LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

   
 


 

 

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XIV

 

LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

 

 

 

 

"Y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros [y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre] lleno de gracia y de verdad".[1]

La expresión Unigénito del Padre nos presenta la genera­ción del Hijo, lo cual antes de entrar en la encarnación más detalladamente, debemos observarlo en tres declaraciones:

1. Antes de todas las cosas:

"Antes de los abismos fui engendrada [la Sabiduría de Dios que es el Verbo)";151 "antes de los collados ya había sido yo engendra­da".152

2. En la encarnación:

"No temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es".153

3. La confirmación en la resurrección:


"32Aquella promesa hecha a nuestros padres, 33la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy".154 "Que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos".155

El Unigénito del Padre, el Hijo Unigénito, es el Dios Unigéni­to, según la expresión de Juan 1:18, en los más antiguos manuscri­tos: Monogenès Theòs.

Unigénito es, pues, el Único engendrado, es decir, no en el sentido de creación de la nada, sino de participación inmanente­mente, de la Substancia Esencial misma de la Divinidad, siendo así el resplandor mismo de la gloria Divina, Aquella Imagen de Sí mismo que Dios conoce y ama como igual a Sí, tan eterna como Él, pues le acompaña siempre siendo con Él UN Dios. Y el Díos Padre que conoce, se conoce con un conocimiento igual a Sí el cual es el Verbo, Su Hijo, Dios con Él, al cual ama con un Amor igual a Sí que procede de Sí siendo Éste el Espíritu Santo, Dios mismo que procede y se da igual a Sí. Un solo Dios, que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Hijo corresponde el Amor, y este Amor entre el Padre y el Hijo es el Espíritu Santo subsistente.

Ahora bien, este Verbo de Dios llegó a ser carne:

(κα_ _ λόγoς σ_ρξ _γέvετo

kai  o logos sarx egeneto)

Y el Verbo carne llegó a ser.156

El Altísimo hizo sombra sobre la Virgen María, de manera que ella concibió en su vientre por el poder del Altísimo, el Espíritu Santo que vino sobre ella,157 y en ella fue engendrado del Espíritu Santo,158 y el Verbo fue hecho carne.


Debemos notar la expresión: "y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros".159 No dice allí que el Verbo descendió sobre una carne, o sea, el Logos sobre un hombre, sino más exactamen­te, Él mismo llegó a ser ese Hombre; El Verbo fue hecho carne, asumió humanidad, no viniendo sobre un hombre, sino viniendo como hombre. Es de suma importancia este pequeño detalle, pues no se trata de dos personas, una el Logos y otra el hombre, como si fuera una en la otra, sino que se trata de la Única Persona del Hijo, que es el Verbo de Dios y a la vez Hombre perfecto, el Verbo hecho carne, y, como dice Filipenses 2:7: "...hecho semejan­te a los hombres".

El espíritu de anticristo procura dividir la Persona del Hijo, separando al Logos como uno y al hombre como otro, y esto lo hace con el fin de presentar posteriormente la pretensión de el Logos ubicado dentro de otra persona distinta a Jesús de Nazaret el Cristo; o sea, como si el Cristo ahora viene a través de otro hombre distinto al Nazareno. Pero el Verbo llegó a ser carne Él mismo, semejante a los hombres, y permanece eternamente encarnado cual Jesús el Cristo.

El apóstol Juan escribió: "¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo".160 Así que es mentiroso el que niega que Jesús es el Cristo. No se trata del Cristo en Jesús, sino más bien de Jesús el Cristo. Jesús mismo es el Cristo. ¡No hay diferencia entre Jesús y el Cristo! lo tal sería mentira. Sino que el Cristo es Jesús, y Jesús mismo es el Cristo; el Verbo encarnado es el Mesías, el Cristo, y Su nombre es Jesús, el Hijo de Dios, también Él mismo es el Hijo del Hombre, la Persona del Hijo, verdadero Dios y verdadero Hombre. El Verbo es Dios verdadero, y como Dios es inmutable y no puede dejar de ser Dios; y este Verbo, que es Dios, fue hecho carne, hecho semejante a los hombres; por lo tanto, el mismo que es el Verbo de Dios, Dios verdadero, es también Hombre verdadero y Su nombre es Jesús, y Su identidad el Cristo; Su Persona es única, Teo-antrópica, Dios y Hombre verdadero; Dios en cuanto Verbo, y Hombre en cuanto este Verbo fue hecho carne semejante a los hombres. Estas dos naturalezas, la divina y la humana, están perfectamente unidas en una única Persona que es Jesucristo el Hijo del Dios viviente. Estas dos Naturalezas no se anulan mutuamente.


La naturaleza divina del Verbo es inmutable y no se disuelve, aunque es todopoderosa y puede lo que quiere, incluso encarnarse. La naturaleza humana de Cristo no es semidiós por el hecho de haber sido asumida por el Verbo, pues el Verbo, que es Dios y por naturaleza inmutable, fue hecho hombre, no semidiós, sino carne y semejante a los hombres, tentado en todo conforme a nuestra semejanza, verdadera y realmente. Así que la naturaleza humana no deja de ser perfectamente humana por el hecho de haber sido asumida por el Verbo; ni tampoco la naturaleza divina deja de ser perfectamente divina por el hecho de haber asumido humanidad, sino que es el Verbo hecho carne, Dios con nosotros, manifesta­do en carne, Dios y Hombre verdadero, Jesucristo.

El arca era tanto de madera de acacia como de oro, y la ofrenda tanto de harina como de aceite.

¡Así que Jesús es el Cristo! y permanece el mismo hoy, ayer y por los siglos.161 Pablo por el Espíritu Santo lo confiesa de la siguiente manera: "5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. 9Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.162

Examinando por partes, tenemos:

Χριστ_ _Iησo_, _ς _v μoρφ_ θεo_ _πάρχωv

Kristw  Yesou, os en morfe Teou yparkwn

o_χ _ρπαγμ_v _γήσατo τ_ ε_vαι _σα θε_

ouk arpagmon egesato to einai isa Tew.

-Cristo Jesús, quien en forma [de] Dios subsistiendo, no usurpación consideró el ser igual [a] Dios.


Esto nos indica la condición del Verbo en cuanto Divinidad. O sea, aunque era igual a Díos no lo estimó como algo que debía usurparlo, arrebatarlo o retenerlo con avidez, sino que su sentir fue despojarse de lo Suyo voluntariamente. No se aferró a mantenerse en la condición propia de ser igual a Dios, existiendo en forma de Dios, μoρφ_ θεo_, sino que se despojó a Sí mismo:

_λλ_ _αυτ_v _κέvωσεv

alla eayton ekenwsen

...pero a Sí mismo se anonadó.

 Es decir, se humilló, se despojó, se vació a Sí mismo voluntaria­mente, se puso a nuestro nivel. Notemos que este despojamiento no es "de Sí mismo", es decir, de Su Persona y Divinidad inmuta­ble, sino que se despojó a Sí mismo, o sea, de la exclusividad de su condición en cuanto Divinidad cuya posición es de gloria. Él sigue siendo la misma Persona, y la gloría sigue siendo Su derecho innato en cuanto Divinidad, mas sin dejar de ser la misma Persona innata e inmutablemente gloriosa, no se aferró a retener con exclusividad las condiciones gloriosas de Su Divinidad, sino que por Amor, voluntariamente, aceptó someterse a condiciones inferiores a las cuales corresponde una honra inferior; además de eso, Él tomó nuestra deshonra: se humilló a Sí mismo, se anonadó. La inmutabilidad de la gloria divina no es afectada por Su humillación, sino que al contrario, la excelencia de esa gloria de naturaleza inmutable fue revelada en la exquisitez maravillosa del amor eterno e inmutable del cual es ingrediente la humildad. Tales atributos manifestó la encarnación, "¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?"163 Al hablar así lo hace aun como Hombre en cuanto Hijo, en Su humillación, reteniéndose a Sí mismo en su condición humana.

"Tomando forma de Siervo".

μoρφ_v δoύλoυ λαβώv

morfen doulou labwn

Forma (de) Siervo habiendo tomado.


Es decir, no era siervo ni lo es por naturaleza divina, sino que subsistiendo en forma de Dios por naturaleza es igual a Dios, mas tomó la forma de un siervo. El siervo de Yahveh y el Hijo del Hombre que no vino para ser servido sino para servir. Toda criatura es por naturaleza indeleble, siervo; Él no lo era, sino que tomó tal forma; es decir, era definitivamente Dios tomando forma de siervo hecho semejante a los hombres:

_v _μoιώματι _vθρώπωv γεvόμεvoς

en homoiwmati antrwpon genomenos

En semejanza [de los) hombres habiendo llegado-a-ser.

Aquí se nos completa mucho más la revelación anterior: Aquel Verbo fue hecho carne. Aquí aparece no meramente como carne, σ_ρξ (sarx), sino como hombre, semejante a los hombres, _vθρώπωv [antropon]. Así que el Verbo se hizo Hombre, es decir, no asumió tan solamente un cuerpo humano, sino la completa naturaleza humana.

Según 1 Tesalonicenses 5:23, el ser del hombre está compuesto de: espíritu, alma y cuerpo. Al espíritu corresponden las funciones de conciencia, percepción intuitiva y comunión espiritual: Salmos 34:18; 51:10; Romanos 9:1; Mateo 26:41; 1 Corintios 2:11; Marcos 2:8; 8:12; Lucas 1:47; Juan 11:33; 13:21; Hechos 17:16; 18:25; 20:22; Romanos 1:9; 7:6; 8:15,16; 1 Corintios 5:3; 6:17; 14:15,16; 16:18; 2 Corintios 2:13; 7:13; Filipenses 3;3; Juan 4:23.

Al alma corresponden: la voluntad: Deuteronomio 21:14; Números  30:2; Job 6:7; 7:15; Salmos 27:12; 35:25; 41:2; Jeremías 44:14; Ezequiel 16:27; 1 Crónicas 22:19; la emoción: Deuteronomio 6:5; 14:26; Jueces 10:16; 1 Samuel 18:1; 20:4; 30:6; 2 Samuel 5:8; Job 10:1; 19:2; 33:20; Salmos 42:1,5; 84:2; 86:4; 107:5; 116:7; 119:20; Proverbios 16:24; Cantares 1:7; Isaías 26:9; 55:27; 61:6; Ezequiel 24:21; 2 Reyes 4:27; Jonás 2;7; Zacarías 11;8; Mateo 12;18; 26;18; Lucas 1:46: 2:35; Juan 12:27; 2 Pedro 2:8, y el intelecto y mente natural: Génesis 49:6; Salmos 13:2; 139:14; Proverbios 2:10; 3:21,22; 19:2; 24:14; Lamentaciones 3:20; Ezequiel 24:25. Al cuerpo corresponde nuestra participación en el mundo material.


Cuando la persona no es regenerada, el hombre natural se gobierna generalmente según el antojo de su alma, de manera que su espíritu atrofiado llega a tomar tales características (Gé. 41:8; Dt. 2:30; Jueces 8:3; Prov. 14:29; 17:22; Is. 20:24; Dn. 5:20). En la regeneración espiritual, el espíritu es vivificado cambiando también la mente (Ef. 4:23). Arrepentimiento significa también entonces cambio de mente, como consta en sus raíces griegas: meta-noia, μετάvoια.

El alma, pues, se diferencia del espíritu: 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 4:12; Lucas 1:46,47, aunque operan juntos en estrecha comunicación.

El Señor Jesucristo, el Verbo encarnado, que tomó forma de siervo, hecho semejante a los hombres, llegó a ser un verdadero (_vθρώπoς, antropos) Hombre. Es decir, un Hombre con espíritu, alma y cuerpo verdaderamente humanos, en todo semejante a nosotros.

"Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo ml espiritu" (Lc, 23:46); "Entregó el espíritu" (Mt. 27:50).

"37Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38Entonces Jesús les dijo: mi alma está muy triste, hasta la muerte" (Mt. 26:37,38)

"En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios" (1 Jn. 4:2)

Este Santo Hombre verdadero, el Señor Jesucristo, el Verbo encarnado, tuvo, pues, y tiene espíritu, alma y cuerpo verdadera­mente humanos. Ahora bien, en el ser humano distínguese el espíritu del hombre, del Espíritu de Dios. El espíritu del hombre es creado y dado por Dios al hombre, formado dentro suyo.164 En cambio el Espíritu de Díos es eterno,166 increado y procedente del Padre166 por el Hijo.


Pablo dice así: "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu" (Ro. 8:16). Ahora bien. Jesús fue y es un hombre verdade­ro con espíritu, alma y cuerpo humanos, el cual como persona participante de la naturaleza humana fue investido también del Espíritu Santo.

"37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzan­do desde Galilea; después del bautismo que predicó Juan: 38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él" (Hchs. 10:37,38).

El Verbo, pues, de Dios, que estaba con Dios y era Dios, fue hecho carne, semejante a los hombres, espíritu, alma y cuerpo, y fue a su vez investido del Espíritu Santo por Su Padre. Éste es el Señor nuestro Jesucristo, que vino mediante (δι_)167 agua y sangre; no en (_v) el agua solamente, mas en (_v) el agua y (_v) en la sangre.168



[1]Juan 1:14. 151Proverbios 8:24. 152Proverbios 8:25. 153Mateo 1:20.

154 Hechos 13:32,33. 155Romamos 1:4.

156Juan 1:14. 157Lucas 1:35. 158Mateo 1:20. 159Juan 1:14.

1601 Juan 2:22.

161Cfr. Hebreos 13:8.

162Filipenses 2:5‑11.

163Mateo 26:53.

164Cfr. Zacarías 12:1. 166Hebreos 9:14. 166Juan 15:26.

167Cfr. 1 Juan 5:6. 168l Juan 5:6.

 
 

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