe cristiana legítima es la que tenía el Señor Jesús; es la fe del Espíritu de Cristo, es la fe de los apóstoles, la fe que tenía Pablo, la fe que tenía Pedro.

Otro pensamiento no es el cristianismo; claro que puede mimetizarse entre los cristianos, pero no es el cristianismo. El modernismo es muy sutil; la gente no lo sabe; ellos tienen que ocultar su pensamiento, porque no quieren ser rechazados, no quieren ser mal vistos; entonces no pueden decir abiertamente lo que piensan; pero lo pueden destilar sutilmente, y si los hermanos no tienen una formación suficiente, que a veces es necesaria incluso académica, en esa área de la Bibliología, entonces tropiezan. Hermanos, esto que les estoy diciendo es verdad. La Iglesia no puede hacer lo del avestruz, pensando que si esconde la cabeza en la tierra y no ve el mundo, tampoco lo ven a él. Decir que si ignoramos que existen esos problemas, que existen esas situaciones, entonces ya estamos protegidos porque lo ignorarnos. Decir que mejor es no saber eso; no hermanos, eso no es lo correcto; hay que conocer la problématica y hay que entrar en ella como se debe, con prudencia, guardando la distancia, bien vacunados antes de poder manejar ciertas cosas. Satanás es muy astuto; él va a aislar a la persona de aquellos que le pueden ayudar, para ponerle una carga pesada que no pueda llevar; y la persona se va a quedar ahí, cargando un peso, en una lucha con ese espíritu de escepticismo y de confusión, y no sabe que la Iglesia tiene respuestas desde hace tiempos; pero Satanás la aísla. A veces la persona desconoce dónde están las respuestas; a veces desconoce una buena bibliografía; a veces no se le ha recomendado algo positivo; Satanás la aísla y le destila ese escepticismo; esto o aquello, o aquello otro. Y en esto tenemos que ser muy vigilantes, hermanos.
La Biblia dice que antes de la venida del Señor habría una grande apostasía y es justamente en este campo de la Bibliología en que la punta de lanza de la apostasía ha estado trabajando; en el campo de la Bibliolo­gía. Vamos a tener que dar desgraciadamente algunos nombres propios; no voy a dar muchos porque hay muchos, pero voy a dar las principales, personas de las que hay que cuidarse, o si no manejarlas una vez se esté muy preparado; y vamos a darles también otros autores que pueden serle útiles para que usted se arme primero con ellos antes de poder manejar algunas cosas. Cuando vamos a tener que manipular microbios fuertes, se necesita estar esterilizado, y si no, bien vacunado, y si la persona no tiene suficientes defensas, es mejor que todavía no se meta con eso. Espere, ya que eso no es problema suyo solo; es combate que mantiene la Iglesia. No batalle usted solo; ninguna batalla del cristianismo es para batallarla alguien solo; eso tenemos que batallarlo como Iglesia, porque el campo es muy amplio y hay muchas especializaciones.


Áreas de la Bibliología

Vamos a mirar entonces quéáreas cubre la Bibliología. A veces los hermanos escuchan hablar de las llamadas Alta Crítica y Baja Crítica. De antemano les digo que la Alta Crítica y la Baja Crítica en sí mismas no son ni buenas ni malas. Cuando usted oiga la palabra Alta Crítica no piense que eso es algo perfecto, algo científico o erudito, o que es algo solamente del diablo, no. La Alta Crítica consiste en una investigación acerca del origen, de los autores del documento, de la transmisión del documento, de la validez y autenticidad del documento. Lógicamente que es una área bastante difícil.
Entrar en la investigación de los documentos de la Biblia, su origen y su validez y su autenticidad y la autenticidad de su trasmisión, lógicamente que es algo muy delicado, pero eso no quiere decir que esa investigación sea buena o sea mala en sí misma. Pero hay personas que no están sabiendo manejar eso, y algunos son incrédulos; algunos no tienen el Espíritu Santo que los prevenga. Entonces ellos ceden a la multitud de demonios de escepticismo que están dispuestos para sugerirles cualquier clase de conjeturas. Es más, si hay un campo en el que existan montañas de conjeturas, y tenemos que llamarlas por su nombre, son conjeturas, es en esta área; pero si una persona que no está bien dispuesta en su corazón, oye por allá una conjetura, le parece lógica y hay un demonio que le ayuda, ahí queda esa persona luchando con ese diablito durante un buen rato, hasta que el Señor le conceda echarlo fuera, y una mentira sólo se echa fuera con la verdad. Hay que mostrarles la otra cara de la moneda, y demostrarles dónde eso es una conjetura y es una falsedad. Ustedes han tenido ejemplos en esta época, de cómo un hecho se tergiversa, agregán­dole y quitándole. Ahora, por ejemplo, en que nuestro país está en el problema del gobierno, que renuncie que no renuncie; unos que sí, otros que no, unos están a favor, otros en contra, presentan las noticias ladeadas para poder producir el efecto.


Pero estamos en la tierra, estamos entre seres humanos, y estamos entre pecadores, y hay muchas personas interesadas en poder escaparse de Dios. Hay muchas personas interesadas en destruir la Biblia. El diablo siempre ha trabajado para destruir la Biblia, desde el principio. La gente no quiere estar bajo el gobierno de Dios. Entonces esas personas que están ladeadas hacia un lado o hacia otro, cualquier cosita que encuentran por ahí, que les parece, entonces ya se alegran. Lo encuentran, lo publican, le ponen papeles de colores y moñitos, y eso sale como el ú 

 

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