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Cristo en la eternidad y la Trinidad (4)



CONFESIÓN DIVINA DE SU
MISMA PLURALIDAD EN UNIDAD



Coexistencia del Verbo con Dios

Vamos a continuar hoy lo que hemos venido trayendo en los sábados anteriores y especialmente el sábado pasado, donde iniciamos pero no terminamos el tema relativo a la coexistencia y coinherencia de las tres Divinas Personas en el único Dios verdadero. La vez pasada estuvimos volviendo a ver, pues ya lo habíamos visto en Teusaquillo, lo relativo a las confesiones de pluralidad en la misma boca de Dios.

Estuvimos viendo los pasajes bíblicos donde Dios habla de Sí mismo: Hagamos, descendamos, confundamos, ¿quién irá por nosotros? Y allí cuando el Señor Jesús dice: El Padre y yo vendremos y haremos morada con ellos. Todo eso pertenece a la coexistencia de las Divinas Personas, y aparece Dios hablando en plural, nosotros. Dios a veces usa el nosotros. De manera, pues, que cuando Dios dice Yo, lo creemos, lo aceptamos, lo acatamos, y cuando dice nosotros, de la misma manera lo creemos.

Quisiera que hoy miremos algunos versos que confiesan la coexistencia de las Divinas Personas. ¿Qué se quiere decir con la palabra coexistencia? ¿De dónde sacamos esa expresión y qué se quiere decir con ella? Pues vamos a Juan. Vamos a empezar por el capítulo 1 del evangelio de Juan. “1En en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Es sacada de la expresión, era con Dios. Esta palabra, este verbo aquí se ha conjugado era, del verbo ser, del verbo eimy en griego; de ahí es de donde tomamos la palabra existencia, en el sentido de ser, del verbo ser. Dios era, y ¿por qué coexiste? porque era con. Esa palabra que se traduce con aquí en español, en el griego es la palabra pros (πρὸς), de donde surge la palabra próximo, o el prójimo. El prójimo es el que está próximo. Entonces cuando dice: el Verbo era con Dios, o sea, el Verbo era próximo, el Hijo próximo del Padre, esa palabra pros es la que quiere decir con; el Verbo era con. Esas dos expresiones, ser o existir con, es de donde tomamos esa palabra coexistencia. Después nos detendremos en la palabra coinherencia.

La coexistencia quiere decir que el Padre es con el Hijo y el Hijo es con el Padre. La coinherencia quiere decir que el Padre es en el Hijo y el Hijo es en el Padre. “Como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti” (Juan 17:21). De manera que vemos primeramente la coexistencia porque estamos confesando al Padre como persona, al Hijo como persona y al Espíritu Santo como persona; tres personas. “¿No crees que Yo soy en el Padre, y el Padre en mí, y Yo en vosotros? Yo soy en el Padre, y el Padre es en mí”. Uno está en el otro, es inherente; está dentro del otro. Es un misterio como estas tres personas coexisten pero a la vez están una en la otra; lo creemos así, porque así lo dicen ellas mismas.

 “Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti”. Eso es lo que significa coinherencia.
Vamos a detenernos más en el primer aspecto, continuando en aquello de la confesión de Dios usando el plural. 1En en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Éste era en el principio con Dios”. Note esa palabra, éste, no esto, porque si se dijera esto, le quitaría la calidad de persona; sería una cosa, sería algo, no alguien; pero hay una diferencia entre algo y alguien. Algo no se refiere a una persona, mas alguien se refiere a personas; esto no se refiere a alguien sino a algo, pero éste se refiere a personas; es decir, que cuando dice; el Verbo, se presenta como éste, se presenta como quien, como alguien, una persona. Por eso dice: “2Éste era en el principio con Dios”. Nótese que la declaración acerca de la divinidad del Verbo en cuanto a esencia, Dios era el Verbo, porque aquí en la traducción dice: “y el Verbo era Dios”, pero realmente en el griego dice primeramente Dios era el Verbo, como predicado; es decir, Dios es lo que se predica que es el Verbo, la palabra Dios como predicado de la frase; la frase tiene un predicado; es lo que se dice de alguien, se dice del Verbo, ser Dios. Eso en cuanto a la esencia. Pero antes de confesar y después de confesar, inmediatamente antes y después de confesar la divinidad del Verbo, ha confesado la coexistencia del Verbo con Dios, y esto fue inspirado por el Espíritu Santo.

Dios no quiso que se dijese solamente: Y Dios era el Verbo, como se dice en el griego, o el Verbo era con Dios, como se traduce en esta versión que estamos leyendo. A veces se suele enfatizar este solo aspecto; especialmente las personas que enfatizan la doctrina sabelianista o unicista o Sólo Jesús, que niega la distinción de las tres Divinas Personas en el único Dios. Estas personas, los sabelianistas, como no confiesan la Trinidad de Personas, sino solamente la unidad de Dios, entonces suelen mencionar que el Verbo era Dios, y casi siempre se saltan la frase: el Verbo era con Dios. Es curioso ver la proporción en que está escrita. Dios dice aquí dos veces el Verbo era con Dios, y una vez el Verbo era Dios; pero las personas que están en la línea sabelianista o sólo Jesús, que no confiesan sino una persona única en Dios y que no confiesan la coexistencia de las tres Divinas Personas en el único Dios, ellos confiesan que el Verbo era Dios; y cuando ustedes oyen sus confesiones, eso es lo que ellos mencionan, pero eso del Verbo con Dios no lo suelen decir. En cambio San Juan por el Espíritu Santo lo dijo en una proporción del todo; de modo que nosotros debemos respetar ese sentir del Espíritu Santo en la mano de San Juan. Antes de decir el Verbo era Dios, dijo, el Verbo era con Dios; y después dijo: “2Éste era en el principio con Dios”. La confesión de Juan fue la coexistencia de personas. El Verbo era con Dios; ahí está la confesión del Espíritu y la apostólica de la coexistencia del Hijo con el Padre: El Verbo era con Dios.

La misma esencia del Padre y del Hijo

Luego dice: El Verbo era Dios; es decir, para que no se piense que ese que era con Dios, era una criatura, como lo dice el arrianismo y los llamados Testigos de Jehová, o russelistas, para que no se piense eso, no dice solamente que el Verbo era con Dios, sino que también dice: el Verbo era Dios; es decir, que la esencia o sustancia, en el griego ousía, la esencia y la naturaleza divina del Padre, es la misma del Hijo. Ahí se confiesa la identidad de esencia entre el Padre y el Hijo. El Verbo era Dios. Pero cuando se dice: era con Dios, está distinguiéndose el Padre del Hijo, no en la esencia sino en la persona.

Cuando dice: el Verbo era Dios, se trata de la misma esencia. La esencia divina del Padre es la misma del Hijo, que es el Verbo; porque el Verbo era Dios. Si no se dijera que el Verbo era Dios, tendría otra esencia; la esencia divina es una sola, porque Dios en cuanto a ser y esencia y naturaleza, es uno solo; pero en ese único Dios, en esencia y naturaleza, subsisten tres personas que se han revelado, las tres, que cada una ha hablado en primera persona, y habla una con la otra en un diálogo interpersonal. Eso es la confesión de la coexistencia de esas personas.

Claro que también hay una coinherencia, pero no podemos estudiar la coinherencia sino después de la coexistencia; porque si sólo se ve el aspecto de la coinherencia sin la coexistencia, el pueblo se puede deslizar a la herejía de los Sólo Jesús, a la herejía del sabelianismo, que no confiesa la trinidad de personas desde la eternidad en el único Dios; pero estamos considerando los versos de la Palabra donde es Dios mismo hablando y el Espíritu Santo por mano de los apóstoles, declarando que en el único Dios se revela patente y evidentemente más de una sola persona, y aquí donde se confiesa que el Verbo es Dios, se acaba de decir que era con Dios, y se vuelve a decir “Éste era en el principio con Dios”. Eso es como un emparedado, que tiene pan, mortadela y otra vez pan. Digamos que el pan de arriba y el pan de abajo es la coexistencia. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios”. De una vez se confiesa el Verbo con Dios. No fue suficiente decir, el Verbo era Dios; se tuvo que decir antes y después que era con Dios, porque si no se decía, ¿saben qué sucedía? Se negaría al Hijo como persona; ese es el problema serio del sabelianismo; el sabelianismo niega al Hijo porque dice que sólo existe la persona del Padre; cuando dice que el Hijo no es sino la persona del Padre en un tabernáculo humano, está diciendo que no existe la persona del Hijo; es decir, está negando al Hijo, y eso es lo que el apóstol Juan en su primera epístola dice que es una confesión del espíritu anticristo. El que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre.

La Biblia no niega al Hijo; la Biblia confiesa al Hijo, y el Padre quiere que se confiese al Hijo como se confiesa al Padre, y que se honre al Hijo como se honra al Padre. “El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:23). El que tiene al Hijo también tiene al Padre. El que recibe al Hijo, recibe también al Padre. Lógico que en el Antiguo Testamento era un tiempo de politeísmo; se tenía que confesar la unidad divina en esencia; aunque había indicios de trinidad, sin embargo, era apenas una revelación todavía muy primitiva, muy incipiente, porque se estaba enfatizando lo que para la época se debía enfatizar. Cuando ya eso era firme en Israel, incluso entre los prosélitos en el tiempo de los orígenes de la Iglesia, entonces ahora sí llegó la hora que por boca del Señor Jesús y desde los indicios del Antiguo Testamento y luego por boca del Espíritu Santo y por mano de los apóstoles, comenzara a percibirse que Dios se confiesa Él mismo ser tres personas, aunque el mismo Dios. Nosotros, pues, estamos atendiendo esa confesión divina, esa confesión del Espíritu, de los apóstoles. En el principio era el Verbo; ahí se habla de la existencia del Verbo antes de la creación. Y el Verbo era con Dios, eso se dice primero; lógicamente que después se dice “y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios”. El apóstol está teniendo en mente los indicios de Proverbios capítulo 8, que ya consideramos una vez, pero para el momento es necesario volverlo a repasar.

En el capítulo 8 de Proverbios está hablando la Sabiduría de Dios, que es Cristo. Aquí ya consideramos lo que significa Verbo, y tuvimos una enseñanza acerca de Cristo como Verbo. Ahora estamos viendo a ese Verbo que coexiste con el Padre; es decir, la coexistencia. En 1 Corintios 1:24 dice que Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios; pero en Proverbios como Verbo antes de la encarnación está hablando a través de Salomón, que es figura de Cristo, porque Salomón era el hijo de David, y como el Verbo se encarnaría como el Verdadero Hijo de David, entonces aquí la Sabiduría de Dios está hablando a través de Salomón, que es figura del Hijo de David, y dice en el capítulo 8:

“12Yo, la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos”. Les llamo la atención a este Yo; uno podría decir que en el caso de Salomón era una personificación de la sabiduría, pero cuando esa sabiduría se encarnó, no podemos decir que sea solamente una personificación literaria de parte de Salomón, sino que fue una encarnación histórica de una persona. Por eso ante el Nuevo Testamento no podemos interpretar sólo poéticamente este libro de Proverbios; tenemos que interpretarlo en coherencia con toda la revelación y la consumación de ella en el Nuevo Testamento. Por tanto, este Yo no es sólo una personificación literaria; yo pienso que Salomón fue guiado por el Espíritu Santo para hacer hablar a la sabiduría como “yo”, porque la sabiduría tiene conciencia de sí, según la Biblia.

El Verbo, Sabiduría de Dios

La sabiduría se ha revelado históricamente con conciencia personal, como persona; esa es la persona del Verbo de Dios, el Hijo de Dios.

Por eso dice después el versículo 22: “Yahveh me poseía en el principio”. Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Pero aquí lo manifiesta Salomón, por el Espíritu de Cristo que estaba en los profetas del Antiguo Testamento; como dice Pedro en el Nuevo.

 Este que dice, Yo, la sabiduría, también dice: “Yahveh me poseía en el principio”; vuelve esa expresión, “en el principio”; ya había estado a través de Juan teniendo en cuenta Génesis; es decir, a Moisés, que era más sabio que todos los egipcios, que tenía la sabiduría, y Salomón más sabio que todos los orientales; ahora, Juan dice de la misma manera: “En el principio era el Verbo”; pero ya sabemos que ese Verbo se refiere a la sabiduría de Dios, personal. Quizá en algún humano, la imagen que uno tenga de sí mismo no es una persona igual a uno, porque nosotros somos imperfectos, pero no en el caso de Dios. La imagen de Dios es divina, porque es de Dios, y es igual a Él, porque es Su propia imagen, y se le concedió tener vida en Sí mismo, como el Padre tiene vida en Sí mismo. En el caso de Dios no es simplemente una proyección; es realmente el engendro del Hijo por el Padre; pero como ese engendro no tiene principio porque no se da en el tiempo, entonces es engendrado el Verbo, pero no creado; es eterno. ¿Por qué? Porque el Padre no empezó a conocerse, sino que siempre se ha conocido.

De manera que en ese conocerse es que el Padre engendra Su imagen, la imagen de Sí, que es Su sabiduría, con la cual Él se conoce a Sí mismo y conoce todas las cosas; es la imagen de Sí que Él tiene y que es igual a Sí y está con Él, y es uno con Él y no es otro que Él, pero es Su imagen delante de Él y con Él. De modo que en esencia es Él mismo, pero en persona está delante de Él, próximo a Él, con Él, coexistiendo con Él, y por eso habla así: Yahveh me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras”. Aquí está confesando la eternidad de la sabiduría. Juan está mostrando aquí por el Espíritu que fue discípulo de Salomón; pero digamos, fue el Espíritu Santo también en Salomón. “Ya de antiguo, antes de sus obras”. Por eso Juan dice: “3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Eso corresponde con esto, y es lo que también Pablo dice en la epístola a los Colosenses 1: “16Porque en él fueron creadas todas las cosas. 17Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”. Juan dice: “Sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Luego en Proverbios dice: Ya de antiguo, antes de sus obras. 23Eternamente tuve el principado”. Aquí está la confesión de eternidad de la sabiduría; por eso es que habla del Verbo eterno; por eso es que se habla del Hijo eterno.

La herejía sabelianista no habla del Hijo eterno; ellos usan la palabra Hijo, pero no se atreven a decir eterno, porque ellos dicen que Hijo se refiere al hombre desde la encarnación, al hombre Jesús cuando la persona del Padre asumió un tabernáculo humano; a ese es al que ellos llaman Hijo; pero aquí estamos viendo a Cristo hablando en inspiración a través de Salomón por el Espíritu Santo. Cristo hablando, así como Cristo habló por boca de David: “Contar puedo todos mis huesos. Me miran”, etc. Era Cristo hablando por David, asimismo es Cristo hablando por Salomón. “23Eternamente tuve el principado”; es decir, desde la eternidad fui el Hijo heredero; eso es lo que quiere decir eternamente tuve el principado. El principado quiere decir el heredero del Padre, que es el gobierno; por eso dice que todas las cosas fueron hechas para Él. El padre todo se lo da al Hijo; al Padre le agradó que en el Hijo habite toda plenitud; pero la palabra “eternamente tuve” está confesando que Él coexistió con el Padre desde la eternidad, y que esa posición de Hijo heredero es inherente a Su persona. Entonces ese que dice “tuve” o Yo tuve eternamente, Él está confesando Su propia eternidad y Su propia personalidad.

Cuando Él dice “eternamente tuve”, nosotros, pues, como ya lo mencionamos la otra vez, no decimos en español “yo tuve”, pero tanto en el griego como en el hebreo hay que poner en forma explícita y no sólo en forma tácita, el pronombre personal.

La eternidad de la persona del Hijo

Eternamente yo; es decir, la sabiduría, el Verbo, el Hijo, tuve el principado; no se le puede decir principado en relación al Padre, sino en relación al Hijo. Se le puede decir reinado en relación al Padre, pero principado sólo en relación al Hijo, heredero de toda la plenitud del Padre. Entonces, como Él dice “eternamente tuve”, está confesando Su persona: Yo tuve, Yahveh me poseía a mí, a la sabiduría, al Verbo; ahí está confesando la persona y ahora está confesando la eternidad de Su persona. No es una persona creada.

Porque dice “eternamente tuve”; por eso sin mentira, sin error, se habla del Hijo eterno; y ya aquí lo habíamos estudiado cuando vimos Cristo en la Eternidad, la confesión que el Padre hace del Hijo, y el Padre le dice al Hijo: “Tu trono, oh Dios”. Si ustedes leen todo el contexto de Hebreos 1, como lo examinamos esa vez, se dan cuenta que quien está introduciendo al primogénito en el mundo, y quien está hablando del Hijo, es el Padre, y es el Padre el que habla del Hijo. “Tu trono, oh Dios”. El Padre confiesa la divinidad del Hijo; ahora el Hijo confiesa Su propia personalidad cuando dice: Yo, la sabiduría, Jehová me poseía, Yo tuve eternamente; y al decir eternamente, además de confesar Su personalidad, confiesa Su eternidad. De manera, pues, que no es error decir: el Verbo eterno y el Hijo eterno.

Dejamos un momento Proverbios, y vamos al capítulo 1 de la epístola a los Hebreos. Allí está la preexistencia del Hijo, pues es preexistente y coexistente con el Padre, antes de la creación y en la creación.

¿Para qué lo hacemos? Para que no se diga del Hijo sólo como después de la encarnación, como si el Hijo no hubiese existido con el Padre, sino que el Padre empezó a ser Hijo después de la encarnación; porque ese es el error herético del sabelianismo, de Noeto, Sabelio, Praxeas, Miguel Servet, los Sólo Jesús; ellos dicen que el Padre comenzó a ser Hijo desde la encarnación; es decir, que el Hijo sólo se refiere a la encarnación. Pero estamos confesando la persona y eternidad del Hijo con el Padre antes de la fundación del mundo. Ese es el énfasis. Miremos, pues, el capítulo 1 de Hebreos:

“1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. Ahora va a hablar el Hijo. Dios nos habló por el Hijo. El Hijo dijo: “10Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta. 49Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me ha dado mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar” (Juan 14:10; 12:49).

Aquí se empieza a hablar de la persona del Hijo; ahora a partir de este verso de Hebreos comienza el Espíritu Santo a confesar quién es el Hijo. Por favor, pongan mucha atención al verso 2 en la mitad: “el Hijo, a quien”. Esta palabra quien no se puede aplicar a un algo, a una cosa, a algo indefinido; esta palabra, la preposición “quien”, sólo se puede aplicar a personas; este quien se refiere a la persona del Hijo, porque está hablando del Hijo. “A quien constituyó heredero”. El Padre constituyó a la persona del Hijo; por eso dice: “Yahveh me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado”. ¿Por qué tuvo el principado? Porque Yahveh, el Padre, lo constituyó. Dice: “A quien”; el Padre constituyó heredero a la persona del Hijo. Por eso dice: “A quien constituyó heredero”. Ahí está la perfecta correspondencia de Proverbios 8 con Hebreos, Juan, Colosenses, etc. “A quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. Nótese lo subrayado, “por quien”, o sea, Dios; porque viene hablando de la parte completa, el Padre por el Hijo, con Él y por medio de Él. Aquí vemos al Hijo coexistiendo con el Padre antes de la fundación del mundo y en la fundación del mundo.

No sólo el Hijo en la encarnación y subrayo: aplicar la palabra Hijo solamente después de la encarnación es negar al Hijo en la eternidad con el Padre. Esa es la herejía del sabelianismo y de los Sólo Jesús.

 El Hijo, el carácter de la hipóstasis del Padre

“Por quien asimismo hizo el universo”. Porque no dice: Y Dios, habiendo hablado muchas veces, habló por el Hijo y Dios hizo todo; no. Parece que complicó las cosas; porque a veces nosotros queremos simplificar las cosas conforme a la estrechez de nuestro conocimiento natural, pero Dios tiene que hablar como es, y por eso a veces no habla simplificadamente, sino complejamente; pero como habla Él, es como es. Aquí dice que Dios, referido al Padre, hizo el universo por el Hijo. Aquí vemos al Hijo coexistiendo con el Padre antes de la fundación del mundo, siendo el heredero designado de todas las cosas; ya estaba el heredero, y ahora el Padre le da la herencia al heredero, al Hijo. “Por quien asimismo hizo el universo; 3el cual, siendo el resplandor de su gloria”. Ahí está la confesión de quién es el Hijo. ¿Siendo qué? “el resplandor de su gloria”. Aquí nos damos cuenta que el Hijo es la imagen del Padre, el resplandor de Su gloria, y luego dice en esta traducción: “y la imagen misma de su sustancia”; pero esta palabra sustancia es una palabra ambigua; y voy a explicar a mis hermanos por qué la palabra sustancia es una palabra ambigua.

Si ustedes comparan varias versiones bíblicas, van a encontrar que hay una palabrita que vamos a ver ahora, y, bueno, vamos a traducirla: ser; otros la tradujeron sustancia; otros dijeron, vamos a traducirla persona; y fueron traducciones aproximadas. Pero si tú hablas del ser de Dios, sólo puedes hablar que es uno, mas si hablas de las personas divinas, tienes que decir que Dios es trino; por lo tanto, esa palabrita no se puede traducir ambiguamente. La palabra es la siguiente, hipóstasis (υποστάσεως), que viene de la raíz hipo, que quiere decir sub, y de la raíz stasis, que viene del mismo verbo de donde se deriva estar, yacer; es decir, tener, ser, tener existencia; de donde viene la palabra éxtasis o yacer ahí. Todas estas palabras podemos ponerlas debajo de esto. Por ejemplo, ser, estar, existir, consistir, yacer, o sea estar ahí. De manera que hipóstasis se traduce de la manera más exacta, subsistencia. Esa es la traducción más exacta de la palabra hipóstasis; esa es la palabra que el Espíritu Santo usó en griego.

Esa es la palabra que se encuentra en Hebreos 1:3, confesando quién es el Hijo, la imagen o carácter de la hipóstasis divina; esa es la conclusión, el carácter. La palabra que se traduce imagen misma, en el griego es la palabra carácter (χαρακτήρ), que se usa cuando las máquinas de escribir tienen muchos caracteres y uno toca una letra y esa letra imprime; es decir, es una reproducción de sí. “Imagen misma” es lo que se traduce en Reina Valera 1960; entonces el Hijo es el carácter de la hipóstasis de Dios el Padre; es decir, la exacta reproducción de la hipóstasis del Padre; es decir, que el Padre tiene una hipóstasis; por eso se habla de Su hipóstasis, y la hipóstasis del Padre tiene una impronta, una exacta reproducción de sí, que es la persona del Hijo; porque esta hipóstasis es consciente de sí misma, es personal, es persona. Yo soy; es decir, es una persona, es una subsistencia divina que tiene conciencia de sí misma. El Padre tiene conciencia del Hijo y le dice al Hijo: Yo te engendré hoy. De manera, pues, que subsistencia es la traducción más exacta de la palabra hipóstasis. El mismo carácter tiene su subsistencia propia.

Ahora, esta palabra ha sido traducida también como ser, pero el verbo ser en griego es eimy; también esta palabra hipóstasis ha sido traducida como persona, pero la palabra persona en griego es prosopon; también ha sido traducida como sustancia, y sustancia es un poco más parecida. ¿Por qué? Es como una abreviación de la palara subsistencia. El problema está en que en la historia de la Iglesia, de la Teología y de la Filosofía, esta palabra sustancia, se ha usado como traducción legítima de dos palabras diferentes: una es ousía, que quiere decir esencia; por ejemplo, la esencia de vainilla, o esencia de coco o de limón. Esencia es aquello que hace que un ser sea como es; es lo que caracteriza la identidad de un ser. Algunas veces se traduce sustancia; pero la palabra hipóstasis también es traducida sustancia. Pero ¿en qué consiste la ambigüedad? En lo siguiente: que cuando estamos hablando de Dios en esencia, Dios es uno sólo, pero en hipóstasis se refiere a que en la divinidad subsisten las tres personas divinas. En esencia Dios es uno, en cambio en personas, que quiere decir hipóstasis, Dios es tres. Por eso esta palabra, sustancia, es ambigua para traducir hipóstasis. Si se traduce, se tiene que explicar en qué sentido se está usando. Estás usando sustancia en sentido de esencia o sustancia en sentido de hipóstasis.

Si es sustancia en sentido de hipóstasis, en eso hay tres, porque en Dios subsisten tres personas: la del Padre, la del Hijo, y la del Espíritu; en cambio la esencia de esas tres personas es una sola, la esencia divina; y esa comunidad de esencia hace que Dios sea uno en esencia; pero como esa esencia es amor, como el amor tiene que amar a alguien realmente y no esperar una futura criatura, se ama a Sí mismo, y el padre ama al Hijo, y ese amor del Padre por el Hijo es tan divino, que es el Espíritu. De manera, pues, que la palabra hipóstasis se tiene que manifestar de Dios en forma trina. ¿Por qué? Porque en la esencia divina, el Padre subsiste como un Yo que tiene conciencia de Sí, el Hijo subsiste como otro yo que tiene conciencia de Sí y tiene relación interpersonal con el Padre, y aún el Espíritu Santo se revela hablando también en primera persona, teniendo conciencia de Sí, de modo que es una tercera persona; pero la esencia es la misma; la conciencia de Sí evidentemente subsiste en el Padre y en el Hijo; es decir, la hipóstasis racional o personal.

La palabra sustancia es, pues, una palabra ambigua; por eso yo prefiero traducir subsistencia, porque este sub equivale a hipo, y esta sistencia equivale a stasis. Sustancia puede ser una abreviación de subsistencia, solamente que a veces sustancia se traduce como si fuera de esencia, pero la esencia en Dios es una, y las personas tres; la palabra hipóstasis, si se traduce como sustancia, puede dar ocasión a ambigüedades; entonces para evitar esas ambigüedades, preferimos decir subsistencia y no sólo sustancia. Explicamos que sustancia a veces es traducción de ousía, esencia, como decir un sinónimo de esencia; pero a veces es traducción de hipóstasis.

Hipóstasis es una subsistencia; es decir, es un ser concreto; una hipóstasis es un ser que subsiste, es una subsistencia del ser; eso es lo que quiere decir hipóstasis. Cuando uno dice el verbo ser, es algo general, todo, es cualquier cosa que usted piense. Dios es, pero una mosca es; todos participan de ser, porque la palabra ser es muy general; pero cuando el ser subsiste en alguno en particular, ya es un individuo, y si ese individuo tiene conciencia de sí, es una persona.

La coexistencia de las divinas personas

Esa subsistencia del Padre que dice de Sí mismo Yo, es personal. Dios es una primera persona, el Padre, pero también con el Padre aparece otra persona que está con Él delante de todo, eternamente con Él, coexistiendo con Él; y es lo que estamos viendo justamente aquí en la confesión de la propia boca de la sabiduría divina. Cristo hablando por medio de Salomón, y nos lo dice allí en Proverbios 8, donde les he llamado la atención, porque lo que estamos enfatizando ahora es la coexistencia de las divinas personas, en plural. “Yahveh me (o sea, a mí, a la persona del Verbo) poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra”. Ese Yo tuve, ese Yo eterno del Hijo, ese es el Hijo eterno, el Verbo eterno. Por eso es que pudo decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy”. Él como hombre; ese Yo como hombre, no fue humano sino a partir de la encarnación, muchos años después de Abraham; pero aquí vemos que Jesús se está identificando con un Yo que preexistía a su propia encarnación: Antes que Abraham fuese, Yo soy; y por eso ellos no podían soportar eso, como hoy algunos sabelianistas o algunos russelistas, o algunos racionalistas, etc.; pero Jesús sabía quién era Él. Antes que Abraham fuese, Yo soy, y tienen que aceptar las especificaciones de todo lo que dice el Señor Jesús, así le sea difícil al judaísmo, a lo tradicional, al vulgo o al islamismo, o al russelismo, o al sabelianismo. No lo fue para el Señor Jesús ni para sus apóstoles, ni lo debe ser para nosotros que estamos en comunión con el Señor, el Padre y el Hijo y los apóstoles. Nosotros debemos estar en la comunión del Espíritu con el Padre y con Su Hijo Jesucristo y con los apóstoles en el Padre y en el Hijo, en “Nosotros”. Padre, que ellos sean uno en nosotros, como tú en mí y yo en ti, que ellos sean uno en nosotros.

Hermanos, es muy importante, muy práctico este asunto de la coexistencia de las divinas personas, porque no es solamente una cosa teológica; es la interpretación de una realidad espiritual en la virtud de la comunión del Cuerpo de Cristo. Lo que hace que persista la comunión del Cuerpo de Cristo es la realidad espiritual de la coexistencia de las Divinas Personas. La coexistencia de las Divinas Personas en la realidad espiritual, es la virtud de la comunión del Cuerpo de Cristo. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean uno en nosotros; es decir, que esa coexistencia y coinherencia y comunión, esa Trinidad, como se llamó en la historia de la Iglesia, es no sólo el modelo; así como tú en mí y yo en ti, sino también la virtud; es decir, la dinámica de la comunión de la Iglesia, en nosotros, que ellos sean uno en nosotros. Es la dinámica de ese nosotros divino lo que hace que en la Iglesia tengan comunión unos con otros; la comunión legítima del Espíritu, la comunión legítima del Cuerpo, es con el Padre y el Hijo. Cuando tú conoces el amor del Padre por el Hijo y del Hijo por el Padre, lo que al participártelo a ti tú llegas a entenderlo, hay que descansar en esta comunión, en la coexistencia de las Divinas Personas.

Antes de las fuentes de las aguas

Seguimos leyendo en Proverbios 8: “24Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas”. Por eso se dice engendrada, no creada, porque eternamente tuvo el principado; entonces no puede ser creada, tiene que ser sólo engendrada. ¿Por qué engendrada? Porque el Padre, al saber, engendra Su sabiduría; por eso fue engendrada; porque cuando el Padre está sabiendo, está engendrando Su sabiduría en Su saber; pero como el Padre no empieza a saber, sino que siempre ha sabido, por eso se dice engendrada, no creada, sino eterna. Aquí la sabiduría de Cristo está confesando algo: “Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas”. Aquí menciona abismos y aguas porque está recordando Génesis 1: “1En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Entonces Salomón por el Espíritu Santo aclara la eternidad de la Sabiduría en concordancia con Génesis, y está diciendo que antes de los abismos y de las muchas aguas ya la sabiduría divina había sido engendrada; mas sin principio, porque desde la eternidad tuvo con el Padre el principado o la herencia de la plenitud.

Sigue diciendo Proverbios 8: “25Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada”.

Porque claro, dice que el Espíritu se movía sobre la faz de las aguas, sobre la faz del abismo, y luego descúbrase lo seco, y allí es cuando aparece el polvo del mundo; justo ya antes de la fundación del mundo. “26No había hecho aún la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. 27Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Vamos a decirlo con pronombre; cuando Él, Dios el Padre, mi Padre, formaba los cielos, allí estaba yo. ¿Quién es este yo? El Hijo que estaba con el Padre. Coexistencia de personas en la eternidad. “Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Aquí hay una revelación adicional de parte de Cristo; que ese mover del Espíritu sobre las aguas era en círculo. Nótese que estas aguas no son todavía las aguas que vemos ahora en el mar; acuérdense que esto era antes del segundo día, incluso del primer día, porque en el primer día dijo Dios: Hágase la luz, y en el segundo día dijo Dios: Haya expansión entre las aguas de arriba y las de abajo; y en el tercer día, dijo: Júntense las aguas de abajo en un lugar, y descúbrase lo seco; es decir, recién al tercer día aparecen los mares. Las aguas del primero y segundo día no tenían forma de mares, y algunas estaban mezcladas, porque no había expansión. Ahí se está refiriendo a esta materia primigenia del universo que todavía no tenía la forma de los océanos. Eso es lo que se llama mayim, las aguas. Ahora, las aguas de abajo de la expansión, no las de arriba, en el tercer día; porque hay aguas arriba de los cielos.

Dice el Salmo 148: “1Alabad a Jehová desde los cielos; alabadle en las alturas”. Eso significa que tiene que haber gente en los cielos para que ellos puedan alabarlo; es decir, que sí hay extraterrestres, que son los ángeles y los diablos. “2Alabadle, vosotros todos sus ángeles; alabadle, vosotros todos sus ejércitos. 3Alabadle, sol y luna; alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas”. Ahora pongan mucho cuidado en el verso 4. “4Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos”. Cuando usted lea la palabra aguas, tiene que leerla según la época; porque dice: aguas que están sobre los cielos. Porque en Génesis Dios dijo: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas; es decir, las aguas sobre los cielos y las de debajo de los cielos; y dice que a la expansión la llamó Cielos; pero esa expansión tiene aguas por debajo y aguas por arriba; las aguas de abajo no estaban reunidas, sino dispersas en caos; pero en el tercer día, el caos comenzó a ser ordenado por un movimiento en círculo del Espíritu, y Dios ordenó que se juntasen en un lugar. Todo el universo se mueve en círculo; las galaxias de mueven en círculo; asimismo giran los planetas, y gira el mismo sol alrededor de la estrella Vega, y los planetas alrededor del sol y los satélites alrededor de los planetas; todo eso es en círculo. Toda esa materia gira en círculo; y fue el Espíritu de Dios el que se movió en círculo sobre la faz de las aguas, pero esta faz de las aguas no es el océano del tercer día. Estamos hablando de antes del tercer día; fue en el tercer día cuando una parte de las aguas se juntó en un lugar y Dios las llamó mares. Las aguas separadas y juntadas de las aguas abajo.

Por eso en el Salmo habla de las aguas que están sobre los cielos, y las otras quedaron debajo de los cielos, de la expansión, hacia nuestro planeta; pero todavía en el tercer día estaban dispersas; era materia dispersa; sólo se juntaron en el tercer día; cuando dijo Dios:

“9Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. 10Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares”. Recién los mares aparecen en el tercer día; es decir, antes del tercer día las aguas eran materia dispersa en el universo. Una parte quedó allá arriba en los cielos y una parte quedó aquí abajo, y la que quedó abajo, en el tercer día llegó a ser los mares; y después se descubrió lo seco y apareció la tierra, y los montes y el polvo del mundo; es decir, el proceso creativo de Dios. Por eso Proverbios dice: “Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Pero ese abismo no es el océano Pacífico ni el Atlántico, porque antes era un solo océano y un solo continente, porque era lo seco, pangea; pero luego Dios, en los tiempos de Peleg, se dice dividió la tierra y comenzaron a separarse los continentes, y hasta ahora se siguen apartando unos de otros, y los hombres han descubierto esto, y lo han llamado la teoría de la deriva continental.

Pero la Biblia hablaba de eso antes de que lo descubrieran los geólogos; pero al principio, antes de quebrarse en continentes lo seco, era el continente primigenio, a lo cual Dios llamó adama, que quiere decir tierra; pero la propia palabra que se traduce tierra es erets; porque es que en español tenemos una sola palabra para tierra, pero en el hebreo son erets y adama. A lo que Dios llamó lo seco, que llamó tierra, esa palabra es adama, de donde salió Adán, porque Adam fue hecho de adama.

Volvemos a Proverbios 8: “27Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Esa materia primigenia que Dios creó el primer día, y después de que alguna cosa sucedió, el hecho es que estaba desordenada y vacía, esa palabra tierra era erets; no era todavía adama; erets en estado todavía descompuesto por la situación caótica. El Espíritu gobernaba sobre toda esa materia dispersa y trazaba un movimiento en círculo, y cuando esa materia comenzó a circular bajo la dirección del Espíritu de Dios, comenzó, pues, a formar los cielos y la tierra; empezó a formar la conformación actual. Pero no pensemos que siempre que la Biblia se refiere a ciertas palabras, las usa conforme a la conformación actual. Hay que ver en qué momento fueron dichas esas palabras; y esta conformación que vemos fue diferente en lo anterior a esta.

Cuando dice las aguas no se refiere al océano; el océano es solamente una parte de las aguas debajo de los cielos, que en el tercer día por orden de Dios, se juntaron en un lugar, y fue llamado por Dios, mares. Pero cuando la Biblia dice: la faz de las aguas y la faz del abismo, no se refiere sólo a los mares, porque esa palabra es aplicada por Dios antes del tercer día; es decir, que los mismos elementos que llegaron a conformar los mares, conformaban una parte del caos, y el Espíritu de Dios se movía sobre el abismo, y aquí nos dice cómo se movía, en círculo. ¡Aleluya! “Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; 28cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo”. Quiere decir que hubo un momento en que los cielos no estaban afirmados, definidos, sino que eran indefinidos; pero luego fueron afirmados en ese proceso. Por eso recién en el cuarto día aparece Dios haciendo el sol, las luminarias. La materia de ellas ya estaba dispersa, pero fue condensada y afirmada en astros, apenas en el cuarto día. Por eso es que se llama firmamento, porque fue cuando Dios le dio el carácter actual, el carácter firme. Antes esa materia existía en otro estado, pero entonces dice que hubo un tiempo en que Dios el Padre con el Hijo en el Espíritu (porque el agente que se mueve en el nombre del Padre y del Hijo es el Espíritu), afirmó; es decir, le dio la configuración definitiva que vemos hoy. Es definitiva; claro que lo decimos provisoriamente, porque también dice que los cielos que hay ahora se enrollarán como un libro, y Dios se mudará de vestidura. Todo este universo es un vestido que Dios se va a mudar, como dice en Hebreos.

“28Cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; 29cuando ponía al mar su estatuto”. Antes no tenía estatuto, pero cuando Dios dijo: Júntense las aguas en un lugar y descúbrase lo seco, es cuando le está poniendo estatuto al mar, pero antes no. La materia de las aguas, la materia de lo seco, estaba mezclada con todo lo otro; era un caos de materia; pero el movimiento en círculo fue poniendo las cosas en orden, según la sabiduría de Dios. Cuando Dios empezó a mover en círculo, ahí empezaron todas esas leyes que debe entender muy bien Sonia, que es química, las leyes de la gravedad, de la velocidad, de la densidad. En ese movimiento en círculo comenzaron las cosas densas a reagruparse, las cosas volátiles a esparcirse, y se fueron confirmando o afirmando los cielos y las luminarias; fue un proceso; y en ese proceso ya estaba el Verbo con Dios, coexistía el Padre con el Hijo antes de que las cosas fueran como son ahora. Por esa razón dice: “Cuando ponía al mar su estatuto”. Hasta aquí llegarás y no pasarás, y aquí parará el orgullo de tus olas, como dice en otros pasajes, y Dios puso las olas en la playa a la medida de nosotros.

Imagínense que las olas de las playas fueran distintas, pero Dios las hizo para nosotros. Imagínense que ustedes llegan a la playa y les llega justo como tiene que ser la medida para que tú te puedas bañar.

 ¡Aleluya! Gracias al Señor por sus estatutos y también por lo que es distinto, para que notemos la diferencia y percibamos el amor de Dios aun en la playa; es que hay hermanos a quienes se les prohíbe ir a la playa, pero Dios hizo la playa para nosotros. “29Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra”. Parece que primeramente era algo líquido, pero se fue fundamentando, solidificando.

“30Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo”. Esa es la coexistencia; con Yahveh el Padre estaba yo, el Hijo eterno, el Verbo eterno. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Ese por él, es la palabra dicha mediante él; es decir, el Padre a través del Hijo, porque por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

 Ahí vemos al Verbo tanto en la eternidad como en la creación, coexistiendo en la eternidad y en la creación con el Padre. “30Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo”. Fíjense en esa frase, delante de Él. “Su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él”. Delante de Él; esa frase es lo que quiere decir próximo o prójimo, la coexistencia del Padre con el Hijo y del Espíritu. Ahí vemos al Espíritu moviéndose como el agente que procede del Padre y del Hijo para realizar la voluntad del Padre con el Hijo; ahí vemos al agente que se mueve y realiza; es el Espíritu de Elohim, el Espíritu de Dios. “30Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo. 31Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres”. Eso significa que Él está atento al mover nuestro hasta encamarse y meterse entre nosotros. Su delicia es con los hijos de los hombres. ¡Qué maravilla!

Coexistencia en unidad

En el capítulo 1 de la primera epístola del apóstol Juan encontramos también una expresión por el Espíritu que Juan tenía en su mente siempre presente. Leemos desde el versículo 1, pero vamos a detenernos en el 2, que es donde está lo esencial. “1Lo que era desde el principio (ahí está confesando de nuevo la preexistencia), lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)”. Nótese esa expresión de Juan, la vida, y ya sabemos quién es la vida. Jesús dijo: “Yo soy la vida”, la vida eterna; note esa palabra, eterna. Jesús es la vida eterna; por eso es el Verbo eterno, por eso es el Hijo eterno, la coexistencia de la persona divina del Hijo con la persona divina del Padre en el único Dios verdadero, y lógicamente con la del Espíritu Santo. “La vida eterna, la cual estaba con el Padre”. Hubiera podido decir, la cual era el Padre; pero si decía la cual era el Padre, negaba la persona del Hijo; en cambio si decía, era con el Padre, confesaba tanto al Padre como al Hijo; por eso escogió decir, no que la vida era el Padre, sino que estaba con el Padre. Ahí está la confesión de la coexistencia de estas Divinas Personas.

La vida eterna. El que tiene al Hijo, tiene la vida. La vida eterna estaba con el Padre. Ahí volvemos a encontrar coexistencia en la eternidad. Cuando decimos coexistencia de las Divinas Personas, estamos diciendo que ésta era en unidad. Antes de la creación, en Dios había tres Divinas Personas; y voy a decir algo más: Estas tres Divinas Personas lo eran así desde la eternidad; por lo tanto, lo eran en Dios, de Dios y para Dios; no sólo el Padre era Padre para con la creación y para con la economía divina futura, no; Él era Padre para el Hijo, el Hijo era Hijo para el Padre; Dios era Padre, Hijo y Espíritu, primeramente de Sí y para Sí y ante Sí eternamente, sin relación con la creación y sin relación con la economía divina; es decir, en la esencialidad de la Trinidad. Después, cuando hubo creación, hubo una relación específica del Padre, otra del Hijo y otra del Espíritu Santo con la creación; pero la identidad de cada personalidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu no lo son por causa de la Iglesia ni de la creación, sino que lo son en Sí, de Sí, por Sí y para Sí. El ser de Dios no depende de la futura creación y de la futura economía de Dios para con ella. El ser de Dios lo es en Sí, de Sí y para Sí.

Trinidad esencial y Trinidad económica

Ahora, lógicamente que también Dios quiso crear, y también cada una de estas Divinas Personas tomó una función económica, administrativa, en relación a la creación, a la redención, a la aplicación de la obra; pero no es que el Espíritu sea Espíritu para, o que el Hijo sea Hijo para, o que el Padre sea Padre para la creación o para la Iglesia solamente. Eso es algo que se necesita entender un poquito más. Por algunos hermanos se había entendido. El hermano Witness Lee ha enfatizado el aspecto de la Trinidad para la economía divina; pero antes que eso, aquí se está mencionando la Trinidad esencial en la eternidad de Sí, ante Sí y para Sí, obviamente sin negar después la encarnación y la economía divina.

Lo que queremos decir es esto: que la economía divina, ni la creación, no modifica la esencia de Dios, ni las Divinas Personas; de ser así Dios, en Su esencia, estaría sujeto a acc

 
 

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