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CRISTO
 EN LA ETERNIDAD
Y
LA TRINIDAD




por: GINO IAFRANCESCO V.




"Cristo en la Eternidad y la Trinidad", enseñanza de agosto 24 y 31, octubre 19 y 26, y noviembre 2 de 1996, en la escuela de la obra cristiana, en la localidad de Tunjuelito, Santafé de Bogotá D.C., Colombia, América del Sur. Grabación y transcripción: Marlene Alzamora e Irma Castañeda. Sistemas: Arcadio Sierra Díaz.
"Cristo en la Eternidad y la Trinidad", constituye los capítulos 5, 6, 7, 8 y 9 del libro "Tres Centralidades Concéntricas". Segunda edición; Ciudad Bolívar, julio 18 de 2001.
Los derechos son del autor. Se permite la reproducción total y la distribución gratuita del presente documento, con la única condición de citar enteramente la fuente a fin de corroborar y preservar la integridad del texto. Sin tal citación el autor no puede hacerse responsable por el nuevo texto.



LA CONFESIÓN DIVINA



Ideas introductorias

Hace algunos sábados comenzó esta serie sobre Tres Centralidades Concéntricas: La de Cristo, el Espíritu, y el Cuerpo de Cristo, la casa de Dios. Esta serie también se relaciona con la serie sobre Teología Propia desarrollada en la localidad de Teusaquillo. Aunque era una continuidad que veíamos los sábados allá, yo pienso que con la ayuda del Señor entraríamos a una serie de empate, de la serie que se trae los viernes en Teusaquillo con la de acá; y luego empataríamos y continuaríamos eso con el tema de acá, para tomar allá otra serie.

Por ahora estamos apenas haciendo el empate. De todas maneras, algunas cosas para algunos pocos que están aquí, y que estaban allí, ya se dieron. Es necesario tomarnos algún tiempo con los hermanos que están en esta zona, que no estuvieron allá. Algunas cosas que ya leímos juntos allá, lo estaremos haciendo aquí de nuevo para empatar. Y luego entonces sí, seguimos acá con esta serie que ya Dios mediante en su momento tomamos. Estamos ahora haciendo el empate.


Lo que estuvimos viendo las dos veces pasadas fue la primera centralidad que estamos viendo, que es centrada en Cristo. Vimos primeramente una panorámica de Cristo, porque, pues, es bueno verlo en panorámica sin entrar suficientemente en los detalles, sin la suficiente masticación, sino en forma panorámica. Una panorámica de Cristo como Centralidad; porque estamos viendo la centralidad establecida por Dios. Dios puso a Su Hijo en el CENTRO, que Su Hijo tenga la preeminencia en todas las cosas.


Cuando vemos a Dios en la Nueva Jerusalén, lo vemos a través de Su lámpara que es el Cordero; entonces, Él está a la diestra del Padre y en el trono eterno del Padre, en un ser central. Entonces, esa primera centralidad es relativa al Hijo. Estuvimos desglosándola en el aspecto objetivo y en el aspecto subjetivo. Cristo en la eternidad, en el propósito de Dios, en la arquitectura, en la revelación antes de la caída, después de la caída, en las revelaciones teofánicas, el Espíritu de Cristo en los profetas anunciando las cosas que llegarían, Cristo en la encarnación, en el vivir humano, en el morir, en el viaje a ultratumba, en la resurrección, en la ascensión, en la entronización como Rey, también como sumo sacerdote, como cabeza de todo principado y potestad, de todo varón, de la Iglesia, de todas las cosas y volviendo para establecer Su reino y haciendo que todas las cosas sean reconciliadas con Su Padre, pare que Dios lo sea todo en todo.


Entonces es por medio de Cristo que las cosas fueron creadas, por medio de Cristo que Dios se ha revelado, por medio de Cristo que todas las cosas son realizadas, y Suya es la deidad del Padre; es Su deidad; por eso Jesús le dijo al Padre: Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Cuando el Hijo es glorificado por el Padre, el Padre es glorificado por el Hijo. Entonces eso en lo relativo a los aspectos objetivos de Cristo. Aspectos objetivos significa lo que Él es por sí mismo y lo que Él realizó, ya sea que tú lo creas, o no lo creas, lo aproveches o no lo aproveches; pero también lo que la vez pasada vimos. Estamos haciendo la síntesis rápido; en lo relativo al aspecto subjetivo, ya no solamente Cristo aparte de los hombres, sino Cristo en nosotros, la esperanza de gloria; Cristo en el espíritu de los hermanos regenerando, Cristo habitando por la fe en los corazones, renovando todas las partes de su corazón; incluso Cristo magnificado en nuestra carne, en nuestro cuerpo, haciéndonos miembros de Él, incluso de Su Cuerpo. Y no sólo en el aspecto individual, sino en el aspecto corporativo. ¿No? Somos uno con cada uno y todos muertos con Cristo, sepultados con Cristo, resucitados con Cristo, sentados con Cristo en lugares celestiales y siendo uno nosotros en Cristo, por medio de Cristo; siendo uno universalmente y siendo uno en cada una de nuestras localidades, con todos los que participan de Él y exclusivamente en Él, por Él y para Él. El aspecto subjetivo de Cristo.

Pero aquello, tanto lo anterior y lo tras-anterior, son capítulos panorámicos. Se necesita ahora que descendamos al laberinto, pieza por pieza. Para no perdernos en el laberinto, primero vimos el plano desde arriba; ahora sí tenemos que descender a cada uno de los cuartos; y hacerlo con atención. De modo, pues, que ahora vamos a descender a ese primer capítulo de Cristo en la Eternidad.


Tengamos a la mano la Biblia, hermanos, porque lo que necesitamos es lo que la Biblia nos diga. Miren, hermanos, es la simiente que es sembrada la que la produce según su genero. Nosotros debemos exponernos a la siembra de Dios. Lo que Dios ha dicho de Sí mismo, en Cristo. Lo que Cristo es para nosotros, es lo que determinará lo que nosotros lleguemos a ser en Cristo. Hoy leíamos en Hebreos 6:7,8. La misma lluvia cae sobre justos e injustos, la misma lluvia hace producir plantas buenas con su fruto, y plantas malas con su fruto; la diferencia no está en la lluvia, ni en la tierra; la diferencia está en la semilla. El Señor hace salir Su sol sobre justos e injustos, y la misma lluvia que produce hierba provechosa, de ella se aprovechan las malezas. La lluvia que viene sobre el trigo, la aprovecha la cizaña, y por eso hay tantas cosas mezcladas, donde simientes humanas tratan de beneficiarse de la cobertura divina; pero en vez de producir lo que quiere hacer la simiente original de Dios, entonces la gente se aprovecha de Dios, y usa el nombre de Dios, y hasta como dice la Palabra: Saúl entre los profetas, también profetizando. Y como dice el Señor Jesús: viene gente e inclusive harán milagros en Su nombre; en Su nombre harán muchas cosas, pero El Señor no los reconocerá porque son inicuos. Podían hacer milagros, podían profetizar en Su nombre, y al mismo tiempo ser inicuos. Quiere decir que la simiente que estaba siendo regada no da nada del Señor, y por eso la iniquidad usaba las cosas de Dios.


Los vasos sagrados que debían ser usados en Jerusalén, fueran llevados a Babilonia, usados en banquetes para emborracharse y ponerlos allá; así cosas de Dios se mezclan con cosas del hombre.

Esto quiere decir que la lluvia cae sobre los justos e injustos; sobre el trigo y también sobre la cizaña; porque no todos son de nosotros. ¿Y qué es lo que hace la diferencia ? La Palabra en el creyente; porque en cuanto a la simiente, proviene primeramente en la carne, pero al recibir a Cristo es que nacimos de nuevo. Depende del evangelio que hayamos recibido, el que vamos a predicar. Debemos recibir el evangelio de la Palabra de Dios para que sea del evangelio; de lo contrario vamos a producir otra cosa. Si la simiente no es clara, entonces ¿qué va a producir? ¿Se acuerdan que al Señor no le gustaba que en una misma tierra se sembraran simientes diferentes? Planta aquí un frijol y luego aquí un maíz, y cuando crecen ni el maíz está maíz, ni el frijol está fríjol; es un híbrido. Por eso es necesario que lo que nosotros recibimos sea la Palabra de Dios que está en las Sagradas Escrituras, que no sea nada distinto, que no sea nada híbrido. Debido al híbrido hay muchas cosas confusas para engañar a los escogidos de Dios, muchos movimientos engañosos, y haciendo incluso milagros, pero al mismo tiempo produciendo híbridos por causa de la mezcla.


Entonces en esto, el Señor nos conceda ver al Señor. Y lo primero, pues, empieza por la revelación de Dios en Su Hijo, y es eterno. Decir solamente esa frase: Cristo en la eternidad, es una frase seria, es una frase que no toleran millones de personas en el mundo. Los musulmanes y los judíos se escandalizan terriblemente. Lo ateos también, los russelistas, los budistas, todos se escandalizan, con esa sola frase: Cristo en la eternidad. No solamente Cristo en la historia, sino Cristo en la eternidad. Decir Cristo en la eternidad, hermanos, implica divinidad. Decir Cristo en la eternidad implica Divinidad, porque eternidad no es solamente el futuro sin fin; eternidad implica también que no tuvo un principio, que siempre ha sido. De manera, pues, que la palabra eternidad, aplicada no sólo a nosotros que estamos en el tiempo, al futuro, sino nosotros que estamos en el tiempo tenemos que aplicarla también al pasado. La palabra eternidad es una palabra seria, sumamente seria; por eso lo que vamos a estar examinando es Cristo en la eternidad, y eso tiene varias implicaciones que constituyen, como decir, capítulos dentro de ese capítulo.


Cristo Divino

El primer capítulo de esta parte: Cristo en la Eternidad, es Cristo Divino. Si no es divino, no estaría en la eternidad. La divinidad de Cristo tiene que ser esa. Ahora, eso no es porque nosotros podemos decirlo; tenemos que constatar si es Dios el que lo ha dicho. Ese es el asunto. Lo ha dicho el Padre, lo ha dicho el Hijo mismo, lo ha dicho el Espíritu, por los profetas y los apóstoles; lo dice la Sagrada Escritura en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Entonces recién después de ellos lo puede decir la Iglesia. La Iglesia no puede tener una opinión propia; la Iglesia ha sido enviada en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu. La Iglesia no puede decidir eso de su propia palabra. La Iglesia tiene que tener la palabra del Espíritu, y aun el Espíritu no tiene Su propia palabra; Él no habla por Su propia cuenta, sino todo lo que oye del Hijo. El Espíritu viene en el nombre del Hijo. El Espíritu dice lo mismo que el Hijo; y el Hijo tampoco habla por Su propia cuenta, sino que el Hijo habla de lo que oye del Padre. Así que realmente es el Padre, el Hijo y el Espíritu los que hablaron primero.

Entonces la Iglesia, en el nombre del Padre, dice lo mismo que dijo el Padre, y en el nombre del Hijo dice lo mismo que dijo el Hijo, y en el nombre del Espíritu Santo dice lo mismo que dijo el Espíritu Santo, por los profetas, por los apóstoles, en el Antiguo y Nuevo Testamentos. La Iglesia no puede tener otra voz, ni decir otra cosa; no puede haber muchas opiniones; la Iglesia no está en eso, hermanos; la Iglesia ha recibido la Revelación de Dios.


La filosofía es el descubrimiento de los hombres; hombres palpando, tratando de llegar a alguna parte. Esa es la filosofía. Pero la revelación es Dios saliendo de Sí mismo hacia nosotros, diciéndonos las cosas como ellas son; eso es lo que es la Biblia. La Biblia es el registro de las salidas de Dios; Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Nosotros, pues, hermanos, debemos ver lo que la Palabra dice acerca de este primer capítulo de Cristo en la Eternidad. En el caso de Cristo, eternidad significa divinidad.  Sí, nosotros recibimos vida eterna, pero no vida eterna aparte de Cristo.

Para poder permanecer eternamente con Dios, tenemos que vivir al eterno, al Padre eterno, al Hijo que viene desde la eternidad, y al Espíritu eterno; entonces tenemos vida eterna. No podemos tener vida eterna aparte del Padre eterno, y del Hijo cuyas salidas son desde la eternidad. En Isaías 9:6 habla del Padre eterno, y en muchos otros pasajes habla del Dios eterno. La palabra en el hebreo es El-Olam. El-Olam, quiere decir el Dios Eterno, allí se refiere al Dios íntegro; es decir, al Padre, Hijo y Espíritu Santo, a la Divinidad completa. El-Olam es eterno. Por la persona del Padre eterno, del cual aparece en la Escritura esa expresión. Lo referente a que las salidas del Hijo son desde la eternidad, está en Miqueas, capítulo 5, versículos 1 y 2. En cuanto a que el Espíritu es eterno, lo dice Hebreos. Queda como tarea para cada uno, (claro que yo no la voy a pedir) pero busquen otros versos con concordancia donde aparezca la eternidad y agréguenlos en sus notas.


Leamos Isaías 9:6. Por lo pronto solamente vamos a ver esa expresión, pero vamos a aceptarla. El que estaba hablando por Isaías era el Espíritu Santo; y dice: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte (esa palabra es seria), Padre eterno, Príncipe de paz". Una vez le preguntó un hermano a un rabino: Rabino, ¿a quién se refiere este versículo? Y el rabino le dijo: Al Mesías. Y el hermano le preguntó: Y, según este versículo, entonces ¿qué relación tendrá el Mesías con Dios? Y le dijo el rabino: Él será Dios. Le faltó decir que se llamaba Jesús, el Cristo. Ya que estamos en Isaías, vamos a pasarnos unos capítulos, o sea al 35, para ser más exactos. También allí dice el Espíritu Santo: "4Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.

5Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. 6Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad".


Le preguntaron a Jesús de parte de Juan el Bautista: Dice Juan: "¿Eres tú aquel que había de venir, o esperamos a otro?" Jesús, como les había dicho a sus discípulos y a los fariseos: "Aunque no me creáis a mí, creed a las obras", entonces Jesús no les respondió sí o no. Él simplemente sanó, resucitó, hizo lo que aquí Dios haría. Cuando vieron a los cojos saltar, los muertos resucitar, que a los pobres les era anunciado el evangelio, Juan decía: Pero Él dio testimonio no sólo con palabras, sino que cumplió lo que la profecía diría que Dios haría cuando viniera a salvarnos. Eso hizo Juan, eso hizo Jesús, y eso le mandó decir a Juan. Dile a Juan lo que habéis visto y oído.


Estaremos relacionando los capítulo 6 y 40 del profeta Isaías, pero como ahora hablamos de Juan, veamos primero el capítulo 40, una profecía de casi 700 años antes, refiriéndose a San Juan el Bautista.

Dice en Isaías 40:3: "Voz que clama en el desierto; preparad camino a Yahveh; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios". ¿A quién le tenía que preparar camino esta voz desde el desierto? A Yahveh, a Jehová Dios. Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Luego la profecía continúa en el versículo 9, donde dice: "9Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! (¡Aleluya!) 10He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro". Nótese la similitud de esta frase del Espíritu por Isaías, y las palabras del Señor Jesús. Él mismo dice en Apocalipsis 22:12-13: "12He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último"; es decir, el Todopoderoso; y dice aquí: "10He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él (he aquí que vengo pronto, y mi galardón conmigo), y su paga delante de su rostro. 11Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas". ¿Quién? Yahveh, Adonai, Jehová, el Señor. Imposible separarlo del Señor Jesús totalmente. Entonces lo que Juan hizo fue preparar el camino ¿a quién? a Dios. ¿A quién puede precursar esa voz en el desierto? a Yahve Elohim, a Jehová Dios.


Claro está, hermanos, que hay versículos, cuando se habla de Jesús como engendrado, como enviado, Dios como cabeza de Cristo, pero esos versículos no se tienen que interpretar sin éstos, ni contra éstos.

Hay que entender que este Hijo de Dios, "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa (¿cuál es esa cosa? La igualdad del Hijo con el Padre) a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo". ¿Se despojó de qué? de esa igualdad. No estimó el ser igual a Dios, sino que se despojó. No dejó de ser Dios, pero asumió su condición de hombre. No era siervo, pero tomó forma de siervo, y fue hecho semejante a los hombres, y se hizo un poco menor que los ángeles, en cuerpo y en forma, no de gloria. Al asumir la naturaleza humana, asumió las condiciones humanas, incluso las pruebas, mas no los pecados.


Él no pecó, no hubo pecado en Él, pero la Biblia dice que nosotros también somos de Jesucristo. Cristo padeció en debilidad (2 Cor. 13:4,5). La Biblia dice que padeció en debilidad, no en pecado; es decir, eso es la condición de inferioridad de la naturaleza humana, frente a la más poderosa condición de los ángeles; no destino, pero condición angelical. La condición angelical es más fuerte que en los hombres, mientras todavía estamos aquí. Después será diferente, pues no sujetó a los ángeles el mundo venidero, sino al Hijo, y a Su esposa. Y estos ángeles poderosos, mayores que los hombres en fuerza y en potencia, mientras tanto son constituidos por Dios servidores de los que serán herederos de salud. Esto es necesario saberlo muy bien. Ahora leemos en 6:1: "En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo". Ahora, nadie puede ver al Padre, pero el misterio eterno, que establece Él, lo hará conocer.  De modo que, ¿a quién estaba viendo Isaías? ¿A quién Isaías está llamando Señor? Porque nadie puede ver al Padre, y la Biblia dice del Padre que es Dios invisible; pero del Hijo dice: que Él es la imagen del Dios invisible. El Hijo es la imagen del Padre; el Padre ahí es revelado, conocido a través del Hijo. Ninguno puede venir al Padre, sino por el Hijo; y también el Padre no viene a los hombres sino por el Hijo.


La esencia divina

Entonces cuando dice: "Vi yo al Señor" se refiere al Hijo. No lo estoy diciendo relativamente yo; esto fue lo que dijo Juan en el capítulo 12 de su Evangelio. Él se refirió a este capítulo de Isaías, y dice que se refería a Jesús. Eso lo dice el Espíritu Santo, por mano del apóstol Juan, el último de los sobrevivientes de los doce apóstoles del Cordero en la tierra; y es prácticamente su último escrito, que es el evangelio; porque él primero escribió el Apocalipsis.

Dice Isaías: "Vi yo al Señor". Siempre que alguno veía al Señor, eso era una aparición teofánica. Teofanía quiere decir manifestación o aparición de Dios. Viene de Teo, Dios, y fanos, que es manifestación.

Epifanía significa aparición en lo alto o aparecimiento o manifestación, pero aquí no es epifanía, solamente aparecer en lo alto; aquí es teofanía. Cuando leemos en la Biblia que Dios se apareció, que Dios hablaba cara a cara con Moisés, no es que se contradiga. La Biblia dice que a Dios nadie le ha visto jamás, y al mismo tiempo dice que habló cara a cara con Moisés, y que habló con Job desde un torbellino, y prácticamente Jacob luchó con Dios y venció, y Agar dice que vio a Dios cara a cara y dijo: Ahora voy a morir. Entonces ¿al fin que? Es por eso que tenemos que ver que la divinidad es una sola en esencia.

Subsiste en tres personas, y que la primera persona se caracteriza por ser el Padre invisible. En cambio la segunda persona es la imagen del Dios invisible. Con relación al Padre, dice: "A Dios nadie vio jamás; el unigénito Hijo (o el unigénito Dios, como dicen los manuscritos más antiguos), que está en el seno del Padre (o sea el Hijo), él le ha dado a conocer" (Juan 1:18). El Hijo da a conocer al Padre; entonces ese concepto del Hijo como la imagen de Dios es lo distintivo de Su persona, no de su esencia. La esencia del Hijo es la misma que la del Padre, porque si no, no podría llamársele Dios.


¿Por qué aun en el concilio de Nicea tuvieron que darle razón a Atanasio de Alejandría y confesar la consubstancialidad del Padre y el Hijo, que el Hijo tiene la misma substancia del Padre? Porque la Biblia confiesa que hay un solo Dios, y confiesa del Hijo ser Dios también con el Padre. Entonces es en la esencia que el Hijo es Dios. Si no se le llamara Dios podíamos decir que no son consustanciales, que la esencia del Padre es una, la divina, y que sólo a Él se le podría llamar Dios, y que la del Hijo es otra esencia; pero entonces no se le podría llamar Dios, porque ¿cuál es el significado de esencia? ¿Qué es una esencia? Le vamos a poner atención. Una esencia es aquello fundamental que determina las características de un ser, lo que le da su categoría. Voy a repetir: Una esencia es aquello fundamental que determina las características distintivas propias de un ser; lo que le da su característica.


Todas las cosas que existen son seres. Una mosca es un ser, y un ángel es un ser; pero no son dos seres iguales; se diferencian esos seres, se distinguen porque su esencia los ha hecho diferentes, les ha dado una categoría diferente. Entonces la esencia es lo que hace que algo sea eso; por eso se llama esencia, pues le hace ser al ser lo que es. Entonces, cuando Dios dice: YO SOY, Él está confesando que es un ser, pero no como cualquier ser; sino que tiene una esencia diferente a los demás seres. Nosotros, dice la Escritura, somos en Él; pero Él es en Sí. Su esencia, la esencia de Su ser es diferente a la esencia de nuestro ser. Todas las criaturas tienen un ser, pero el ser de las criaturas es contingente, es dependiente; depende del ser de Dios; en cambio el ser de Dios, no depende de otro ser. El ser de Dios es en Sí mismo, es de Sí mismo, es por Sí mismo, tiene vida en Sí mismo, y el Padre ha dado al Hijo el tener vida en Sí mismo. Y este Dios que tiene vida en Sí mismo, ES ESPÍRITU. Tienen la misma esencia divina, la misma esencia del Padre, del Hijo y del Espíritu; de no ser así, ningún versículo podría llamar Dios a Jesús. Pero, hermanos, Pablo lo dijo, Pedro lo dijo, Juan lo dijo, Tomás lo dijo, Jeremías lo dijo, Dios el Padre se lo dijo al Hijo: Tu trono, oh Dios, desde el siglo hasta el siglo.


En Hebreos es Dios el que reconoce la divinidad del Hijo. Vamos a leer eso en Hebreos l. Por favor, estos pasajes grábenlos en su corazón, léanlos, mastíquenlos, digiéranlos. Hebreos 1:5, dice así: "Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás (y comienza a citar, lo que Dios dijo al Hijo; pero a cuál de los ángeles Dios le dijo ésto que le dijo al Hijo? ¿Qué le dijo Dios el Padre al Hijo? Le dijo así): Mi Hijo eres tú?"; o sea que ahí está confesando la existencia del Hijo; el Padre está confesando la existencia personal, es decir, la persona del Hijo. Por eso es que, hermanos, pongan atención a esto:


El unicismo o la herejía sabelianista o la de los "sólo Jesús", o de la iglesia Pentecostal Unida, es un error del espíritu del anticristo, porque San Juan dijo: ¿Quién es anticristo? El que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre. ¿Qué es negar al Hijo? Es como decir: No, no hay tal Hijo; no, no hay una perdona divina distinta de la primera persona divina del Padre. Eso es lo que dicen los unicistas. No, solamente está la persona del Padre, y el Padre entonces se metió en un cuerpo humano, y a eso es a lo que llaman Hijo; pero Dios no dice eso del Hijo. Dios dice al Hijo : YO, ese es el Padre; o primera persona, te engendré hoy. Ese "te" es a la segunda persona. A la persona del Hijo, el Padre le dice: "Tú eres mi Hijo, Yo te engendré hoy." Entonces leamos con cuidado ese versículo de Hebreos: Mi Hijo eres tú. Hermanos, ahí está muy clara la distinción de personas. Mi, dice el Padre. Solamente una persona puede decir mi y yo. De manera, pues, que tenemos que confesar que el Padre es una persona, porque Él dice: Yo, y dice mi.


Ahora, el Hijo es una segunda persona, porque este Yo, le dice: Tú, mi Hijo eres tú; y también el Hijo dice: "Padre, glorificame tú para contigo, con aquella gloria que yo, (porque en griego no se puede comer uno el pronombre) tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:5). De modo, pues, que no le está hablando a un hombre solamente, porque Jesús en cuanto hombre empezó a asumir la naturaleza humana viniendo de la virgen María; pero aquí le está hablando como persona interlocutora de la persona del Padre, antes de que existiera el mundo. "Padre, glorificame tú, al lado tuyo, con aquella gloria que yo tuve contigo antes que el mundo fuese".

Estamos confesando la divinidad del Hijo, la eternidad del Hijo, la personalidad del Hijo distinta a la del Padre; en persona es distinto, mas no en esencia.


Cristo, el Hijo de Dios

Sigamos en Hebreos. Aquí es el Padre el que está hablándole al Hijo: ¿A qué ángel Dios le dijo esto? Dice aquí el autor de esta epístola, que es el Espíritu Santo. Claro, puede haber sido por mano de Lucas o de Pablo. Bueno, es anónimo, pero humanamente, no anónima en lo divino. Dice: "Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy"; y dice: "y otra vez". ¿Eso qué quiere decir? Eso quiere decir que no sólo en aquella vez el Padre habló del Hijo, sino que otra vez también el Padre habló del Hijo. ¿Y qué dice? "Yo seré a él Padre, y él me será Hijo". Y otra vez, ¿quién? ¿por qué viene citando las veces en que el Padre ha confesado cosas del Hijo, que de ningún ángel puede decirlas? Lo que está diciendo el Espíritu Santo a través del escrito de la carta a los Hebreos, es que el Hijo no es solamente un ángel, porque dice: ¿A cuál de los ángeles Dios dijo esto? Ahora cree usted que esto fue que se le ocurrió al autor de la epístola a los Hebreos? ¿No sería que él se acordaba, y todos ellos (los apóstoles) se acordaban cuando el Señor Jesús allá les preguntó de quién es Hijo el Cristo? De David.

Entonces, ¿cómo David le llama Señor? Porque David dice: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies" (Hechos 2:34). Eso es una cosa seria. ¿Cómo, pues es su Hijo, si David mismo lo llama Señor? Dijo el Señor a mi Señor. Y está usando la misma palabra Señor para el que dijo y para el que se dijo. Y no dice siéntate a mis pies sino a mi diestra. De manera, pues, que el cristianismo bíblico tiene razones para seguir escandalizando a los judíos, a los musulmanes y al mundo. No podemos dejar de decir esto, porque esto lo dice el Padre. El Padre está confesando al Hijo como una segunda persona divina.


Seguimos en Hebreos 1:6: "Y otra vez, cuando introduce al Primogénito (quién introduce? El Padre, porque el que venía hablando es el Padre) en el mundo (cuando Su Verbo es encarnado en la tierra, ¿saben qué dice el Padre?), dice: Adórenle todos los ángeles de Dios".

 Adórenle. Ahora Jesús sí recibió adoración; y Él dijo: El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió. No es que el cristianismo deificó a Jesús, no. No necesitamos deificarlo. Él es Dios con el Padre y el Espíritu desde la eternidad. Dios introdujo al primogénito en el mundo. "7Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego". Aquí está haciendo la comparación entre el Hijo y los ángeles para mostrar la superioridad del Hijo frente a los ángeles. "8Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el sigo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino". ¿Quién dice esto? Dios lo dice. ¿Qué dice? Tu trono, oh Dios.


Ahora no sólo confesó la persona, sino que confesó la divinidad de esa segunda persona. "Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo". Esto es una manera semítica de decir de eternidad a eternidad. "9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con el óleo de alegría más que a tus compañeros". El Dios que le unge, ese Dios tuyo, ese es el Padre; es decir, el Hijo tiene a Su Padre como Dios, porque es Dios; pero el Padre también tiene al Hijo como Dios. El Padre reconoce la divinidad del Hijo y el Hijo reconoce la divinidad del Padre. ¡Aleluya!


Hermanos, no fue a algunos de los apóstoles que se le ocurrió; no. Es el Padre que le dice Dios al Hijo, y es el Hijo el que le dice Dios al Padre. ¿A qué otro tribunal vamos a apelar? No hay otra instancia.

Tenemos que decir del Hijo lo que el Padre dice. Tenemos que decir del Padre lo que el Hijo dice. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y al Padre no conoce alguno sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quiera revelar. El Padre revela quién es el Hijo. Jesús le dijo a Pedro: "No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mt. 16:17). Y también el Hijo revela quién es el Padre. El Padre es el que habla del Hijo y el Hijo es el que habla del Padre.


Cristo y la Trinidad

El Espíritu Santo habla en el nombre del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo le enseña a la Iglesia todo acerca del Hijo, pero resulta que todo lo que es del Hijo, es del Padre. El Señor Jesús dice: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad... él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16:13,14). Es decir, nadie tendrá de mí una opinioncita así como la de los judíos o como la de los musulmanes o algunas de esas sectas con el espíritu del anticristo. "Él me glorificará". ¿Por qué? Porque tomará de lo mío. Dios lo hará saber; el Espíritu Santo lo hará saber. "Todo lo que tiene el Padre es mío", dice el Señor.

Hermanos, estamos ante la confesión divina; ni siquiera la de Pedro, ni siquiera la de Pablo, no. Estamos ante la confesión de Yahveh. "Yo soy el que soy". (Éx. 3:14). Luego con los judíos Jesús dijo: "56Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. 59Tomaron entonces piedras para arrojárselas" (Jn. 8:56-59). ¿Por qué tomaron piedras? Porque ellos entendían lo que estaba diciendo. "Porque tú, siendo hombre, te haces Dios". Eso no lo entendieron mal; no. Él no dijo que le entendieron mal; entendieron muy bien, pero no creyeron.

 Pero nosotros sí creemos, por la misericordia de Dios. Hermanos, no podemos, pues, empezar por otra parte. Cristo en la eternidad, según el Padre. Él dice al Hijo: Tu trono, oh Dios. Porque si Él es la imagen del Padre, es igual a Él; y si Él es Dios, Su Hijo, el Verbo que está con el Padre, es Dios. Por eso dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Jn. 1:1). Ahí está la distinción de personas: El Hijo con el Padre, el Verbo con Dios, pero el Verbo era Dios. Ahí está la identidad de esencia. Distinción de personas, mas no de esencia. Por eso distingamos, ¿qué es esencia y qué es persona? ¿Por qué se dice que es una misma esencia y tres personas distintas, pero no distintas en esencia sino en persona? Ya hemos entendido lo que significa la palabra esencia.


Esencia es aquello fundamental que hace que algo sea lo que es; es decir, lo que determina la categoría del ser. La Divinidad tiene Su ser con las características tales que la diferencian del ser de todas las demás criaturas. Las demás criaturas tienen ser, pero no como el divino. El ser de Dios es de Sí, por Sí, para Sí; tiene vida en Sí mismo.

En cambio nosotros somos en Él, gracias a Él; nosotros salimos de la nada; Él nos creó por amor y de Su voluntad por la Palabra con mediación del Hijo. El Padre nos creó junto con el Hijo y en el Hijo. Es clara la confesión de la Biblia; esto no era cosa sólo de Atanasio el diácono de Alejandría, ni del Concilio de Nicea. Algunos repiten, diciendo: No, fue que la Iglesia se desvió desde el Concilio de Nicea.

Sí, en otras cosas sí, pero no en estas. Esto ya había sido confesado antes del Concilio de Nicea. Que en el Concilio de Nicea tuvo que levantarse el diácono Atanasio y defender eso de los arrianos, es una cosa; pero no es justo decir que la doctrina de la Trinidad de Dios comenzó como una desviación en el Concilio de Nicea; esa es una herejía. Decir que la Iglesia antes del Concilio de Nicea no decía que Jesús era Dios, es mentira. Incluso antes de venir Cristo, los profetas por el Espíritu decían quién iba a ser el Mesías; por eso hasta el rabino tuvo que decirlo, y por eso el Hijo no vino sino después del Antiguo Testamento para que lo entendieran bien. Por eso Dios preparó el Antiguo Testamento para cuando ya estuviera la humanidad preparada como para entender el asunto; pues de lo contrario, ¿qué credenciales iba a presentar el Hijo?


El Hijo hablaba de lo que la Palabra decía de Él, lo que de Él declaraba la Escritura. Cuando resucitó se le apareció a los apóstoles y les abrió la Escritura comenzando por Moisés y por los profetas y por los salmos; es decir, las tres divisiones del Antiguo Testamento: La Torah, los Nebiim, los Quetubim, mostrándoles en todas las Escrituras lo que de Él decían; es decir, que de Jesús, así está escrito y así era necesario que aconteciera. San Pablo mismo tampoco se inventó nada. Hoy los judíos que rechazan a Cristo, culpan a Pablo. Dicen que san Pablo fue el que se inventó eso. No. San Pablo dijo: "No diciendo nada fuera de las cosas que decía la Escritura que debían suceder".

Nosotros tenemos que confesar la divinidad de la esencia del Hijo consustancial con la del Padre. En ese punto, hermanos, sí tiene razón el Concilio de Nicea, porque Atanasio, que fue la voz cantante allí, se basó en lo que Dios dijo, que la Escritura decía, los apóstoles decían, los profetas decían, el Espíritu decía, el Hijo decía y el Padre decía.


Hermanos, seguramente ustedes van a escuchar en ciertos grupos que echan pestes contra el Concilio de Nicea; que la Iglesia se desvió a partir del Concilio de Nicea. Yo no les estoy diciendo que todo lo que dijo el Concilio de Nicea sea verdad. Hubo otras cosas respecto de otros temas, especialmente del tipo de gobierno patriarcal; cosas que ya pasados cuatro siglos habían pervertido las costumbres. La situación era rara. Y otros dicen que fue Constantino. Constantino convocó el Concilio y dio su discurso de inauguración y luego se quedó calladito y dejó que los hermanos discutieran. Aquí yo no les estoy leyendo de los documentos del Concilio de Nicea, sino de Isaías, de Esdras, de Jeremías, de Hebreos; es decir, de la Biblia y a la luz de la Biblia. Es que a simple juicio evaluamos el Credo a ver si estamos de acuerdo o no, y si estamos de acuerdo sabemos por qué. Nuestra fe no nació en Nicea; nuestra fe es anterior a Nicea.


Pero no, no podemos dejarnos meter esas cosas irresponsables que algunos hermanos a veces dicen: Que Constantino tal, y que el Concilio de Nicea fue el que se inventó la Trinidad. No fue el Concilio de Nicea. El Concilio de Nicea fue convocado por el emperador a raíz de que había tanta discusión, y por culpa de la religión había una amenaza de dividir el Imperio; lógicamente que el emperador tomó cartas en el asunto y dijo: Hay que poner de acuerdo a éstos. Por favor, señores obispos, vengan, reúnanse, y pónganse de acuerdo entre ustedes, pues por las peleas religiosas van ustedes a armar líos en la política y el Imperio se va a caer; así que ustedes pónganse de acuerdo. Los convocó, pues, y él mismo quedó ahí en las sesiones a ver qué decidían ellos; y muchos ahí se levantaron diciendo cosas.

Pero el Espíritu Santo tenía un diaconito por allá que se llamaba Atanasio, que conocía al Señor y a la Palabra del Señor, y aunque él no tenía voto, por no ser todavía obispo, gracias a Dios sí tenía voz; y los que tenían voto, votaron a su favor y a favor de la ortodoxia cristológica frente al arrianismo.


Esto es apenas un pedazo de lo que estamos viendo; pero vamos identificando las partes que ya vamos viendo. El mismo Dios el Padre confiesa la divinidad de Su Hijo y la distinción de Su persona. El sabelianismo, es decir, el unitarismo, también conocidos como Sólo Jesús, o la Iglesia Pentecostal Unida, que son los que representan hoy esa herejía, no confiesan al Hijo. Ellos dicen que el que existe es sólo la persona del Padre, de manera que están negando al Hijo. San Juan, en su primera carta, dice que el que niega al Hijo es anticristo. El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre. Decir que no existe la Persona divina del Hijo es contradecir al Padre, si el mismo Padre dice: mi Hijo eres tú. De manera, pues, ¿cómo vamos a decir que no existe la segunda Persona de Dios? Porque dice: "Mi Hijo eres tú, Yo (el Padre) te he engendrado hoy". Tú eres Mi hijo porque Yo te he engendrado.

Yo y Tú, Tú y Yo; primera y segunda personas. Entonces el Hijo sí es una segunda persona que está delante del Padre, con el Padre desde la eternidad.


Cristo y la eternidad

Aún no hemos terminado de ver todo lo relacionado con Cristo en la eternidad, pues eso implica varias cosas. Veamos:

La divinidad. La divinidad es el aspecto que en parte estamos viendo aquí. Pero también implica el siguiente aspecto importante.


La Persona. Estamos viendo que esencia y persona son cosas distintas. En esencia hay un sólo Dios, el Ser divino de esencia divina, cuya esencia lo distingue de todos los demás seres; de manera que esa esencia es, tiene el ser de Sí mismo, por Sí mismo, y esa esencia es perfectísima, es purísima, es omnipotente, es omnisciente, es omnipresente, es justa, es bella, es perfecta, es santa, es misericordiosa. No hay otro ser como el de Dios; pero resulta que esa divinidad se confiesa en tres Personas.


Y ahora estamos viendo la confesión acerca de la segunda Persona, y no la confesión de Pablo sólo, ni de los hombres, sino la del Padre. "¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú?" Pero en cambio del Hijo dice esto. Inclusive, si hubiéramos seguido leyendo allí en Hebreos, veríamos que el universo entero es apenas una vestidura desechable que el Señor se pone y se quita, como un vestido que se cambia. Pero podemos leerlo a continuación. "8Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. 9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros". Aquí vemos que el Padre conoce al Hijo. ¡Aleluya! Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y el Padre dice del Hijo: Has amado la justicia y aborrecido la maldad. Y dice el Hijo: Por eso me ama el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. Y dice el Padre: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" (Mt. 17:5).


Oh hermanos, el hecho de que seamos el cuerpo de Cristo no es una cosa pequeña. La Palabra dice: "Por lo cual te ungió Dios". Ese es el Padre, el Dios tuyo. Por eso el Señor Jesús dice: "Vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Jn. 20:17). Cuando Jesús resucitó habló de "mi Padre y de vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios"; es decir, que el Hijo declara Dios al Padre, y el Padre declara Dios al Hijo. Esto es algo que Dios declaró al oído de los hombres. Ningún otro hombre tiene derecho a contradecir la declaración de Dios. Así que van a tener que callárselo musulmanes, judíos, ateos, budistas, todos los que no sean cristianos.

 Esa declaración atañe a la esposa, a los cristianos, a los nacidos de Dios. Dios dijo a todos, aun a los ángeles: Adórenle todos los ángeles; y por medio de profecía ahora manda a todos los hombres, a todos, que se arrepientan, porque Él ha establecido un día en que juzgará al mundo con justicia.


Y Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos. Esa fue la credencial, esa fue la firma de Dios, la resurrección del Señor Jesús.

De no ser así no habría resucitado; sería como otro filósofo medio engañado; pero resucitó. Lo vieron, comieron con Él, y estuvieron dispuestos a morir por esa voz de Dios, y fueron decapitados, y todo con alegría. Ellos sabían lo que habían visto con sus ojos, oído con sus oídos y tocado con sus manos; y ellos lo vieron en Su gloria en el monte santo, y comieron con Él después que resucitó de entre los muertos. Hermanos amados, el Espíritu nos ha hecho llegar ese testimonio por la Iglesia, y nosotros seguimos en el mismo Espíritu, con la misma Palabra, y siendo testigos, diciendo lo mismo, en Su vida, y es confirmado en Su Palabra como quiere. Leemos en la Palabra: "Te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros". Esto es lo hermoso. Cristo es el primogénito entre muchos hermanos. La palabra que aquí se traduce compañeros, en el griego puede traducirse también como socios, coherederos.


"10Y (nota esa y, que se corresponde con el verso 8, el que dice: Mas del Hijo dice. Entonces del Hijo dijo esto; ahora del Hijo, el Padre dice esto:) Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 11Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura". Los cielos, obra de tus manos, se envejecerán como una vestidura; es decir, la grandeza del universo es un vestido viejo para el Señor. Sí, lo que estudian los astrónomos es sastrería. "Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán"; él dice que el cielo se enrolló como un libro y no se halló lugar para los cielos y la tierra. Después hizo nuevos cielos y nueva tierra y se cambió esto.

Por eso es un absurdo lo que los satanistas están haciendo. ¿Sabes qué están haciendo? No sé si sepas esto: Ellos están promoviendo las bombas nucleares para recibir con esas bombas la segunda venida del Señor Jesús; pero no con bombos y platillos, sino con bombas neutrónicas. ¿Por qué es eso? Si el Señor hace estallar el sol, si hay una luz grande y tú prendes un fosforito, esa luz del fosforito ni se nota; por tanto, de la misma manera, éstos están engañados, muy engañados. Pero mira lo que dice en la Palabra de Dios: 11Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura. 12Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán". Nota el contexto en que se hace esta señal. Por eso dice que todas las cosas fueron hechas en Él; es decir, de pronto Él dijo: Bueno, voy a ponerme un vestido; ahora me voy a cambiar de vestido: cielo nuevo y tierra nueva. Todo fue hecho de día. Ahora, el universo es muy grande, asombra a la gente, pero es un vestido, un vestido que Él se pone y se quita; el Señor se muda de vestido.


El universo no es Él, como dicen los panteístas, no. Los cielos se en
vejecen, mas Tú eres el mismo. ¡Aleluya! La ley de la entropía no le funciona al Señor; funciona en el universo por el pecado, por juicio de Dios. La ley de la entropía hace que toda la materia se corrompa y todo se desmorone y todo vuelva, digamos, a lo más bajo. Esa es la ley de la entropía, la segunda ley de la termodinámica. Por eso es que no pueden adorar la naturaleza; por eso es que no le podemos llamar Dios al universo. Por eso la nueva era, que no es tan nueva, es idolatría y todo ese tipo de filosofías panteístas. Son las mismas mentiras del diablo; porque es que el diablo quiere hacer pasar por Dios a la criatura. Como dice la Escritura: "25Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas" (Ro. 1:25,26). Por eso aun los cielos tienen sentido de cuán grandes hechos son los de Dios, y Dios mostrará que esos cielos no son Dios; son una vestidura que Dios se cambia. Y eso dice el Padre del Hijo. El Padre dice del Hijo: "Los cielos son obras de Tus manos". Amén.

 
 

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