Puntos cruciales de la teología apologética

   
 


 

 

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PUNTOS CRUCIALES DE LA
TEOLOGÍA APOLOGÉTICA[1]
 
Fundamento Bíblico de la Teología Apologética
Apologéticaviene del griego apología, que también se trasliteró al castellano, y que significa defensa. Hacer apología de algo es defender algo. Por ejemplo, en la constitución de algunos países dice que está prohibido hacer la apología del crimen. En aquellos pasajes del Nuevo Testamento que encontramos la palabra defensa, los apóstoles en el griego escribieron apolo­gía.

El estilo de la Teología Apologética es defensivo; es diferente a la Teolo­gía Dogmática, porque ésta lo que hace es proclamar la verdad, el dogma. Esa verdad proviene de la revelación divina y del testimonio divino y también de lo que la razón descubre. Cuando se junta todo lo que se pueda decir de una verdad, especulativa, natural y bíblicamente, surge lo que es lo máximo que se puede decir de una determinada verdad, y esa verdad entonces se proclama; una verdad que nace de la Biblia es una verdad revelada; y al proclamarse se está utilizando lo que se llama un kerigma. El kerigma es la proclamación de la verdad, y la Didaché es la enseñanza de la verdad. Pablo, por ejemplo, en algunas partes habla de la predicación y la enseñanza, diciendo que él es predicador y maestro; de donde, la predicación es el kerigma o proclamación de la verdad. De la Didaché (enseñanza), viene nuestra palabra castellana didáctica.  El kerigma y la didaché (la proclamación o predicación y la enseñanza de la verdad) es lo que constituye el tema de la Teología Dogmáti­ca.
En cambio la Teología Apologética se ocupa de defender, que es diferente de proclamar. Proclamar es cuando se lleva una verdad y se sirve tal como es. El mundo tiene sus propias opiniones acerca de los asuntos de los que Dios ha hablado, y el diablo sus mentiras en forma de doctrina; y hay espíritus de error y doctrinas de demonios, que tratan de confundir a las personas, incluso a la Iglesia, acerca de la verdad de Dios. El diablo trata de hacerles creer que las cosas no son como Dios dice, sino como él pretende decirlas, y surge error y argumento de error y argumento de incredulidad.
A la Teología Apologética le corresponde combatir el error y la increduli­dad derribando y ”refutando los argumentos que se levantan contra el conocimiento de Dios” (2 Co. 10:5). En la Biblia encontramos algunos versículos donde la Palabra misma del Señor nos insta a estar preparados para la apología, y es justamente la fundamentación de la Teología Apologética. La Biblia misma quiere que exista la Teología Apologética; la preparación del pueblo de Dios para la defensa.

En l Pedro 3:15 leemos: “...sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con manse­dumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Este es uno de los versos claves en los que se fundamenta la existencia de la Teología Apologética. Haciendo una exégesis del verso digamos que a veces para nosotros es suficiente santificar al Señor en el corazón, y tener esperanza, y decimos: Señor, espero en Ti, y te santifico; quiero vivir una vida santa y tengo esperanza en Ti. Llegamos a pensar que eso es suficiente; pero por este verso nos damos cuenta que, aunque esto es bueno, es fundamental y necesario, no obstante, no es del todo suficiente. A la santificación del Señor hay que añadirle algo más; y a las personas no basta con presentarle nuestra esperanza, sino también la razón de nuestra esperanza. En ese verso hay una parte devocional (“santificad a Dios en vuestros corazo­nes”), la parte privada, la parte mística, espiritual. Pero también dice “y estad siempre preparados para presentar defensa”. O sea, que el pueblo del Señor, además de santificar al Señor, alabarlo, vivir conforme el Señor desea, con su ayuda, debe afrontar la defensa porque existe ataque. Esa defensa no debe ser solamente improvisada.
 Preparación Integral para la Defensa
Sí hay que depender siempre del Espíritu, pero el Espíritu tiene herra­mientas. No se contradice la preparación con la dependencia del Espíritu porque es el mismo Espíritu el que nos insta a estar preparados para la defen­sa. Existe algo que se llama preparación para la defensa, para la apología. Esa preparación primeramente es espiritual, pero debe ser integral, porque Satanás nos va a atacar donde haya un punto flaco. La cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. Todo el poder de la cadena radica en el eslabón más débil, no en el más fuerte. No importa si hay eslabones fuertes, la cadena se rompe por el más débil. Y si nosotros descuidamos un eslabón, por allí va a buscar el diablo una grieta para meterse y destruir la Iglesia. Por eso la Palabra habla de una preparación y ésta debe ser integral: Espiritual, intelectual, e incluso física, porque hay momentos en que se requiere estar bien físicamente para el servicio del Señor. “...presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Los de afuera pueden inquirirnos en qué basamos nuestra esperanza. En relación con la apologética, la palabra clave aquí es razón. La apologética trata de las razones de nuestra fe; las razones de nuestra esperanza. No la esperanza misma, porque esto es muy subjetivo, muy personal, muy nuestro. Nosotros tenemos comunión con Dios, tenemos esperanza y santificamos a Dios, pero la Teología Apologética tiene que ver es con los ataques y argumentos de otros, con los problemas y confusiones de otros. Y no es suficiente que yo esté contento. Yo tengo que estar preparado para presentar defensa con mansedum­bre y reverencia, ante todos; y esa palabra sí que me asusta, pero es de Dios.

Nosotros diríamos: Bueno, sí, ante los que son como yo, Señor, ante los que saben poco o menos que yo; ante los ignorantes, ante los que no entien­den nada. Pero no; es ante todo el que nos demande razón. La Iglesia no debe acobardarse ante ningún gigante; no debe sentirse disminuida, sino que tiene que estar preparada para con todos. A la Palabra de Dios no le queda grande nada. Ningún problema humano, ninguna situación le queda grande a Dios y a su Palabra. De ahí que el trabajo de la Teología Apologética es prepararnos para la defensa ante el que nos demande razones. La Teología Apologética presenta no sólo la esperanza sino la razón de la esperanza, y proclama y defiende la verdad ante los ataques. Por ejemplo, la Teología Dogmática enseña la verdad de la creación ex-nihilo (de la nada) y enseña el examerón, la formación de la creación en seis días, y al sexto día la creación del hombre. Esa es una proclamación de una verdad revelada. Pero el diablo tiene otras explicaciones para tergiversar. Y él tiene sus argumentos que ha sembrado entre la gente; y ha introducido en la humanidad que todo ha venido por una evolución de los elementos, que más tarde la vida también vino en el océano por una evolución de las proteínas, las enzimas y los aminoácidos, y se formaron las moléculas vivientes, y luego surgieron los primeros animales microscópicos unicelulares; y todo se fue multiplicando y creciendo... hasta que el mono se volvió hombre.


La Teología Dogmática expone la verdad, pero la Apologética la defiende, porque tiene que demostrarle al error y a la incredulidad que sus argumentos son mentirosos; es algo más que proclamar la verdad, porque además de proclamarla y enseñarla, es defenderla y confirmarla. En la epístola a los Filipenses 1:7, Pablo dice: “...como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia”. Una cosa es anunciar el evangelio, y otra es defenderlo y confirmarlo. Es otro aspecto diferente. La proclamación anuncia el evangelio, pero el evangelio es atacado con mentiras; hay que defender la verdad contra el error y la incredulidad. La gracia del Señor también nos capacita para la defensa y confirmación. Kerigma es proclamación, Didaké es enseñanza, pero Apología es defensa. La defensa es para confirmar. Al anunciar la verdad, de pronto se levantan contradictores, a los cuales hay que derribarles sus argumentos. Ese derribamiento de argumentos, esa defensa y esa confirmación, ese desnudamiento del error, de las razones de la incredulidad del agnosticismo, tienen que ser tratados por la Iglesia, y la gracia capacita también a la Iglesia, no sólo para predicar sino también para defender.
Volviendo a Filipenses 1, leemos en los versos 15-17: 15Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. 16Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; 17pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio”. Cuando Pablo escribió esta carta ya estaba preso. También leemos la apología de Pablo en Hechos 22:1 cuando dice: “Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros”. Pablo no solamente había anunciado el evangelio, sino que por anunciarlo se levantó persecución contra él y contra el evangelio; ahora Pablo lo va a defender allí en frente de los hermanos y padres en el judaísmo. Esteban, también en el libro de los Hechos, hizo una apología. Incluso cuando las iglesias querían acusar a Pablo, él dice: contra los que me acusan esta es mi apología. Y empieza a enseñar apologéticamente, defendiendo ciertos derechos y verdades.

La Teología Apologética derriba argumentos

Leemos en 2 Corintios 10:1-5a: 1Yo Pablo os ruego por la mansedumbre (note cómo la mansedumbre va junto con la defensa, igual a lo que dice Pedro: presentad defensa con mansedumbre y reverencia) y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros; 2ruego, pues, que cuando esté presente, no tenga que usar de aquella osadía con que estoy dispuesto a proceder resueltamente contra algunos que nos tienen como si anduviésemos según la carne. 3Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (existen demonios que establecen fortalezas, pero el medio de derribar y destruir esas fortalezas es), 5refutando argumentos...”. Esos principados crean un tipo de pensamiento, un tipo de interpretación, producen una cosmovisión del mundo en las personas, y las personas ven las cosas a través del color de ese tipo de pensamiento, de argumentación.  
La mentira se tiene que derribar con la verdad; se tiene que desdecir la mentira y demostrar dónde está la falla, dónde está la inexactitud, dónde comenzó la trampa; desmantelarla. Hasta que no veamos con claridad dónde está la trampa, podemos seguir siendo engañados; porque la mentira es un hablar de un demonio. A veces podemos echar un demonio, pero nos puede quedar el hablar, al cual tenemos que desdecir. Si el demonio dice una mentira, tenemos que demostrar por qué es una mentira, dónde comenzó la primera apariencia; dónde estuvo el engaño. En 2 Corintios 10:5 dice: “...refutando argumentos...”. Allí el apóstol usa la palabra argumentos, y la Palabra también nos exhorta a través de Pablo y le dice a Timoteo entre otras cosas, redarguye.[2] Por una parte le dice: Instruir, exhortar, pero por la otra le dice redargüir. Redargüir significa deshacer argumentos que se levantan contra el conocimiento del Señor y de la verdad. Hay que deshacer el ovillo del argumento, con el argumento de la verdad, que es la proclamación de la verdad. Pero ese redargüir, ese derribar el argumento, es una defensa del evangelio para confirmarlo. La Teología Apologética se utiliza como herramienta del Espíritu en el derribar de argumen­tos.
 
La Teología Apologética y la Psicología

Carlos Gustavo Jung, uno de los famosos padres del psicoanálisis, escribió un libro que es como una conclusión de veinte años de investigación de psicología profunda, llamado “Transformaciones y símbolos de la líbido”. Yo adelanté estudios de psicología y leí minuciosa y profundamente el citado libro de Jung, y a través de la lectura de éste y otros textos de psicología, el Señor me mostraba que la psicología humana no es otra cosa que argumentos de un príncipe diabólico. La psicología trata de destruir la fe y en muchos casos la destruye. De hecho, los mismos grandes psicólogos, de famosas escuelas, son ateos. Sigmund Freud es ateo; trata de explicar la fe en Dios como si fuera una enfermedad obsesiva. La religión para él es una obsesión, una enfermedad. Pavlov trata de explicar que la cuestión no es sino reflejos condicionados. Puros argumentos de un príncipe mentiroso. Es fundamental interpretar la psiquis humana a la luz de la Palabra de Dios y no a la luz de la interpretación secular que viene de príncipes. Ellos tratan de interpretar al mundo de una manera, y son argumentos; a veces argumentaciones complicadas y largas, y los creyentes en Cristo y todas las personas estamos expuestos a las doctrinas de demonios. Porque no solamente existe el demonio, sino también la doctrina del demonio; así como muchas veces hay demonios de enfermedad, que dan inicio a una descomposición orgánica, y una vez que echamos fuera el demonio, el demonio de enfermedad se va, pero la descomposición orgánica todavía quedó; y es necesario que el enfermo se vaya recuperando, claro, ahora con menos resisten­cia. Por eso muchas personas no se sanan, aunque el demonio haya salido, porque físicamente quedó la descomposición.
 

La Palabra de Dios es un arma de la Apologética

Muchas veces hay personas que son poseídas por el demonio, pero la manera como el demonio se abre paso es a través de una argumentación, a través de una doctrina; es por eso que a esa doctrina o argumentación, hay que deshacerla con la argumentación del Espíritu, con la espada del Espíritu, que también es la Palabra. El instrumento que utiliza el demonio es una doctrina y el instrumento que utiliza el Espíritu Santo es la Palabra. La Palabra de Dios verdadera tiene que deshacer la doctrina del demonio. El argumento debe ser redargüído, debe ser demostrado como falso. La Palabra nos dice que los santos, además de santificar al Señor, y además de tener esperanza, debemos estar preparados para la defensa y también para dar razón de la esperanza.
Las razones de nuestra fe son las que constituyen el contenido de la Teología Apologética; las razones por las cuales confirmamos esto y no creemos esa mentira y la demostramos mentirosa. Su insensatez será manifestada a todos. Para derribar argumentos, para presentar razones de la esperanza, para estar preparados para la defensa, es que se ha constituido, se ha formado la Teología Apologética. Ella reúne toda aquella verdad con que el Señor ha defendido el evangelio a lo largo de la historia. Se han levantado mentiras para confundir, errores para mezclar y también incredulidad con argumentos que la gente piensa tener para no creer. Por ejemplo, dicen: ¿Por qué existe el mal? Si Dios existiera, ¿por qué este niño nació con las orejas torcidas? Dicen que no creen en Dios, usando argumentos. Entonces hay que mostrar la insensatez de esos argumentos; resistir al demonio con la verdad; redarguyendo a la persona; derribando los argumentos, que son la doctrina del demonio, el instrumento que usa el demonio.
 
La Teología Apologética y el arar

Hay muchas tareas que realizan los siervos del Señor. Una de ellas es la tarea sacerdotal, devocional; otra es la de sembrar el evangelio, de regar donde ya se ha sembrado; de apacentar, de combatir, de edificar; a veces gobernar, a veces administrar, presidir, dirigir, servir, asistir; son muchas las tareas del pueblo de Dios. Algunos sobresalen en una, otros en otra, según el don que Dios les dé; pero hay una tarea a la que suele ponérsele muy poco cuidado, pero que también existe y también está en la Palabra, y se le denomina con un verbo, y en la cual, para ejercerla, se necesita la Apologética. En Lucas 17 y 1 de Corintios 9 se menciona esa tarea. En 1 de Corintios 9:10 dice: “¿...o lo dice enteramente por nosotros?   Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla con esperanza de recibir el fruto”. Allí la Palabra menciona un verbo, arar. También en Lucas 17:7-8: 7¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara (una tarea) o apacienta ganado (otra tarea), al volver él del campo, luego le dice: pasa, siéntate a la mesa? 8¿No le dice más bien: prepárame la cena (otra tarea),  cíñete, y sírveme (otra tarea) hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?”. Notamos que en Corintios, además de arar, menciona la tarea de trillar; y en Lucas menciona otras tres tareas. Cada una es una tarea amplia que tiene muchos bemoles. Y en Lucas aparece la tarea de prepararle la cena al Señor, que es la devoción privada, el ministerio privado. Alguien puede alegar, diciendo: Señor, yo ya estuve evangelizando, estuve apacentando las ovejas, así que voy a dormir... El Señor le dice: “No, ahora no vas a dormir; quiero que estés conmigo. Has estado en la obra, pero ahora quiero que estés conmigo”. Y ese es otro trabajo que hay que hacer, estar con el Señor a solas, en privado y ministrarle a El. Todo lo que El es y para El mismo. Ni siquiera para interceder por el mundo, ni por la familia, ni por el uno, ni por el otro, sino para adorarlo a El, servirle a El; que El coma; ministrarle a El; es algo privado.

A Marta le pasó algo igual. “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”[3]. María tuvo tiempo para El, para Su persona; no para cosas, no para servicios, sino para atender a Su persona. Ese es uno de los trabajos aquí; el de prepararle la cena. Está la tarea de apacentar el ganado, que es el ministerio pastoral, darle el alimento a las ovejas, a los hijos del Señor, sobrellevar sus cargas, atenderles, asistirles, pero nótese que hay un trabajo que se menciona primero y es el de arar. Arar no es todavía sembrar. No se puede sembrar sin primero arar. Las siembra es la semilla misma del evangelio, evangelizar; pero muchas veces no se puede evangelizar porque el terreno no está arado. Arar es agarrar esa tierra y voltearla, sacar las raíces, las piedras, airearla, que quede lista para poder sembrar la semilla. Muchas veces se va a proclamar el Kerigma, la verdad y no se puede porque esa tierra está llena de piedras, de raíces y de otras plantaciones dañinas, que constituyen los argumentos del diablo, teorías humanas. Son afanes; es una manera de ver la vida; es otro “evangelio” que la persona ha recibido que no es el de Dios; un falso evangelio, y la persona tiene su punto de vista, y por eso no puede recibir el evangelio verdadero, porque antes hay que desarraigarle ese montón de piedras y raíces, cosas extrañas; y ese trabajo se llama arar.

Muchas veces el Espíritu Santo no ha terminado de arar en un determinado terreno, y todavía no manda el evangelio. San Pablo iba para Bitinia, pero no era la hora todavía. Dios tenía que hacer algo antes; hacer la labor de preparar el terreno antes de que llegara la hora de sembrar. Los que estaban ya preparados eran los de Macedonia, los de Filipos. El Espíritu tampoco lo dejó hablar palabra en Misia. Fue entonces cuando se le muestra en una visión para que fuese a Macedonia: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”[4]. El Señor habla de un siervo suyo que ara, y arar es anterior a sembrar. Parte de ese trabajo es prepararnos a El en oración, intercesión; por otra parte también hay que prepararlo por medio de derribar los argumentos del diablo; demostrar a la gente que esos argumentos falsos en que ellos confían no son seguros. Se necesita desargumentarlos, para que cuando ya no tengan nada, entonces estén listos para recibir la siembra. Muchas veces el Señor permite que a las personas les ocurra problemas para poderles hablar, porque mientras están muy seguros en su mundo, creyendo que es seguro lo que tienen y en lo que confían; pero cuando el Señor les permite que pasen por problemas, en su misericordia les muestra que lo que tienen no es confiable.

Leemos en Judas 3, cuando dice: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. Note la palabra contendáis. También leemos en Romanos 14:1 “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones”. Cuando la Palabra dice que no es para contender sobre opiniones, se refiere a que son hermanos que ya están en la fe; porque ahora que estamos hablando de la lucha, de la contienda, de la defensa, uno podría pensar que hay que ponerse a discutir por todo. Hay que distinguir las prioridades. Hay cosas que son escuelas de opiniones. Sigue diciendo en el verso 2: “Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres”. Entonces acerca de esas cosas menores, y que las conciencias de los hijos legítimos de Dios varían en pequeños asuntos debido a su trasfondo, a su cultura, a su conocimien­to, a su madurez, y a muchos otros factores, entonces nos dice la Palabra que no contendamos. Pero cuando se trata de las cosas de fondo, las de la fe, las que se refieren a Dios, al Señor Jesús, a la salvación, a la gracia, entonces dice: Contender ardientemente por la fe que una vez ha sido dada a los santos.
 
La Apologética y la Presuposición

Toda persona se basa en una presuposición. Hay algo que a priori la persona cree o acepta, o quiere, y en base a lo cual después la persona edifica un mundo conceptual, una justificación teórica, de lo que escoge. Pero siempre existe una presuposición básica; y cuando estamos tratando el asunto de la apologética, tenemos que analizar el punto de contacto con el cual se pueda compartir la verdad y defenderla, para con una persona que la está atacando, o por lo menos está creyendo las mentiras del enemigo.

En 2 Corintios 4:3-4, leemos: 3Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Estos versos nos dicen algo que también encontramos en otros versos de la Palabra, y es en primer lugar que en el mundo (este siglo) opera un príncipe. Efesios dice que el príncipe de la potestad del aire opera en los hijos de desobediencia y que la corriente del mundo es conforme al príncipe de la potestad del aire.[5] Y aquí nos dice que este diablo cegó el entendimiento de los incrédulos. Esto nos dice que cuando se está testificando de la verdad, y cuando se está defendiendo, entrando en contacto con las personas, no debemos olvidar que existe una condición caída en la raza humana y que nuestra confianza y esperanza no debe estar puesta directamente en nada natural, ni siquiera en nuestra propia argumentación, aunque sea verdadera, porque la condición de las personas que oyen es una condición caída; están cautivas a voluntad del diablo. La naturaleza humana ha sido vendida a Satanás y el entendimiento de las personas está entenebrecido.
Leemos en Efesios 4:17-18: 17Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”. Aquí habla de la vanidad de la mente. Con la caída, el espíritu del hombre murió, se separó de Dios; el alma del hombre, el ego, se agrandó. El hombre trató de vivir por sí mismo, pero su entendimiento fue entenebrecido, la voluntad fue debilitada, corrompida; ya no puede hacer el bien; queriendo hacer el bien hallo esta ley, que el mal está en mí[6]. Y aun la carne, no sólo que va a morir, sino que está sujeta a lo que se llama la ley del pecado y de la muerte que está en mis miembros. El ser humano, por nacimiento natural está en una condición caída, en la que le es imposible por sí solo entender las cosas de Dios. Dice en 1 Corintios 2:14 lo siguiente: “Pero el hombre natural (el hombre psíquico, en el original griego) no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritual­mente”.

En Romanos 8:7-8 también leemos lo siguiente: 7Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede; 8y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”. La carne no puede sujetarse a Dios ni agradarle. El hombre natural no puede discernir. El entendimiento entenebrecido no puede ver si Dios no lo alumbra, y es por eso que la oración de Pablo en Efesios 1 dice que él oraba al Padre de gloria, Padre de las luces, para que alumbre los ojos del entendimiento. Tenemos un ejemplo en Hechos de los Apóstoles 16:14: “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”. Debemos tener en cuenta que la condición del hombre natural, del secular, del hombre meramente adámico, del no regenerado, es una condición caída, en que su mente está afectada, en que su capacidad no es suficiente para percibir las cosas de Dios, para agradar a Dios, para sujetarse a la ley de Dios, ni para entender las cosas de Dios. Por más que nosotros defenda­mos la verdad con un argumento y con una verdad, se necesita la confianza y la intención soberana del Espíritu de Dios; que sea Dios el que le abra el entendi­miento. El hombre natural no es buen entendedor, y necesita el soplo de Dios. Como dice en el libro de Job: “Y el soplo del Omnipotente le hace que entienda”[7]. El hombre natural tiene presuposiciones de un tipo, y el hombre espiritual, el renacido, el hijo de Dios, tiene presuposiciones de otro tipo. El hijo de Dios contabiliza las cosas de Dios, cuenta con ellas, como dice en Juan 3:31-33:31El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. 32Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. 33El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz”, y lo hace porque la gracia de Dios intervino, el soplo del Omnipotente le hizo que entienda. Dios le abrió el corazón como a Lidia.

Durante la conversación de Jesús con Nicodemo, en el mismo capítulo de Juan 3:7-9, encontramos que Jesús le dice: 7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 9Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? El hombre natural no entendía, porque Nicodemo se movía en un plano y Jesús en otro plano. Nicodemo se movía en el plano de la vieja creación y el Señor se movía en el plano de la nueva creación. Los versos 10-11 dicen: 10Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio”. Por eso decía San Pablo en 1 de Corintios 2 que el hombre natural no puede percibir las cosas que son del Espíritu, porque se deben discernir espiritualmente. Eso significa que tiene que haberuna intervención soberana del Espíritu de Dios, despertando el espíritu del hombre, abriéndole el corazón, alumbrando los ojos del entendimiento para que la persona entienda y eso hay que tenerlo en cuenta al considerar la Teología Apologética. La Teología Apologética defiende, confirma el evangelio, pero principalmente para con los mismos hermanos, pero a la vez puede ser un instrumento para ser utilizado para con las otras personas. Cuando se hace defensa, se debe tener en cuenta: 

1. Contender por lo esencial. No contender por opiniones de cosas de segunda o de tercera categoría, dentro del marco de los mismos creyentes. No contendáis por opiniones, contender abiertamente por la fe que una vez ha sido dada a los santos; por doctrinas de fondo como lo que contradice la existencia de Dios, la identidad de Cristo como Hijo de Dios, la encarnación del Verbo, Su muerte y resurrección, la regeneración y justificación por Su sangre, la ascensión, la segunda venida, la inspiración de la Palabra. Pero sobre comidas, si ha de comerse de todo o sólo legumbres; si hace caso de días o hace iguales todos los días y cosas semejantes a éstas, no contendáis. Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones, porque cada uno quiere agradar a Dios de esta manera o de la otra, pero su intención es una intención de regenerado, de hijo. Quiere agradar a Dios absteniéndose de comer, otro quiere agradar a Dios comiendo; otro quiere agradar a Dios haciendo caso de un día, el otro haciendo iguales todos los días; pero son cosas que no son de fondo, que no afectan la salvación de la persona, sino que afectará tal vez su galardón en parte, y será Dios quien se encargará de juzgarlos y por eso El recalca que no nos juzguemos y menospreciemos los unos a los otros. En la Teología Apologética debemos tener en cuenta que no es para meternos en discusiones en las cuestiones de opinión dentro del mismo pueblo de los hijos de Dios, pero sí contender ardientemente por la fe.

2. Pero a la vez, en esa contienda hay que tener en cuenta que no se puede entrar en contacto con el mundo natural si no hay una intención soberana de Dios, porque el hombre caído por sí solo no puede entender, debido a su entendimiento entenebrecido que no puede ver; si no nace del agua y del Espíritu no puede ver el Reino. Dice que el que viene de arriba da el testimonio pero no lo reciben, pero el que lo recibe atestigua que es verdad lo que Dios dice, y eso es porque ya lo ha experimentado y vivido.
Imagínate un ciego de nacimiento al que tú le vas a explicar los colores de la bandera. ¿Cómo explicarle la diferencia entre el azul y el rojo? Imposible; porque no hay puntos de contacto; los colores no tienen contacto en él porque el contacto es a través del sentido de la vista y él es ciego de nacimiento. Si alguna vez hubiese visto, se acordaría y hasta soñaría en colores. Pero un día, como a Bartimeo, viene el Señor y lo sana, y empieza a ver y puede contactar y dar testimonio de la veracidad de los colores de la bandera. La Teología Apologética defiende y lo hace para el interior; muchas veces para los mismo hermanos, para que no tambaleen; para que estén firmes, confirmados en la fe. Pero también testifica para dejar sin excusa a los seres humanos; pero cuando lo hace tiene que esperar en la obra del Espíritu de Dios. San Pablo se reunió a la orilla del río con muchas personas, pero a quien Dios abrió el corazón fue a Lidia. Todos estaban oyendo el mismo mensaje, pero no todos estaban entendiendo de la misma manera, porque Lidia captaba espiritualmente, debido a que Dios intervino abriéndole el corazón.

La Biblia dice que los argumentos humanos no son los que fundamentan a alguien en la fe, aunque son necesarios y sirven, sin embargo en la fe, el Espíritu, el poder de Dios, es el que fundamenta la fe. Cuando el poder de Dios, el Espíritu de Dios, toca entonces la persona, por el toque de Dios, por la intervención del Espíritu, es vivificada en su espíritu; y a lo mejor, es alumbrada en su entendimiento y reanimada en su voluntad, porque entró vida nueva por la intervención divina. En el capítulo relacionado con las distintas áreas claves de la revelación divina, nos damos cuenta que en todas ellas hay ataques del diablo y en cada una de ellas tiene que haber defensa. Cuando el diablo ataca la existencia de Dios, existen los argumentos que validan la existencia de Dios, pero sólo son efectivos cuando el Espíritu toca. A algunas personas les convence un argumento, pero a otras no; y en cambio les convence otro. A Kant no le convencía el argumento ontológico, en cambio a Hegel le convenció; pero a Kant lo convenció el argumento ético moral, en cambio a otros no. De todas maneras son verdades evidentes para los regenerados, y algunas veces el Espíritu las hace evidentes, todas o en parte, a las personas para que conozcan al Señor.

Si Dios es atacado, hay que corroborar, confirmar la existencia de Dios. La Biblia no empieza argumentación alguna sobre la existencia de Dios. Comienza diciendo: “En el principio creó Dios...” y entra directamente dando por sentado su existencia; es un presupuesto. Los seres humanos piensan según otros presupuestos. Hay algo que ellos creen a priori en su corazón, algo que aceptan sin explicación; y en base a eso que creen y que quieren, ellos edifican una estructuración, un sistema de explicación de lo que ellos quieren y desean y han escogido; siempre hay una presuposición en el fondo. Luego todas las explicacio­nes son solamente para justificar, conceptual y teóricamente esa decisión moral, esa fe o incredulidad, que es un presupuesto de su corazón. La incredulidad ataca también la creación, la cosmología bíblica; y trata de presentar por ejemplo el evolucionismo, o la eternidad de la materia, o el materialismo mismo. La Teología Apologética tiene que defender y atacar eso, derribar esos argumentos. En 2 Timoteo 2:24-26, leemos:
24Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; 25que con mansedumbre corrige a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, 26y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él”.

Estos versos vienen a confirmar y a clarificar lo que estamos desglosando, que hay que argumentar con mansedumbre, pero hay que confiar en la labor del Espíritu. El trabajo del siervo es corregir, redargüir, pero su confianza no está en su corrección, no está en su trabajo, sino en el Señor. Se hace el trabajo pero confiando en la obra de Dios. Por mucho que una persona argumente, el hombre natural no puede entender las cosas que son del Espíritu. A menos que el Espíritu mismo con poder intervenga en la persona; entonces ésta entiende hasta con el argumento más sencillo; y a veces hasta sin argumento. Toda la argumentación es necesaria por si la usa el Espíritu Santo, pero la confianza debe ser en el Espíritu de Dios. La Palabra dice que estemos preparados para presentar defensa ante todo el que nos demande razón de la esperanza. A lo mejor lo que le puede impactar a una persona es un destello de la gloria de Dios a través de algo que uno ni se imagina, pero eso fue lo que le llevó vida a su espíritu. Había muchos enfermos en Betesda pero el Señor pasó por encima de todos, y había uno que todavía no estaba para morir; llevaba treinta y ocho años allí y se conservaba vivo; no estaba urgentemente enfermo ni grave, y le dice el Señor: “¿Tú quieres ser sano?” y el hombre le contesta: Señor, es que no tengo quien me meta al pozo; y el Señor lo sanó[8].

En Apologética lo que hay es argumentación, y lucha contra argumentación con argumentación; y es necesario porque la Palabra dice: derribando argumen­tos, corrigiendo con paciencia, con aptitud para enseñar. Pero aun con todo eso, la mente natural está ciega, y necesita la intervención soberana del Espíritu. Debemos también orar y confiar en el Señor, que va a hacer esa obra. Y el argumento que use puede ser a través de cualquier versículo, aun el más sencillo. Dios puede tocar a la persona.
 
BIBLIOGRAFÍA
Relacionamos los autores a quienes el Señor usa de una manera sobresaliente en el área de la Teología Apologética:
Cornelio Van Till (holandés). Autor especializado en apologética cristiana conservadora. Una obra clave de él es “La Defensa de la Fe”.
Josh McDowell (norteamericano). Especializado en apologética. Su obra más protuberante es “Evidencia que exige un veredicto”, 2 Tomos.
- Herman Dooyewerd (holandés). Su obra más importante “Nueva Crítica del Pensamiento Teórico”. 3 Tomos.
Duyvene Dewit (francés). Este autor es un comentarista de Dooyewerd quien formó su escuela de pensamiento.
Existe una controversia entre el creacionismo y el evolucionismo, especial­mente en los Estados Unidos; debido a que existe el ataque del evolucionismo contra la fe cristiana en la creación. El Señor ha levantado una serie de científicos cristianos, que combaten a nivel científico, en la más alta calidad, a otros científicos en ese plano: físicos, biólogos, arqueólogos, geólogos.
Representantes de la Escuela del Creacionismo Científico dentro del área de la Apologética de la Cosmología Bíblica tenemos:
- Henry M. Morris (norteamericano). Autor de varias obras, profesor de Ingeniería Civil e Investigación Científica.
Duana T. Gish
- Whitelaw (norteamericano). Físico Nuclear; ha escrito obras acerca de la crítica de las dataciones radiométricas, del carbono 14, del potacio argón, etc.
Se consigue una colección de monografías científicas que se llama “Colección Creación y Ciencia”; son 15 Tomos hasta ahora. Escritas por un grupo de cristianos donde combaten el evolucionismo en el campo de la termodinámica, de la geología, de la radiometría, de la cronometría, de la probabilística, de la biología, de la genética.
Uno de los grandes apologetas contemporáneos recomendable es Norman Geisler.

[1]Enseñanza dada en la localidad Rafael Uribe Uribe, Santafé de Bogotá, D. C., Colombia, el 27 de abril de 1991.
[2]2 Timoteo 3:16
[3]Lucas 10:41-42
[4]Ver Hechos 16:6-9
[5] Referencia a Efesios 2:2
[6] Romanos 7:21
6Job 32:8b
[8]Paráfrasis de Juan 5:2-9

 
 

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